La Utopía en el Hogar (22) La otra política

La Utopía en el Hogar (22) La otra política

Después de veintidós semanas de confinamiento se han tenido que superar muchas experiencias de índoles diversas a las que la población no estaba acostumbrada. El modo usual de convivencia se ha ido desintegrando poco a poco hasta llegar a intensificar altos niveles de desfiguramiento. La economía anda por los suelos para muchos y ha mejorado para otros que se prepararon para las jornadas de los negocios en línea; aunque ha habido un sofocón en el comportamiento del producto interno bruto, se cree que, dentro de todo, representa el menor de los males. En el aspecto de la salud, todo parece indicar que la pelea contra la curva de contagios no toma derroteros que permitan cultivar el optimismo; aparentemente los responsables somos los ciudadanos que no tomamos las precauciones pertinentes. La seguridad sigue siendo un problema, las oscilaciones de sus índices no aportan evidencias de que vayan disminuyendo, si bien es cierto que han detenido su crecimiento acelerado. El Estado de Derecho sigue andando medio chueco, aunque de pronto parece que los instrumentos de la aplicación de justicia se asoman tímidamente. Hay muchos asuntos pendientes que resolver que fueron heredados por los gobiernos del régimen anterior, que ahora son vistos con un cristal diferente y desconocido surgido de la impredecibilidad de la pandemia.

Antes de entrar en materia, se puede decir que el pilar más importante y que por cuestiones de instrumentación le va a tocar bailar con la más fea, es el proyecto educativo, habrá que ver que sucede con este importantísimo factor de desarrollo que ahora parece un universo desconocido; ahora más que nunca habrá que lamentar el desperdicio de tantos años de internet usado para todo, menos para lo que fue diseñado, el intercambio especializado de información, es decir, el cultivo del conocimiento.

Quizá el huérfano principal en los tiempos que esto se escribe y muchos años atrás -casualmente, adivine usted, sí, durante el tristemente célebre período neoliberal- es lo que queda del ambiente en la superficie, subsuelo y aire terrestres. Como con todo lo que es mercantil, los recursos de la naturaleza han sido devastados y lo que queda “vivo” lo hace contra todas las fuerzas de la codicia humana, representado por los mismos depredadores que aplastan la vida en general ante el estupor atarantado de la humanidad, atrapada en un sistema de desperdicio.

Y ante todas estas calamidades, la fauna grillesca se ha desatado en entramados que están orientados a los posibles logros electorales en la contienda de 2021. Tal parece que no han entendido que más de la mitad de los mexicanos busca un país ocupado en un despertar histórico que lo proyecte hacia horizontes de esperanza que en nada se parezca a la vida poco afortunada que le ha tocado vivir en los últimos quinientos años. Por desgracia, todos los que andan en este negocio -para ellos es negocio- creen que la ciudadanía se muere de ganas de escuchar sus huecos discursos y choros preelectorales y que se retuercen de emoción cuando ven sus sonrientes jetas prometiendo las perlas de la virgen, sin entender que la gente está harta de los mismos frijoles saltarines de siempre y que si por la gente fuera, ni gobierno tendría.

Ahora bien, por primera vez en la historia se tiene un presidente electo con más de treinta millones de votos (o más, si se contabilizan los que se vaporizaron en el intento de fraude, porque lo hubo, sin éxito) y los polacos siguen desaforados buscando el jugoso hueso salvador. Los derrotados siguen haciendo lo que mejor saben, poner caca en el ventilador y hacerlo girar trescientos sesenta grados y la izquierda fifí contendiendo por los privilegios que no han podido disfrutar a plenitud. De los primeros, pues es lo único que saben hacer, cuando no están ejecutando el arte supremo de la transa; de los del proyecto Juntos Haremos Historia, parece ser que no han entendido lo que la frase significa, pues pretenden seguir con las mismas prácticas obsoletas de hacer grilla y dejan solo a su presidente en la búsqueda de su usufructo personal.

Lo peor, ¿quién garantiza que en este episodio de audiovideoescándalos los chicos de la izquierda polaca no van a salir premiados. Así que mejor habrá que pensar en la creación de una nueva clase política que sepa enfrentar los nuevos tiempos y no viva añorando y envidiando las grandes triquiñuelas que recetaron a México los codiciosos suicidas que decidieron robar todo lo que estuviera a su alcance. La propuesta que este columnista defenderá siempre es que los cargos de elección popular y de dirigencia partidista lo desempeñen ciudadanos que nunca lo hayan hecho antes y que se prohíba a cualquier familiar directo hacerlo. Es tiempo de aceptar que los profesionales de la clase política de cualquier color, que al fin y al cabo a ellos no les importa, siempre y cuando haya hueso, le han fallado al pueblo de México de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Se espera que entiendan que los ciudadanos ya no los soportan.

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