De música y pandemia en Zacatecas

De música y pandemia en Zacatecas
Las medicinas importadas en la ciudad de Zacatecas. 1892. Tomada de Open Edition Books. Imagen de Alicia Bazarte Martínez.

Editorial Gualdreño 457

 

 

Santa Cecilia es considerada la patrona de los músicos, fue nombrada así en 1594 por el Papa Gregorio XIII; uno de los argumentos fue que Santa Cecilia había “demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música”,[i] desde entonces, de acuerdo con la tradición católica, cada 22 de noviembre se celebra el Día del Músico.

Zacatecas tiene una tradición musical indiscutible, la música está relacionada directamente con nuestra identidad. “La Marcha Zacatecas” quizá sea la pieza musical con la que más nos identificamos e incluso está considerada como el segundo himno nacional: fue compuesta por Genaro Codina y la instrumentación musical es de Fernando Villalpando, dos de los músicos zacatecanos del siglo XIX más reconocidos.

“La Marcha Zacatecas” -originalmente llamada Marcha Aréchiga- apareció en el año de 1892, un año en que, por cierto, la ciudad enfrentaba una de las epidemias más devastadoras: la del tifo. En los siguientes años, la falta de hábitos higiénicos y la escasez de agua propiciaron que las enfermedades siguieran propagándose en la capital. En 1898, la difteria, una enfermedad respiratoria altamente contagiosa, asoló a la población y la jefatura política se vio en la necesidad de pedir a los habitantes que evitaran en lo posible las reuniones multitudinarias y la asistencia a jolgorios populares para evitar su propagación. En aquel entonces, las autoridades eran enfáticas en prohibir que las aguas corrompidas y materias “escrementicias” fueran arrojadas a la calle.[ii]

Menciono lo anterior porque en aquel entonces, tal y como sucede ahora, la población vivía momentos de incertidumbre y peligro y pese a eso, la música siempre estuvo presente en los “jolgorios populares”. De poco servían las peticiones del Supremo Gobierno del Estado a la Jefatura Política del partido para que conminara a la población a barrer las calles diariamente, a ser cuidadosa con el manejo de pieles y grasas animales, tampoco las advertencias como la de evitar, por peligrosas, “las grandes reuniones como funciones religiosas, de teatro, toros, etcétera”. Incluso llegaron a prohibirse los cortejos fúnebres y la asistencia a celebraciones religiosas dedicadas a quienes hubieran fallecido a causa del tifo.[iii] Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia, los zacatecanos tenemos una vocación por la algarabía y la fiesta que no desaparece ni en momentos como los que vivimos ahora; en lo que pasaba hace más de 100 años, en esa desobediencia y temeridad desde entonces registrada, podemos tal vez encontrar la explicación de por qué ahora nos cuesta tanto trabajo -estoy generalizando- quedarnos en casa.

Volviendo al tema del Día del Músico, comparto con ustedes otro dato: a principios del siglo XX, los zacatecanos organizaban bailes a la menor provocación en las plazuelas públicas y en domicilios particulares -además de los del Teatro Fernando Calderón-. Por alguna razón que desconozco, la temporada de bailes iniciaba en febrero y duraba prácticamente todo el año, de ello dan cuenta los permisos que se otorgaban a diferentes personas para realizarlos; en 1903, por ejemplo, solo durante el mes de febrero se otorgaron ciento cuarenta permisos para bailes y para tener música en casas y cantinas; ya se imaginará entonces el número de agrupaciones musicales que estaban en activo en ese momento. Esa información fue encontrada en el Archivo Municipal de Zacatecas, en la sección de la Junta Patriótica y más datos como este los puede encontrar en Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas. Por lo pronto, felicitamos a todos los músicos de Zacatecas por su día; si bien este año no se pudo celebrar como en los anteriores, confiemos en que todo esto pase pronto para poder volver a encontrarnos en un concierto, una serenata, una callejoneada o en un baile.

Que disfrute su lectura.

 

 

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[i] Ver: “¿Por qué es Santa Cecilia Patrona de la música y de los músicos?”, en: https://www.todalamusica.es/por-que-es-sta-cecilia-patrona-de-la-musica-y-de-los-musicos/

[ii] Estrada Lazarín, Jánea, Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas, Secretaría de Cultura-Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, Zacatecas, 2020, p.47.

[iii] Ibídem, pp. 43-44.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_457

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