Los enredos redituables de la 4T

Los enredos redituables de la 4T

Alguna vez escuche que “en Política, lo que cuesta dinero sale barato”. Me dio escalofrío y por supuesto me tomo días asimilarla. Después de mucho cavilarlo, entendí que cuando se tiene y se dispone a modo y a discreción del presupuesto público, el dinero no es ningún impedimento para lograr determinado fin. Otra frase polémica: “el fin justifica los medios”. ¿Cuántas atrocidades se han cometido en nuestro país bajo estas premisas? Cientos, miles tal vez.

El gobierno tiene la obligación de darle a los ciudadanos, mediante el Estado de bienestar, mejores condiciones de vida. Esto está sustentado en la Constitución, pero como muchas otras cosas y temas, es letra muerta. Una parte importante de la constitución sufre el sueño de los justos y es un ideario del deber ser, no así, del ser. Todos los derechos a los que tenemos acceso en el documento dependen y no deberían de depender, de las condiciones del gobierno, casi siempre económicas pero otras veces, administrativas. El fin es que casi siempre esos derechos, casi todos, repito, encaminados a tener una vida digna, se ven truncados porque las administraciones no cuentan con los recursos humanos ni económicos. El pueblo, como siempre se tiene que adaptar a la anormalidad, hasta hacer costumbre un entorno lleno de carencias. El mejor ejemplo podrían ser los cinturones de pobreza y las ciudades dormitorio que rodean a las grandes metrópolis.

El malestar del malviviente ciudadano poco le importa a quienes gobiernan, a excepción claro, que se avecine una elección o una medición para evaluar a la administración en turno. Decía Otto Von Bismarck: “Nunca se miente más que después de una cacería, durante una guerra y antes de las elecciones”. Luego entonces, el interés vuelve a los políticos y a los gobernantes y ante la falta de resultados y de acciones, por lo menos en México, echan a andar una vieja y funesta estrategia para distraer al ciudadano de su calamidad y arrancarle de nuevo un poco de simpatía. Esta estrategia es conocida como “la caja china” y fue bautizada hasta donde yo sé, por las televisoras proclives hasta la actualidad al gobierno de la república en turno, para ocultar un hecho con otro de alto impacto. ¿les suena? Claro que sí, vivimos desde hace décadas en una constante de esta práctica, que cada seis años, como una novela “refrita” se reedita y se adapta el guion con nuevos artistas.

La puesta en escena de la rifa no rifa del avión presidencial, parece ser la más llamativa pero no la última caja china del gobierno actual. El avión es un exceso, eso no está a discusión, ningún país con los índices de pobreza como el nuestro puede traer volando en un palacio flotante a sus gobernantes. Quien lo ordenó comprar y quien no levantó la mano para evitar la compra, cometieron cuando menos, omisiones graves. AMLO hizo bien en señalar el abuso al erario y hasta ponerlo en venta, pero ahí no radica el error. El error radica en politizar el tema para ocultar una crisis en su administración en diferentes rubros y no enterarse con certeza de la situación jurídica de la aeronave. Como si fuera chiste hace unos meses, cuando la venta se le cayó por una pésima estrategia, se le ocurrió organizar una rifa entre los mexicanos, evocando el espíritu nacionalista que se mostró en la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas. Los primeros compradores “voluntarios” de cachitos de lotería fueron los empresarios de los diferentes ramos de este país, quienes entre la espada y la pared acudieron a palacio nacional a una cena en donde les endilgaron cientos o miles de boletos. Todos accedieron, era eso o una auditoría del SAT. De los 6 millones de boletos, hasta apenas hace un par de semanas no se llevaba ni dos terceras partes vendidas, los mexicanos no compraron los boletos por varias razones. Algunos, tal vez los más, por que $500 pesos no los tienen para gastarlos en nada que no sea comida; y otros, los menos, porque no cayeron en la tomadura de pelo del modelo que terminó rifando todo, menos el avión. La rifa se realizó y pasó sin pena ni gloria, solo quedó en el imaginario nacional colectivo, como un triste y bochornos capitulo.

Se anuncia con bombo y platillo la siguiente caja china: El enjuiciamiento de los Ex Presidentes, por medio de una junta popular de firmas, que ni es necesaria ni es legal, pero si popular, que al final es lo que interesa. De nuevo, millones de mexicanos agitados gritan a los cuatro vientos “justicia” por medio de este medieval método, pero no acuden a firmar. Otro fracaso más. De nuevo, debe salir el presidente a ejercer su derecho para evitar la consulta, mientras sus diputados ya le preparan una ley de amnistía para quedar bien con ambas partes, quedando mal con todos. Qué triste.

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