Degradación diplomática

Degradación diplomática

Soy orgulloso nieto de un Diplomático que hizo carrera en el Servicio Exterior Mexicano en las décadas de los 60s, 70s y 80s, en países como Polonia, Filipinas, República Dominicana y Guatemala. Perteneció a la generación dorada diplomáticos mexicanos que llevaban la ideología de la Doctrina Estrada, más allá de que habían pasado ya varios años entre la presidencia de Pascual Ortiz Rubio y la gestión de Genaro Estrada al frente de la Secretaría de Reacciones Exteriores.

La Doctrina Estrada, vigente como nunca a mediados del siglo pasado, por los movimientos sociales y revolucionarios que tumbaron y ungieron gobiernos, sobre todo en América latina, representaba el ánimo de México de no intervenir en las decisiones que compitieran a otros pueblos y a sus “democracias”. Dejaba vigencia de la estatura política de aquellos años, pero también del papel que le adjudicaron a México como hermano mayor, las opiniones de Octavio Paz y de Carlos Fuentes eran de mucho peso y de mucha luz para la diplomacia en el continente y tal vez más allá. la soberanía de nuestro país respecto de su vecino del norte era notoria. Había un punto de no retorno entre la diplomacia de ambas naciones y era, precisamente, la determinación de México de no intervenir en calificar la legitimidad de los gobiernos establecidos bajo cualquier circunstancia, evidentemente a los Estados Unidos le podía mucho la estrecha relación con Cuba y con Fidel Castro, solo por poner un ejemplo.

Para entrar más en materia podríamos decir que la relación bilateral ha sido siempre de encuentros y desencuentros, de claros y obscuros, la percepción particular y la idea de relacionarse con el vecino, depende en cada administración del presidente en turno, digamos que trasciende a la política clásica de no intervencionismo y se interpreta a veces como sumisión al “Big Brother”, pero ¿hasta dónde es sumisión y hasta donde es estrategia?

En la actualidad y a partir del Tratado de Libre Comercio del 92 firmado por Salinas y Bush, ambos países (por supuesto más México) se han tenido que modular. Hasta cierto punto ir de la mano en asuntos internacionales para no dañar la relación económica y “benéfica” que brinda ahora el T-MEC. Ejemplo de lo anterior y a la postre, será el voto de México en la ONU, específicamente en su nuevo lugar permanente en el consejo de seguridad, donde seguramente se votará bajo la línea de EUA.

Todo lo anterior como preámbulo de lo que ha generado la invitación ya aceptada de Trump a AMLO, para que lo acompañe a la aventura electoral de su reelección, levantando el ánimo del voto latino para que con la efervescencia que aún destella el Tabasqueño, pueda inclinar la balanza de chicanos hacia el magnate de los malos modos. Así es, y hay que decirlo con todas sus letras, claro que habrá un protocolo y una agenda para disimular el objetivo principal de la visita, pero además de ayudarlo electoralmente, recibir indicaciones para no espantar las inversiones como las ocurridas con las Termo Eléctricas y la creciente inseguridad en nuestro territorio, que sigue perjudicando la frontera, no sé a que más pueda ir muestro presidente. Desde mi perspectiva es un error garrafal ir a apoyar a quien ha ninguneado como nadie a los mexicanos ilegales en ese país, a quien se refiere al mismo López Obrador como su Bob Patiño, como su “Juanito”, ¡vaya!
La doctrina estrada en el concepto más amplio, no solo es respetar el origen y la legitimidad de los gobiernos emanados en otros países y su permanencia; lo es igual o más importante, el no intervenir ni veladamente en los procesos electorales de los mismos. Cuando el gobierno de EPN pasaba de la mitad de su mandato, en el 2016, aún como candidato demócrata, Trump vino a nuestro país a dejar consecuencias delicadas que marcarían el destino de los próximos años, se fue a cacaraquear que el famoso muro lo íbamos a financiar los mexicanos. Esta vez ya existe un antecedente para que no se digan al rato sorprendidos. Tratan con un manipulador de primer nivel, un picapleitos bravucón que no va a dar dividendos positivos a AMLO ni al país.

La frase favorita del presidente cuando se refiere a su prócer, del que se encuentra, por cierto, cada vez más alejado, es “tanto entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Trump va abajo en las encuestas, es posible que pierda, ¿qué mensaje se le manda con su visita, al puntero de los Demócratas Joe Biden?
A mi Abuelo, Don Francisco E. García Estrada. ■

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