Solamente quedarán las estelas de un poema que una vez imaginamos [Entrevista con Raúl Zurita]

Solamente quedarán las estelas de un poema que una vez imaginamos [Entrevista con Raúl Zurita]
Raúl Zurita. Foto de Pascual Borzelli Iglesias

La Gualdra 448 / Poesía / Entrevistas

 

 

En las últimas semanas el poeta chileno Raúl Zurita recibió dos premios internacionales, el connotado Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Internacional “Mario Benedetti” a la lucha por los Derechos Humanos y la Solidaridad; además, ha sido calificado como uno de los serios candidatos al Premio Nobel de Literatura. Sobre estos galardones el poeta expresa:

“Lo he dado todo en mi poesía y le he dado todo a mi poesía, sin guardarme ninguna providencia, sin dejarme una sola puerta de salida por si las cosas no salían bien, no me dejé ni siquiera ese pequeño rincón cálido donde se supone que ha habido seres que por nada, que solo por pasión arruinaron sus vidas, no me he dejado ese lugar ni esa posibilidad, entonces al recibir estas noticias me alegra, pero esa alegría está temperada por el mundo en que estamos viviendo, nadie puede ser dichoso en un mundo como este, nadie puede ser dichoso frente a la tragedia de nuestros países, sus injusticias, sus inequidades, las monstruosas desigualdades, nadie puede ser dichoso frente a mujeres que tienen que hacer micro-tráfico con drogas para poder darle el alimento a sus hijos, nadie puede ser dichoso viendo eso”.

Desde su casa en Santiago de Chile, donde se encuentra recluido debido a la pandemia junto a su pareja Paulina Wendt, Zurita revisa esta entrevista que le hacemos en medio de esta avalancha de reconocimientos que lo sitúan como uno de los poetas más valorados de nuestro tiempo. Raúl Zurita conoce del respaldo cultural de su obra desde muy temprano, sus primeros versos publicados en revistas causaron un rápido reconocimiento, pero no fue hasta la publicación de su primer libro, Purgatorio, escrito y publicado en el contexto de la férrea dictadura chilena de Pinochet, donde comenzó a entenderse una obra que se gestaba desde la propia vida.

Para Zurita su vida era expresión de un poema, y su cuerpo parte de la página, quizás por eso marcó la piel de su cara con un fierro caliente, o escribió en el desierto una frase que solo puede leerse desde la altura, o rayó un poema en los cielos de New York. Le preguntamos si a partir de su experiencia con el dolor y con el amor, aún siente que vale la pena escribir un poema, y responde: “Hay una frase de Baudelaire que siempre me impactó mucho, en la cual decía que si existía dios y este tenía la cortesía de darle algunos años más, que por favor le permitiera escribir todavía un par de poemas hermosos para no sentirse el peor de los hombres, para no sentirse peor incluso que aquellos que él despreciaba. Es un poco eso Octavio, siento que escribir nos da una cierta dignidad, aunque esa dignidad sea frente a nosotros mismos, la dignidad de una tarea que tienes que hacer y cuando lo haces, es una tarea hecha y eso es un sentimiento profundo y al mismo tiempo es un sentimiento íntimo, una cierta satisfacción que primero pasa por lo personal y si tienes suerte pasará también algún día por lo colectivo”.

 

Octavio Gallardo: Luego de la caída del muro de Berlín, y en cierta medida de las ideologías, donde hay un amplio margen de incertidumbre frente al futuro de los pueblos y de las personas ¿crees que hay un camino posible o hacia dónde vamos?

Raúl Zurita: Sí, hay un camino y hay un futuro. Siempre me he imaginado que hay un instante en que algo que aún no tenía nombre, levantó sus dedos y sus manos del suelo, alzándose y vio las estrellas de la noche o las estrellas del amanecer y vio cómo esas estrellas desaparecían y comprende en un segundo que esas estrellas seguirán amaneciendo y anocheciendo, pero alguna vez él ya no las verá; entonces descubre el más trascendental de los descubrimientos, descubre la muerte e inmediatamente luego, descubre el poema, porque el poema y el lenguaje son la primera respuesta que uno tiene frente a ese hecho inconcebible, impactante, innombrable, angustiante al máximo, que es saber que te vas a morir. Entonces el poema es algo así como el conjuro frente a la muerte. El poema es la primera respuesta frente al hecho de la muerte y lo sigue siendo. En cierto sentido la poesía que se va haciendo es un poco esa respuesta. Siempre en algún instante nos moriremos y a través del conjuro esos instantes inconcebibles, impensables, el fin de la tierra, se hacen más amables, se vuelcan hacia el interior y se transforman en una salida. Sé que hay un camino posible y sé también que vamos hacia el fin, ese fin es irremediable, nada podemos hacer frente a eso, todo el universo avanza hacia un fin y nosotros también lo hacemos. Pero mientras haya poesía ese fin nos acompañará a volverlo más íntimo y más cercano, cuando suceda ese fin se habrá acabado todo y solamente quedarán las estelas de un poema que una vez imaginamos, que alguna vez pensamos, que estará ahí todavía diciéndonos que valió la pena vivir o que tal vez no valió la pena, eso no podemos saberlo.

 

OG: Estamos presenciando un cambio de paradigma respecto a la equidad de género en todas sus formas, ¿cómo te enfrentas a eso?

RZ: Trato de no enfrentarme, me integro; enfrentamiento no es la palabra frente a una historia de derrumbe, a una historia de violencia, de guerra, que ha significado el exterminio de los unos para los otros. La reivindicación de género me parece algo de una profunda esperanza, a la que me adhiero plenamente, a la que me adhiero con toda mi fuerza y todo mi entusiasmo. Esta revolución implica una nueva mirada sobre el amor, una nueva mirada sobre la intimidad, una reinvención del amor como decía Rimbaud, y es de esperar que sea el signo de un nuevo día. Una nueva mañana es buena para todos, para hombres y para mujeres. Espero liberarme como hombre por esta liberación de las mujeres, espero que nos liberemos como seres humanos por esta revolución que nos alcanza a todos. Es de las pocas buenas nuevas que nos trae un mundo atroz, este mudo injusto y horrible que hemos construido y en el que estamos viviendo. La violencia que introdujo el hombre es una violencia que no conocía antes el cosmos, ha llegado el momento de que esa violencia cese, porque habremos inventado también una nueva amistad, una nueva forma de mirarnos.

 

OG: Has escrito en los cielos de Nueva York y en el Desierto de Atacama. ¿Crees que el poema debe alcanzar otras dimensiones para ser leído, en una situación de baja lectura como la que atravesamos hoy?

RZ: Escribir poemas en el cielo, escribir en el desierto fue mi forma de no resignarme, fue mi forma de resistir. No pensé en las consecuencias que eso podía tener, solamente en la necesidad urgente de hacerlo, porque fue, como digo, mi manera de sobrellevar la dictadura, fue mi manera de sobrellevar mi propia degradación, la degradación a la que era sometido como tantos seres humanos, diariamente, en cada minuto, en cada segundo; entonces para mí, escribir esos poemas, o trazarlos, dibujarlos, fue un sentimiento más que un pensamiento, fue algo urgente que hice porque de otra manera me moría simple y llanamente, no quería morirme, entonces allí están. No sé si eso significa expandir la página o inaugurar una nueva forma donde un mundo sin lectores pueda verlos y cambiar, no creo. Creo sinceramente que estamos llegando al final de un periplo donde 3000 años de escritura están muriendo. Todo ese poema que se inicia con La Ilíada o con La Odisea, está acabándose, pero al acabarse está produciendo una tremenda, tremenda nostalgia, por lo cual estoy cierto que emergerán poetas increíbles, poetas de dimensiones impresionantes, y serán capaces de dar cuenta de esa nostalgia, y ellos estarán en las redes, estarán en medios totalmente inimaginables, pero la poesía vivirá en ellos, y el poema tomará nuevas formas, tal vez inconcebibles, pero allí están esperándonos para trazarnos todavía las señales de un mundo nuevo, para decirnos que todavía habrá un mañana, para decirnos que todavía habrá una esperanza. Así veo el papel de la poesía. Los lectores o no lectores, no es lo que me preocupa, lo que me preocupa es que esa esperanza sea cierta y que ese nuevo día efectivamente emerja.

 

OG: ¿Cómo has vivido la particular pandemia que atravesamos, a qué te lleva, qué te producen como escritor los comunicados diarios, las cifras?

RZ: Es imposible no enfrentar esta pandemia con un sentimiento al menos doble, por un lado estamos quienes podemos todavía guarecernos, cuidarnos en nuestras casas, yo esto lo he pasado con mi mujer a quien adoro, entonces el abrazo a ese otro, a esa otra, siempre va a ser un refugio, y una forma de ver el día, de aguantar la noche y de ir cruzando; y al mismo tiempo está esta situación increíble, monstruosa, donde han aflorado todas las injusticias, todas las inequidades, todas las desigualdades, de un mundo atroz y un continente que nunca pudo encontrar un sistema que fuese digno para todos, más bueno y más sano para todos; entonces este espectáculo de esta muerte silenciosa, que nos va abarcando, que nos viene de los lados más inesperados, que puede colarse por debajo de la rendija de una puerta, provoca en mi caso una sensación de solidaridad inmensa y al mismo tiempo de una profunda frustración y angustia: cómo salvar gente -todo debería tratarse de eso-, cómo ayudar; entonces en estos momentos afloran gestos horribles pero también aflora lo mejor, aflora la solidaridad; mi más profundo respeto a aquellos que están en la primera línea de combate contra esta pandemia, pero al mismo tiempo siento que está naciendo una nueva muerte, una muerte que no conocíamos, una muerte sin ilusiones, una muerte doble, una muerte muerte. Ojalá que salgamos -si es que salimos- un poco más fuertes, un poco más sabios, un poco más profundos de lo que hemos sido hasta ahora; ojalá que nos demos cuenta que hay tantas cosas que no valían nada, lo importante era abrazarse con otros, estrecharse con otros, darse las manos. Tantas cosas que creímos, pero que eran pompas de jabón, burbujas en el aire. Es de esperar y así lo quisiera, que nos encontráramos en una nueva amistad, en un nuevo amor y en un nuevo abrazo. Es lo que sueño.

 

OG: La poesía vital es política para Raúl Zurita, al parecer, ¿te gustaría escribir o haber escrito a partir de otros registros, me refiero a otra época sin el miedo y el dolor, por ejemplo, de la dictadura chilena?

RZ: Me es imposible imaginar otra vida que aquella que me tocó vivir, me es imposible imaginar otra época que aquella que me tocó vivir, me es muy difícil imaginarme otra historia que aquella que me tocó vivir. En cada segundo de la existencia para bien o para mal he estado profundamente en ella, he vivido profundamente mi época y mi tiempo; no puedo imaginarme otra cosa, imaginarme cómo sería, no puedo saber si había escrito, no puedo saber qué nombre habría tenido, no puedo imaginar bajo qué forma se habría escondido mi poesía, o saber si hubiera existido acaso la poesía.

 

Monólogo de amor de las llanuras nevadas

Amadas llanuras
Sueño un mar nuevo, una nueva planicie, un
blanco que se extiende y se extiende
al sur de este mundo
Sueño con unos ojos nuevos, con una nueva
vida, con el aire humano silbando
las orillas del ventisquero y la Patagonia
Sueño con los nuevos hermanos de las
heladas praderas viniéndose
como vendrá el nuevo mundo, como se
congelarán los fríos de alma hasta el fondo
de la escarcha
Sueño con un nuevo poema en las congeladas
planicies
Sueño con tu amor, con los párpados nevados
de tu amor flameando
sobre la libertad final de nuestros aires

 

IV

Son espejismos las ciudades
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrados como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aunque hay miles de mujeres en quien poder
alegrarse y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
ni sonarán los teléfonos ni correrán los trenes si
no te alzas tú la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizás ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
y el universo la tumba de una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!

 

 

[Imágenes de poema rayado en el cielo]

7 poemas de «Anteparaíso» (1982), de Raúl Zurita

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_448

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