Desvanecer las fronteras literarias: Eva Castañeda Barrera

Desvanecer las fronteras literarias: Eva Castañeda Barrera
Eva Castañeda Barrera en La Gualdra 443

La Gualdra 443 / Entrevistas / Poesía

 

 

Eva Castañeda Barrera (Ciudad de México, 1981). Escribe poesía y crítica literaria. Es autora de los libros de poesía: Nada se pierde (Versodestierro, 2012); La imaginación herida (Trajín, 2018); y Decir otro lugar (Elefanta, 2020). Algunos de sus poemas han sido traducidos al alemán, chino e inglés. Es Doctora en Letras por la UNAM y realizó una estancia posdoctoral en la misma institución. Actualmente es docente investigadora en CIELA Fraguas de la Universidad de las Artes en Aguascalientes, y profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se desempeña como coordinadora del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea de la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI-CONACYT). Ha escrito múltiples ensayos y artículos sobre crítica literaria, estos han aparecido en libros colectivos nacionales e internacionales. De esta manera, Eva Castañeda es una autora fundamental en los diálogos vigentes en torno a la creación y al análisis literario, su obra en ambas vías no centra su opinión en una zona geográfica del país, en una idea inamovible o en un género estático, sino que transita por distintas vías para expadir su apuesta al límite.

 

Armando Salgado: Desde el interior del país, pareciera que vivir en Ciudad de México es más sencillo porque se tienen (aparentemente) más circunstancias a favor: ¿qué opinas al respecto?, ¿cómo ha sido para ti vivir en esta gran urbe y cómo ha repercutido en tu formación literaria y profesional?

Eva Castañeda Barrera: He vivido siempre en la CDMX, aunque por cuestiones académicas y literarias he salido por periodos nunca muy largos a otros Estados de la República y claro está, a otros países; el hecho es que siempre regreso a la Ciudad. En ese sentido, es innegable que mi paso por este lugar ha determinado en buena medida mucho de lo que soy. Los trazos de las calles, el caos, las luces, la algarabía, el tráfico, la comida, la gente y su increíble diversidad; todo se hace presente en mi manera de estar en el mundo. Lo que hago y lo que escribo está indefectiblemente atravesado por esta ciudad.

Lo anterior no me hace ignorar la realidad que se vive en muchísimos Estados de la República; las batallas que se libran para mantener a flote una serie de espacios políticos y culturales que resultan indispensables, tanto para los creadores como para las comunidades. Este punto en particular me ha conmovido profundamente, pues en el interior del país he encontrado propuestas artísticas y literarias que han echado mano de toda la creatividad, imaginación y generosidad posibles. En ese sentido, creo que existe la falsa idea de que vivir en la CDMX es más sencillo porque todo está a la mano, inclusive creo que sucede lo contrario: somos casi 25 millones de habitantes luchando por una oportunidad. Por ello, hablando específicamente del ámbito literario, no podemos obviar el hecho de que muchísimas veces algunos apoyos, estímulos, becas, espacios físicos y simbólicos se reparten entre unos cuántos que son los mismos. Afortunadamente hay muchas y muchos que estamos trabajando para que estas prácticas se visibilicen y cambien.

No sé, pienso que esta ciudad es un lugar que alberga una profunda y aterradora desigualdad social y económica. Es un lugar lleno de matices, contradicciones y sí, también precariedad. Un lugar que está en permanente construcción, igual que sus habitantes.

 

AS: Frente a la diversidad de opiniones, ¿qué puntos de encuentro visualizas en la poesía mexicana que se escribe actualmente?, ¿hacia dónde se dirige la creación de poemas?, ¿qué caminos creativos has elegido como escritora?

ECB: Creo firmemente que la poesía mexicana contemporánea es una de las más interesantes de América Latina. Parte de esta producción es un ejemplo relevante de lo bueno que está sucediendo en la literatura en español.

Como escritora y académica ahora mismo me interesan los libros que apuestan por un borramiento de fronteras entre los géneros literarios, aspecto que por lo demás no es nuevo, pero sí que cada vez se hace más patente y de modos muy interesantes. Si lo pensamos, los límites de casi todo se han ido borrando. Es cada vez más evidente que las especies, las fronteras geográficas, los sexos, y por supuesto, los géneros litearios son apenas una ilusión. Asistimos a un momento de intercambio y de expansión. Entonces ¿por qué creer que no va a pasar lo mismo con las fronteras entre los géneros literarios? Me emocionan los libros que sin ambages toman los recursos que mejor les convienen, da lo mismo si es de una novela, una crónica, un ensayo, una receta de cocina o un instructivo. Me gustan los libros que asumen con absoluta conciencia esta libertad, y afortunadamente en la poesía mexicana reciente hay ejemplos muy logrados de esto.

En mi caso personal debo decir que mi carrera literaria la he trazado de manera lenta y muy cuidadosa. En este punto me atrevería a decir que lo que he hecho es sólido. Por ejemplo, mi libro más reciente, Decir otro lugar (Elefanta, 2020) es un trabajo que me llevó años de reflexión, lecturas, borraduras y reescrituras, es que no veo otro modo de trabajar. En ese libro está presente buena parte de lo que arriba te menciono, pues cuento una historia y echo mano de una serie de recursos propios de la narrativa y de la poesía, aunque no nada más. Es un libro cuya escritura me ha retado poética e intelectualmente. Al final, he quedado satisfecha y feliz con el resultado final.

AS: ¿Qué retos tenemos como sociedad ante problemáticas como la violencia de género, la crisis ambiental y la contingencia actual?, ¿consideras que la literatura debe asumir estos problemas y materializarlos en lo que se escribe?

ECB: Creo que la desigualdad económica es el origen de todos los tipos de desigualdades y violencias. Las profundas disparidades son un obstáculo para el cumplimiento de los derechos de las personas, además de que sus consecuencias son terribles: desigualdad de género, condiciones de vida menos dignas, impacto en el medio ambiente, y un largo etcétera. Frente a un escenario tan desolador muchas personas en todo el mundo estamos trabajando para generar formas distintas de consumo; formas más humanas y conscientes de relacionarnos con todo lo que nos rodea.

Lo anterior ha provocado en muchas y muchos escritores una reflexión respecto a su quehacer literario. Los y las más concientes nos hemos embarcado en un trabajo personal que atraviesa lo político y lo estético, aspectos que en este punto de la historia resultan idisociables. En ese sentido, me interesan las escrituras literarias que son producto de una profunda reflexión sobre el acontecer histórico, político, ecónómico y social. Personalmente hace mucho dejaron de interesarme los libros que giran en torno a un “yo autista”, creo que de eso ya tuvimos mucho y los tiempos que corren no están para seguir escribiendo, y peor aún, publicando libritos en donde el mundo gira alrededor de un “yo incomprendido”. Me parece que la reflexión, y en consecuencia, la escritura, tendrían que extenderse a lo colectivo, porque de eso va la vida en este momento, basta con pensar en lo que ahora mismo está sucediendo, me refiero a la pandemia producto de un virus que está enfermando a todo el planeta. Tendríamos que ser capaces de ver eso en toda su magnitud y actuar en consecuencia.

 

AS: ¿Qué opinión tienes respecto a la migración de la literatura a los espacios digitales?

ECB: Arriba te decía que desde hace ya mucho tiempo asistimos en todo el mundo a un momento de intercambio y de expansión. Ahora mismo en plena contingencia sanitaria el espacio virtual se convirtió en una vía fundamental para estar en contacto con las y los otros. Lo virtual ahora más que nunca es otra cara de la realidad. No obstante, esta obviedad, a veces parece que nos negamos a asimilar que el mundo se está movimiendo permanentemente. Por eso es una ilusión creer que el cambio no abraza todo y eso incluye a la literatura.

En virtud de ello creo que buena parte de la literatura desde hace ya varias décadas está aprovechando este recurso, lo que me parece absolutamente natural y lógico, incluso sería un despropósito no hacerlo.

 

AS: ¿Qué hace Eva Castañeda en un día normal?

ECB: Lo que sea necesario para salir bien librada, creo que no siempre lo logro.

 

 

 

 

Alcanzábamos el bus corriendo, contábamos monedas y llorábamos cuando era urgente. Nosotros nos juramos todo y para siempre. Nosotros invencibles y ese cuento conocido. Lo común, lo más común.

Pero no.

Nosotros atravesando un país de balas con el corazón entre los dientes. No lo sueltes, así como los perros corren con un hueso en el hocico. No lo sueltes.

 

*

No me acuerdo con detalle de todas las historias. Sé que sucedieron hace mucho y hace poco. Empezaré por acordarme de los pormenores. Quiero cada punto y coma.

No voy a desviarme del tema:

 

*

Si lo piensas todo el tiempo algo cruzamos: líneas divisorias o fronteras, límites y términos. Arribamos con el trabajo de llevar la memoria a todas partes. Acuérdate del día en que un muro se levantó frente a nosotros, tocamos sus agujeros, medimos sus espacios. Vimos las entradas que como bocas macilentas se cerraban. Tomé tu mano mientras del otro lado las ráfagas vencían.

 

Decir otro lugar (Elefanta 2020)

 

 

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