Venganza

Venganza

La Gualdra 452 / Río de palabras

 

 

Mis miembros superiores se entumecieron. La taza que sostenía mi mano rodó por el suelo y el café cayó sobre mis piernas. Mi cerebro esperaba la señal del dolor que me hiciera emitir un lamento; pero no sucedió ningún dolor, ninguna sensación. Fue entonces cuando me percaté que también mis miembros inferiores estaban atrofiados. Salir, correr, tomar el teléfono para pedir ayuda, imposible. Tuve que esperar, pedir a Dios, al universo, a una fuerza superior que viniera y me salvara. Así duré mucho rato, el olfato, el gusto, el oído y la vista se me agudizaron, pero no el tacto. De la desesperación me quedé dormido. Me despertó un ácido olor a orina. Sin sensibilidad no podía controlar las funciones más elementales de mi cuerpo. Un sentimiento de indefensión me empezó a inundar. No sé si lloré, creo que sí, porque mi boca registró un sabor salado. Empecé a pensar cuál sería la causa de mis padecimientos, qué hice o dejé de hacer para encontrarme ahora así. Repasé con mi memoria todas las situaciones que pudieran haberme conducido a este estado, sin embargo, nada me pareció relevante para que pudiera serlo. Estaba a punto de darme por vencido cuando recordé el brillo de malicia en esa bella mirada, las palabras dulces y, a la vez, amargas que salían de su boca. De repente mis brazos recuperan el movimiento, comienzo a sentir todas las partes del cuerpo, mis piernas se desentumen y salgo corriendo a buscar venganza.

 

 

 

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