Educación sexual y los síntomas del hondo problema educativo

Educación sexual y los síntomas del hondo problema educativo

No hace ni una generación en la cual se entendía el ejercicio de la sexualidad ligado al matrimonio, y este último a la reproducción y cuidado de los hijos. Por eso, al inicio de la llamada ‘educación sexual’ en las escuelas, se reducía a entender los procesos de la reproducción humana. Era notorio que los contenidos eran articulados en informarse sobre la anatomía de ‘los aparatos reproductores’. Era un visión muy reductiva y efecto de los supuestos de un marco de moralidad casi victoriana.

Ahora se ha despertado la necesidad de visualizar la sexualidad como un componente de la afectividad. No se puede hablar del sexo sin explicar el tema de los sentimientos, las emociones, la socialización y la libertad de cada uno, el amor y sus variantes, y algo esencial: el papel del sexo en la edificación de la personalidad. Y los objetivos de una educación que forme actitudes de libertad, responsabilidad, tolerancia y afirmación de la diversidad. La educación que mencionamos arriba suponía que sexo era entre un hombre y una mujer en un contexto matrimonial. Ese marco ha quedado muy pequeño. Y los métodos de manejo de los contenidos son muy innovadores también, en los cuales se prefieren los talleres y formas de enseñanza participativa.

En suma, el marco de la educación sexual no es una mera clase de la anatomía de la reproducción humana, sino toda una ética del saber vivir. Esto es, la sexualidad entre los saberes esenciales para aprender a vivir. Para evitar los males que ahora preocupan a las autoridades, como es el caso del embarazo adolescente y el contagio de algunas enfermedades de transmisión sexual, no basta una instrucción de uso de métodos de protección y de anticoncepción. Esas muestras técnicas deben ir acompañados de formación de actitudes ante la sexualidad y sus entornos afectivos. La pregunta es, ¿qué hacen las escuelas para la formación emocional de los alumnos? Y la respuesta es de una pobreza intimidante: prácticamente nada.

La ciencia y la escuela se ha olvidado de la vida. Esto es así, además, por un componente que representa alta dificultad: la formación emocional de los adolescentes es imposible sin la activa participación de los padres. Y en la estructura de la dinámica escolar están excluidos los padres/madres de los procesos educativos. La estructura de las escuelas necesita estrujarse a fondo: rediseñarse desde los modelos pedagógicos básicos. Los problemas son síntomas. El alto índice de embarazo adolescente es el síntoma de algo que llega muy hondo: el abandono de la escuela de lo más importante del acto educativo como son la formación de los valores, actitudes y emociones. Esto último se concibió como un ámbito propio de la familia y la vida privada de las personas. Y la escuela se concentró en contenidos de erudición en ciencias y humanidades. Se instruye la memoria y algunos aspectos del entendimiento de los jóvenes, y la formación humana está fuera. Junto al embarazo adolescente, las conductas delictivas o antisociales y la crónica inseguridad vocacional, son síntomas del mismo problema. Urge plantearse una transformación en serio del sistema educativo nacional, no sólo hablar de transformación y seguir haciendo lo mismo.

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