27 años de Maestro

27 años de Maestro

Con agradecimiento al
Dr. José Antonio Valenzuela Ríos,
por motivar mi incursión en la UAZ

Gracias al gran arquitecto del universo que me predestinó para ser maestro, profesión que con orgullo confecciono día con día desde hace 27 años que se cumplen hoy. Tengo la encomienda de responder a las aspiraciones educativas de los jóvenes, sin los cuales, no existirían maestros, ni universidades ni demás instituciones académicas. Con motivo de la pandemia, ahora es muy difícil ver solo sus caras a través de la computadora y cuando no sirven sus cámaras, solo rueditas con letras o alguna foto. Es muy triste celebrar mi vida académica a la distancia, sin sus abrazos y muestras de afecto que me llenan espiritualmente y motivan a seguir compartiendo mis experiencias y críticas por el tiempo que pueda hacerlo. Estoy convencido de que ser maestro implica mucho más que un simple trabajo, es inspirar todos los días a los jóvenes en el apasionante mundo del conocimiento jurídico con la finalidad de que sean libres, reflexivos y coherentes con su realidad; pienso en ellos como verdaderos promotores de la libertad en sus comunidades y pueblos, algunos de ellos, presas de caciques y líderes falsos que los conducen al precipicio, al caos. Soy maestro, de aquellos que tienen la firme convicción de formar tamadores de decisiones sensibles, inteligentes y respetuosos de los derechos humanos, tolerantes ante la diversidad y férreos enemigos de las grandes desigualdades sociales que malsanos gobiernos nos han heredado. Yo como maestro, amenazo a mis alumnos con acudir a sus despachos de gobernador, diputado, senador o presidente, y recriminarles en su cara si se convierten en los mismos corruptos que conducen al pueblo a la desgracia y a los cuales criticamos duramente en clase. Nací Maestro, porque la transformación pacífica de nuestra sociedad tiene como base la educación, la honestidad, la ética, el sentido de la responsabilidad y el respeto. En mi clase, los alumnos saben de lo inconmensurablemente ricos que somos como Nación y, reflexionamos sobre la maldición que ha representado tener abundancia de petróleo, oro, plata y casi todas las especies de animales y vegetales que habitan en el planeta, pues los pésimos gobiernos que hemos tenido, han preferido regalar a los extranjeros la riqueza que nos es común y a los mexicanos les niegan una justa distribución de ella. Promuevo en mis clases la certeza de que en los jóvenes está el cambio estructural que demanda México, por ello, es importante que se alejen de las drogas, el alcohol, las malas compañías y la nefasta ideología que hace de los villanos unos héroes. Analizamos a la clase política y sus partidos, y de tarea, les encargo pensar en una nueva forma que supere la democracia, pues está visto que no responde a las necesidades de progreso y desarrollo sustentable de las presentes y futuras generaciones; la democracia según coincidimos, da legitimidad al sistema monárquico que controla entre otras cosas, a la Administración Pública Federal integrada en su mayoría por reyes y princesas que se creen dueños de nuestras vidas, nuestros destinos y nuestra riqueza. Soy un Maestro laico en cumplimiento al artículo 3º de la Constitución Federal pero hablamos de dioses como Quetzalcóatl, Ganesh, Buda, Jesús y, renunciamos a los dogmas y demás matices de domesticación que nos quiere imponer la religión católica; preferimos predicar con el ejemplo el amor al prójimo, por lo que me llevo a mis alumnos a viajes de prácticas que nos conducen a las comunidades más pobres de Zacatecas, donde no hay agua, ni oportunidades reales de estudio y trabajo para muchos cientos de jóvenes que desperdician su energía mirando pasar la vida entre las polvorientas calles de sus poblados. Fomento como Maestro, el valor de la solidaridad humana así que emprendemos jornadas de apoyo permanente a dichas comunidades y, mis alumnos, reúnen ropa, despensas, agua, medicinas y juguetes a los olvidados del poder, así, conocen la triste realidad de muchos zacatecanos que esperan un cambio de fondo que mejore su calidad de vida. Incito a mis alumnos a incursionar en las ramas del derecho que aún no están exploradas por los nuevos juristas, tal es el caso del Derecho Ambiental e Indígena, donde tenemos que promover la justicia para la naturaleza y nuestros hermanos indígenas que históricamente se encuentran en el sótano del desarrollo de nuestro país. Estoy seguro, de que varios de mis estudiantes habrán de superarme, lo cual me hará sentir un profundo orgullo pues será el mejor indicativo de que he cumplido la meta. ■

*Docente-investigador de la Unidad
Académica de Derecho de la UAZ
[email protected]

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