Fisuras en la realidad: Magdiel Torres Magaña

Fisuras en la realidad: Magdiel Torres Magaña
Magdiel Torres Magaña

La Gualdra 450 / Entrevistas / Poesía

 

 

Magdiel Torres Magaña (Tepalcatepec, Michoacán, 1982). Es Licenciado en Letras Hispánicas, Maestro en Historia de México por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y aspirante a doctor en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado los libros: Los días con el otro (Secretaría de Cultura de Michoacán, 2011), ¿Tiene usted la Biblia en casa? (SECUM, 2015), y Una tumba para el Santa Elizabeth (Instituto Veracruzano de Cultura, 2019). Ha sido ganador del Premio Michoacán de Poesía “Carlos Eduardo Turón” y del Premio Michoacán de Narrativa “Xavier Vargas Pardo”. Su obra se ha publicado en las antologías Turbulencias dosmilonce (Ficticia, 2012), El viaje y sus rituales (SECUM, 2016), Territorio ficción. Antología de cuento joven (SEP, 2017), San Diego Poetry Annual 2017-18 (San Diego Entertaiment+Arts, 2018) y en diversos medios nacionales y del extranjero. La obra de Magdiel Torres Magaña cruza distintos géneros literarios y difumina de forma interesante las barreras establecidas entre ellos, lo que posibilita en su obra una lectura híbrida y flexible, a la vez que vincula su prosa y sus poemas a la condición oscilante de la vida y de las personas. Torres Magaña es un escritor michocano que se suma con talento a la tradición literaria de occidente en nuestro país.

 

Armando Salgado: ¿Qué representa para ti haber crecido en Michoacán?, ¿qué referentes literarios de la entidad consideras base en tu formación como escritor?

Magdiel Torres Magaña: Nací en Tepalcatepec, Michoacán, en 1982, pero nunca viví ahí. Mis padres vivían en una ranchería aledaña. Mi madre fue a parir al hospital del Seguro Social de Tepalcatepec. Antes, mis hermanos habían nacido con una partera. Al poco tiempo mis padres abandonaron la ranchería para irse a vivir a la Ciudad de México. Pero en realidad nunca nos fuimos. Volvíamos cada periodo vacacional y siempre hablábamos de allá como si perteneciéramos ahí. En parte así fue. Aún hoy tengo familiares y amigos allá, no solo en Tepalcatepec, sino en la Tierra Caliente. Ya no voy tanto como quisiera. Siempre será un lugar identificado con mi infancia, con mis orígenes. Mis abuelos, mis bisabuelos, mis ancestros. Es un lugar mitificado. El lugar está cargado de magia para mí y mis hermanos. Ahora no vivo en Michoacán muy a mi pesar. Pero vuelvo cada vez que puedo. No puedo decir que conozco el estado muy bien, pero por diferentes circunstancias viví en otras ciudades y lo recorrí mucho. Me siento muy identificado con lugares como Uruapan y Morelia en donde viví por largo tiempo.

En tanto a los referentes literarios tendría que mencionar a mi maestra Frida Lara Klahr. La recuerdo con cariño porque al final de su vida visitaba mucho su casa y su biblioteca. Frida representó para mí una especie de alegoría de la poesía. Fue mi maestra en sentido estricto cuando me enseñaba poesía, es decir, a autores y corrientes. Pero fue mi maestra de un modo más profundo. Yo tenía por entonces un libro atorado. No sabía que se trataba de un libro, pero hablaba con ella de él todo el tiempo, no como libro, sino como inquietud. Hablábamos de eso seguido. Me aconsejaba lecturas y me dejaba solo a veces para que leyera. Pero yo buscaba ante todo su compañía, me reconfortaba. Estaba enferma y se despidió. Ahora que lo cuento me parece que no le hago justicia a lo que verdaderamente representó para mí. No puedo narrar esas tardes como yo quisiera. Publiqué el mismo año en que ella falleció, meses después.

AS: ¿Cómo vincularías el periodismo con la creación literaria?, ¿qué otros aspectos se deben considerar al escribir cualquier género, más si cruzas de uno a otro?

MTM: Durante mucho tiempo trabajé en medios impresos, pero en realidad hice muy poco periodismo. De lo poco que sé de ese terreno y, por supuesto, desde mi experiencia, me atrevería a decir que la faceta de editor es importante en los dos campos. Yo creo que en esa figura hay una correspondencia entre el periodismo y la escritura creativa. Más si se trata de llegar a un resultado tangible como un periódico o publicación periódica o un libro o texto genéricamente determinado; es decir, un cuento, una novela, un poema o similar. El editor en un medio impreso selecciona la información, decide qué se publica y cómo se publica. Selecciona elementos heterogéneos y los organiza en torno a una idea homogénea. Crea un mensaje. Corta, agrega, pule.

En el escritor hay un editor intrínseco. Una vez con el texto afuera, como una cosa tangible, también debe seleccionar y discriminar elementos en torno a una idea. He dicho que el escritor lo hace una vez que el texto está afuera, pero puede que no sea así precisamente. Muchas veces el editor está trabajando en las sombras, pensando ya en ese objeto que será el cuento, la novela, el poema o el libro. Me gusta pensar que en esa figura se vinculan ambos ejercicios, el de la literatura y el del periodismo. Es una figura creativa y, además, se distancia un poco de la idea romántica que tenemos tanto del poeta como del periodista. Es un poco más como un obrero o un artesano.

En tanto a los aspectos me parece que hay una literatura más o menos reciente en la que reina una especie de democratización de los elementos que constituyen un texto literario. Es decir, ya no se privilegia un elemento en detrimento de otros. Si una coma está mal puesta, por ejemplo, toda la importancia radica en esa coma; es tan importante como la densidad psicológica de los personajes o la trama misma, pero si la coma está bien puesta, pasa inadvertida. Nos saltamos la coma aunque la leamos con pulcritud.

Estoy exagerando porque quiero evidenciar un punto: obviar lo común nos lleva a una lectura lineal. No estoy hablando solamente de torcer las reglas. Tampoco quiero hacer una apología de ciertas vanguardias. Quiero decir que en el ejercicio de crear, los géneros son andamiajes seguros y necesarios, pero siempre tienen una tabla rota, una fisura en donde puede irse el pie o venirse abajo la estructura. A mi entender es ahí, en esas fracturas, en donde se dan los saltos. Si se quiere contribuir en un género (como el de poesía, por ejemplo) hay que dar con esa fisura para hacerla más ancha y que entre el pie y el cuerpo y todo.

 

AS: A nueve años de tu primer poemario Los días con el otro, aparece tu poemario Una tumba para el Santa Elizabeth; ¿qué diferencias hay en ambos?, cómo los vinculas con tu libro de cuentos ¿Tiene usted la Biblia en casa?

MTM: Una diferencia significativa es que Una tumba para el Santa Elizabeth es un libro de poesía y no propiamente un poemario. A mitad de ambos libros está ¿Tiene usted la biblia en casa? Los tres libros han salido a través de convocatorias y en el caso de los dos últimos me he valido de la amplitud de las convocatorias en tanto a género. Es decir, que no fueron convocatorias muy ceñidas a un género en específico. En caso de Una tumba para el Santa Elizabeth se convocaba a libros de literatura, sin especificar el género. En el del Xavier Vargas Pardo se convocaba un libro de narrativa, lo que incluía novela, cuento, relato, viñetas… etcétera. En ¿Tiene usted la Biblia en casa? hay algunos cuentos, pero la mitad de los textos ahí son viñetas. Creo que, ¿Tiene usted la Biblia en casa?, no hubiera sido tomado en cuenta en una convocatoria de cuentos; ni Una tumba para el Santa Elizabeth, en una de poesía. O quizá sí.

Para mí Una tumba para el Santa Elizabeth sí es un libro de poesía. Quizá, respondiendo tu pregunta, es el vínculo con Los días con el otro, el que lo hace un libro de poesía. Hay un verso en Los días con el otro que funciona como una especie de título de un capítulo en el libro: “La soledad es un barco oscuro lleno de polizontes”. Una tumba para el Santa Elizabeth es el intento fallido de habitar ese verso.

 

AS: ¿Consideras importante leer la obra de Mario Levrero?, ¿qué aproximaciones distingues entre la literatura uruguaya y la mexicana?

MTM: Mario Levrero es un personaje literario fascinante en muchos sentidos. Más allá de los aspectos técnicos, estéticos o de recepción de su obra me he encontrado con dos posturas. Una de ellas, más vinculada con la académica y que yo comparto es que Mario Levrero es uno de los imprescindibles de la literatura uruguaya y del cono sur como Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti. Sin embargo, hay otro grupo de lectores que, sin dejar de reconocer la valía de Levrero, no lo colocan aún en ese escalafón. Onetti y Felisberto siguen estando, a su consideración, muy por encima de Levrero. Ahí va esa discusión y es muy divertida.

En tanto a la segunda pregunta, a pesar de la industria editorial o quizá, debido a esta, hay muchos autores uruguayos de valía que no llegan a México o llegan a cuenta gotas. Y viceversa. De cualquier modo, me parece que entre los mexicanos hay una enorme admiración por lo que hacen los autores uruguayos.

 

AS: Ante la pandemia actual, ¿qué retos tiene la literatura?, ¿hay un aliento distópico en todo esto?, ¿qué obras literarias consideras vigentes en el panorama actual?

MTM: Sí hay un aliento distópico en todo esto. No sé qué retos tenga la literatura. Yo creo que de compromiso. Como empleado de una gaceta tuve la oportunidad de entrevistar a una autora de novela histórica. Le pregunté sobre cuál era el papel de la novela histórica ante discursos como el revisionismo o la postverdad. Me dijo que la novela histórica era ficción y que no se colocaba en ese terreno. Me dijo que la novela era entretenimiento, una posibilidad de viajar hacia otras épocas y situaciones que la historia como ciencia y conocimiento no te lo permite. Me decepcionó la respuesta. Más que decepcionarme me hizo sentir muy triste. Quizá no haya esperanza y la literatura solo sea un pasón. Yo quiero creer que no. Que hay que comprometerse aunque se corra el peligro de escribir panfletos. Es más, extraño sinceramente los panfletos. Tan bien escritos, con tanta pasión inútil diciendo que un mundo mejor era posible.

En tanto a lo actual, creo que hay lecturas que saltan a la vista, como 1984, de Orwell. 1984 se explicó hace años a la luz de los totalitarismos. Hoy el capitalismo la explica mucho mejor. La sofisticación de la revolución industrial en Inglaterra no propició la lucha proletaria, como pensaba Marx, pero sí creó la obra que ahora mejor explica al capitalismo que devino de esos procesos industriales: 1984.

 

AS: ¿Qué actividades que suelas disfrutar realizas cotidianamente?

MTM: Abrazar a mi hijo.

 

*
Meto la mano
al pantalón sobre la cama,
saco la cartera
del pantalón sobre la cama,
saco el reloj,
el celular,
la navaja
del pantalón sobre la cama
y los colocó en el sitio exacto
de mi cuerpo.
Y sin embargo, algo me dejé
en el pantalón sobre la cama
hoy que partí al trabajo.
No hay duda,
sigo siendo un mal ladrón
de mí mismo.

**
Los días con el otro
son el desierto y el mar,
el destierro.
Una parvada de días negros,
la tormenta que amenaza
con hundir la flota del alma.
La tempestad que Caín soporta
en algún páramo olvidado de la tierra.
Algo raro está pasando
¿Qué terribles pájaros anuncian este fuego?
Los días con el otro no tienen esquinas.
Los días con el otro
son el desierto y el mar.

 

[De Los días con el otro (2011)]

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_450

 

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