‘Tenet’, de Christopher Nolan: las virtudes del ‘blockbuster’

‘Tenet’, de Christopher Nolan: las virtudes del ‘blockbuster’

La Gualdra 449 / Cine

 

 

Al pasar de los años, Christopher Nolan ha desarrollado un estilo fílmico inconfundible, que lo ha hecho objeto de amor y odio por partes iguales. Por un lado, hay quienes celebran sus esfuerzos de crear historias de una narrativa intrincada y profunda dentro del cine comercial, mientras que otros critican sus excesivos malabares y encuentran en sus diálogos sobre-explicativos una complejidad mucho más obvia de la que en realidad tienen.

Lo que queda claro con Tenet (2020), el filme más reciente de Nolan, es que el cineasta británico no tiene la intención de hacer a un lado su sello particular ni sus obsesiones, en este caso enfocadas en la percepción del tiempo y la realidad. El resultado final es su película más ambiciosa, enrevesada y poco complaciente en cuanto a dichas temáticas, que termina por demostrar tanto las notorias virtudes del director, como algunas de sus fallas.

La cinta sigue la historia de un espía (John David Washington) que se ve envuelto en una red de intriga y supervivencia, la cual involucra objetos, personas y vehículos que, en lugar de ir hacia adelante en el tiempo, se encuentran “invertidos” y se mueven hacia atrás.

El director juega con dicha premisa para representar la teoría de una realidad simultánea, que en el filme es percibida por los personajes dentro del mismo espacio, pero con una temporalidad opuesta. Esto da como resultado enigmáticas coreografías de acción y suspenso, construidas con efectos visuales prácticos (sin pantalla verde) y cuyo principal mérito radica en la perplejidad de sus imágenes.

Nolan entiende las reglas del blockbuster, el cine comercial a gran escala, y las utiliza a su favor en un relato correspondiente al cine de espionaje y que evoca a los filmes más recientes del 007, así como a la saga de Misión Imposible. Esto lo logra por medio de un diseño de sonido inmersivo, una intensa banda sonora compuesta por Ludwig Göransson y una impecable fotografía de Hoyte van Hoytema.

Los conceptos del filme son explicados por medio de diálogos que más de uno podría encontrar como excesivos, pero que posteriormente son expuestos de manera visceral a través de imágenes y sonidos. Así, la confusión inicial de la cinta se va traduciendo de manera progresiva en una lógica que evoca a los sentidos y donde gran parte de sus elementos terminan por cuadrar.

Asimismo, los personajes del filme dejan de ser individuos y se vuelven simples piezas cuya única función es formar parte del enorme engranaje de la cinta. Esto puede hacer que la película se sienta fría y distante en el aspecto emocional, pero al mismo tiempo hace que el director evite el enorme sentimentalismo que está presente en algunos de sus trabajos anteriores.

Tenet es una película inusual, un palíndromo enorme que no permite pensar en términos lineales. En su insistente afán de moverse hacia atrás, Christopher Nolan termina construyendo un espejo cuyo reflejo se encuentra en un cine comercial que antaño pretendía ser más exigente y menos condescendiente con su audiencia.

Es la cinta más autoconsciente del director, de lo profundas o superficiales que se pueden interpretar las ideas que representa, pero donde la virtud del asombro se mantiene intacta. Así en medio de una realidad y un futuro tan inciertos como los actuales, Tenet es una experiencia fílmica que plantea la oportunidad de volver al pasado, volviéndose una grata escapada a otra realidad por medio del entretenimiento puro.

 

 

 

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