El consenso mínimo posible, primer acercamiento

El consenso mínimo posible, primer acercamiento

Más que la izquierda o la derecha, el conservadurismo o el progresismo, lo que está amenazado es el centro político. No objetaré que lo que dominó la mentalidad de las élites que nos gobernaron en la etapa de la transición descansó justamente en esta lógica. No me parece ningún error. Con todas sus fallas, ausencias y posibles retrocesos, esta etapa fue en la que más se avanzó en la construcción institucional de un Estado Constitucional de Derecho. Eso permitió a México avanzar democráticamente, permitir circunstancias y contextos que antes de eso no eran siquiera imaginables, y claro, también enfrió causas, limitó conquistas en búsqueda de consolidar un piso sólido para construir a partir de ahí. Como se podrá apreciar de la anterior exposición, el centro parte de reconocer avances, retrocesos, virtudes, defectos, aciertos y errores. No se casa con una posición ni desoye otras. Atiende y hace un esfuerzo auténtico por entender las distintas posturas. Hoy esa forma de ver la política y el mundo en general está en peligro. Acosado por los problemas que no logró solucionar, el centro político se está agotando, desangrándose entre el populismo y la reacción más radicales. Los extremos se están llenando mientras el centro se vacía, debilitando el puente que les permitiría comunicarse, dialogar y construir. Hoy, estos extremos apenas se gruñen y no necesariamente porque solo emitan gruñidos, sino porque a la distancia y la sordez, las ideas que unos y otros alcanzan a esgrimir no se entienden, no se perciben como tal, además, perdidas las ideas entre tanta ofensa y griterío.

Ambas posiciones tienen razón, sin que esto sea contradictorio. Sí la política es el arte de lo posible, lo es porque en la mente de nuestros más grandes estadistas han podido convivir ideas contradictorias y a partir de ellas y de esa contradicción, construir consensos, encontrando coincidencias que permitan hacer funcionales tales diferencias.

Hoy esta concepción de inteligencia de Scott Fitzgerald (“la capacidad de mantener dos puntos de vista opuestos al mismo tiempo y seguir funcionando”), escasea en el espectro político. En la actualidad solo tenemos agentes convencidos de que su percepción y sus ideas son las únicas con inteligencia, las únicas correctas. De un lado la posibilidad de la paciencia y la autocomplacencia total, sentadas en la mesa del privilegio. Del otro, emociones de desesperanza y desesperación, la revolución de la negación, anclada en una esperanza sin brújula. Entre un extremo y otro los que apostamos por entender las razones y vencer las sinrazones de uno y otro lado, tibios nos han dicho siempre, apestados en ambos lados. Sin embargo, sin este puente de neutralidad, desgastado y todo, no habrá futuro compartido, solo bandos en constante lucha. Una lucha de clases no gestionada por instituciones, derechos e ideas, sino por la violencia que va pasando cada día más de las palabras a los puños y de las ofensas creativas, a la mentira nefasta.

Creo que ha llegado el momento de levantar la voz. De partir hacia una alternativa que permita consensos mínimos, partiendo de una plataforma común, que se puede construir a partir de aspiraciones compartidas de buena fe, por ambos extremos políticos hoy predominantes, me atrevo a hacer una primera lista, pobre y abierta para su enriquecimiento: 1. La lucha contra la corrupción; 2. El combate a la desigualdad; 3. La construcción y consolidación de un Estado de derecho, intolerante a la impunidad. En el interior de estos grandes temas están todos los demás: mejorar las capacidades institucionales; un proyecto incluyente, realista pero ambicioso de seguridad social, salud y educación; fortalecer al Estado y sus instituciones de justicia, reducir sosteniblemente la inseguridad, conquistar en la cotidianeidad la dignidad de las personas a partir de la práctica de los derechos humanos; el desarrollo económico y justicia fiscal. La lista obedece a una concepción liberal-igualitaria de la política, sin embargo, es a partir de ella que podemos descartar, incluir o definitivamente cancelarla, porque desde mi perspectiva de la agenda actual, en esta filosofía cabe la derecha liberal, la centro izquierda, la socialdemocracia y uno que otro populista y conservador que sean realistas. No perdemos nada con intentar.

@CarlosETorres_

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