No habrá otro “ni hau”

No habrá otro “ni hau”
Emilio Carrasco en el Centro de la Gráfica de Zacatecas. Foto de Alejandra Celis Almanza.

La Gualdra 454 / Emilio Carrasco. In memoriam

 

 

Recién ingresaba al Taller Julio Ruelas ubicado en la calle Rayón, a un lado del Acueducto, poco conocía de técnicas y de artistas, era 1992 y una tarde llegó al taller Emilio Carrasco, yo lo ubicaba, pero no había cruzado palabras con él; subió al segundo piso en donde yo estaba y con una gran sonrisa me saludó, me preguntó si podía ayudarlo a imprimir un pequeño grabado en linóleo que llevaba, le dije que sí y ahí nació nuestra amistad, nuestras colaboraciones, nuestra relación de alumno-maestro, de compañeros, de cómplices, se hizo noche y llegó Jovita, seguimos charlando los tres; esa noche nos regaló la primera obra que tenemos de él.

Lo admiraba, lo quería, lo respetaba, era para mí, como para muchos zacatecanos, un padre en el arte; a él acudía por algún consejo o simplemente para platicar, es decir, para escucharlo, aprender de sus ricas charlas o monólogos; frecuentemente nos pedíamos papel, tintas, materiales de grabado, yo le prestaba, él me prestaba, seguro que varias veces no le pagué y no me pagó, pero ni hacía falta ni pasaba nada. Me decía maestro, le decía maestro, nos daba gusto estar juntos, imprimir por horas y horas sus ediciones, las mías.

Como amigos compartimos la cercanía de las familias, de nuestros hijos, de sus primeros pasos hasta la graduación de sus diversos grados escolares, de sus problemas y sueños; decía que Fer, mi hijo, estaba loco, pero de una locura creativa, siempre le ponía atención a sus inventos y lo retroalimentaba; apapachaba a mi hija Aura como un tío-abuelo, le mostraba lo que quisiera ver de su enorme colección de objetos.

Emilio siempre nos apoyó, cuando abrimos en Ojocaliente el Taller de Pintura y Grabado Ismael Guardado con nuestras mañanas de trabajo, en los proyectos de homenaje, en todos los encuentros, convocatorias y cuando creamos el Centro de la Gráfica de Zacatecas; por supuesto fue uno de los primeros en saber del proyecto, de nuestros sueños con este espacio, estaba muy feliz por nosotros.

Con el paso de los años nos fuimos acercando más espiritualmente y menos físicamente, el trabajo nos absorbía y Emilio fue enfermando más y más, poco lo frecuentábamos para no molestarlo, pero estábamos presentes con una llamada; en los últimos años, me invitaba a tomar café en su nuevo taller, a seguir platicando de sus logros en China, de sus próximas exposiciones, de sus proyectos, me mostraba sus dibujos, grabados y pinturas y esperaba mi opinión, yo enmudecía: ¿qué le podía decir a este monumental artista?

Esperábamos el próximo año, planeábamos hacer una exposición juntos, 20 dibujos cada uno, el tema era animales o seres fantásticos (estábamos en eso).

El viernes 30 Emilio dejó de estar físicamente con nosotros. Me duele mucho, ya no lo podré ver, no escucharé su voz en mi teléfono diciéndome “ni hau”, y, sin embargo, estoy tranquilo por él, porque vivió como quiso, sin ataduras ni convencionalismos y sobretodo, haciendo lo que amaba hacer. Mi cariño y solidaridad con Lina y sus hijos.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_20gualdra_20454

 

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