Miscelánea “De Líbano a Zacatecas”…

Miscelánea “De Líbano a Zacatecas”…

Adolfo López Mateos, de cultura y convicción vasconcelista y uno de los mejores presidentes que ha tenido México, se cuenta de él que, al visitar el Centro Libanés en la Ciudad de México, escribió en el libro de registro de visitantes la siguiente recomendación: “Si no tienes un amigo libanés, consíguete uno”.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, seguramente conocedor de la anécdota, se hizo amigo del empresario de origen libanés Carlos Slím, considerado como uno de los hombres más ricos del mundo y ya le fue bien. Inclusive a los mexicanos, pues nuestra vacuna contra el “covid 19” ya está pagada.

Yo, siguiendo el consejo de López Mateos y el ejemplo de López Obrador, he logrado ser amigo de Arturo Nahle García, personaje, igual que Slim de origen libanés, (lamentablemente no con tanto dinero) nacido en el municipio zacatecano de Río Grande. Seguramente que esa amistad me traerá bonanza económica o cuando menos consideraciones ante los jueces del Estado. O algo más, si no en ese sexenio local, será en el otro.

“MI gran amigo” Arturo Nahle, presentó en una televisora local la semana pasada , una breve crónica de la inmigración a nuestro país, de miles de libaneses que, entre los años de 1904 y 1926 llegaron a nuestro estado y junto con ellos sirios, palestinos e iraquíes.

A detalle, los comentarios se tornan no sólo interesantes, sino de obligado conocimiento para los zacatecanos. ¿Quién no ha escuchado los apellidos: Samán, Ahued, Adabache, Sulaimán, Nahle, Hamdan, Savag y tantos otros?

Mi recordado y querido maestro de francés fue precisamente Don Said Samán en la preparatoria de la Universidad, Fundador de la nevería y cafetería Acrópolis que ahora se ubica en la planta baja del mercado González Ortega. Ascendiente de una grande y apreciada familia de “sirio-zacatecanos”.

Ante la importancia del conocimiento de esa parte de la historia de Zacatecas y de una gran cantidad de personajes que viven y se ocupan del desarrollo de nuestro querido estado, es que le solicité a mi amigo Arturo Nahle, permitiera la publicación del documento que contiene los comentarios que hizo frente a la televisora.

Generosamente aceptó y en consecuencia va en el pensamiento del autor:

De Líbano a Zacatecas…

ARTURO NAHLE GARCÍA
El pequeño territorio que hoy ocupa la República de Líbano, no es ni la cuarta parte de la superficie que tiene el estado de Zacatecas; sin embargo, por ser la puerta que comunica al Medio Oriente con Europa a través del mar Mediterráneo, durante miles de años ha sido codiciado y ocupado por fenicios, asirios, persas, griegos, seléucidas, romanos, árabes y turcos.

De 1521 a 1918 Líbano formó parte del Imperio Otomano y, al concluir la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de las Naciones lo declaró Mandato Francés hasta que en 1943 obtuvo su independencia.

Los últimos años de la dominación otomana fueron terribles para los habitantes de esa nación, eso provocó que más de un millón de libaneses emigraran en barcos a Estados Unidos, Brasil, Venezuela, Cuba, o a los puertos mexicanos de Tampico y Veracruz.

Al arribar a nuestro país les cambiaban el nombre o el apellido y así se internaron en todas las ciudades y pueblos de México en busca de suerte y fortuna.

Entre 1904 y 1926 llegaron al estado de Zacatecas 38 libaneses, la mayoría originarios de Nabathie (población ubicada al sur de Líbano a escasos 70 kilómetros de Nazaret), pero también llegaron sirios, palestinos e iraquíes.

En la capital zacatecana se domiciliaron Salvador Ahued, Manuel Assem, Antonio Barquet y José Márquez, así como los sirios Wasfi Moech, Salomón Sanan, Salvador Zajur y en 1939 Said Samán.

En Guadalupe vivió Manuel Yemha; en Fresnillo Pedro Márquez, el sirio José Adabache y los iraquíes Pedro Cato, Francisco Sulaiman y los hermanos Abraham y Jacobo Curioca.

A Nieves llegaron Emilio Nahle y José Hamdan; y a Concepción del Oro Manuel Nahle, Julián Bechara, Antonio Handal, José Harb Najul, Salvador Pérez y Nasime Zombi.

En Cañitas de Felipe Pescador vivió Salvador Savag, Jacinto y José Bujdud, Alí Gasum y Ricardo Kairuz; los Savag se trasladaron posteriormente a Jerez.

En Valparaíso vivió Máximo Faky, Nicolás Flores y Jacobo Jayuf, así como los iraquíes Juan David y Pedro Mago. En Miguel Auza procreó una gran familia el palestino Jacobo Giacoman.

Pero fue en Río Grande donde se radicó la comunidad árabe más grande del Estado: en 1906 llegó mi abuelo Luis Nahle Faky y sus sobrinos Roberto y Alfredo Nahle, Teofilo Safa, después Emilio y Jorge Bujdud, Richard Hamdan, Miguel Salmán, Miguel, Felipe y Luis Yassin. Con ellos también arribaron los palestinos Miguel Buchard, Francisco y Elpidio Babún.

Los libaneses que vinieron a Zacatecas profesaban la religión musulmana, pero al casarse con mexicanas adoptaron la fe católica y la inculcaron a sus hijos. Todavía recuerdo la defectuosa pero fervorosa interpretación que hacían del himno nacional y de las canciones de Jorge Negrete. Todos se dedicaron al comercio y todos ya murieron.

Su hábil forma de vender y hacer amigos aun la podemos disfrutar en las divertidas películas “El Baisano Jalil” y “El Barchante Neguib” filmadas en 1942 y 1946 por Joaquín Pardavé y Sara García.
Mi papá falleció sin conocer Líbano, pero pude platicarle el viaje que en el 2004 hice a Nabathie, le hizo muy feliz saber que conocí la tierra, la cultura y la familia de sus antepasados.

Los descendientes de esos hombres que atravesaron el mundo para vivir y morir en Zacatecas, lloramos hoy por lo sucedido en Beirut. Ojalá (palabra de origen árabe que significa quiera Dios) algún día pueda volver a Líbano y encontrar bien a los primos que tardamos más de 40 años en localizar. Ojalá.

¡Gracias por la generosidad de Arturo Nahle! Ojalá me venga el beneficio que anunciaba López Mateos.

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