■ Nueva República Party is over

■ Nueva República Party is over

La realidad es que, en la mayoría de los juegos, para que alguien gane, alguien tiene que perder.
Steven Soderbergh,
The Laundromat

El dicho “El que no tranza no avanza” está enfrentando días complicados desde hace varios meses, en esta semana se tocó de forma frontal (acaso a buenos escobazos) una práctica que había sido tolerada en gran medida por administraciones anteriores, había sido permitida a tal grado, que mucha gente coopero sin darse cuenta en la normalizada costumbre de defraudar al fisco.

Para aquellos que nunca hayan oído de las facturas falsas, espero que baste con esta escueta explicación: se trata de un comprobante emitido por empresas, comúnmente empresas fantasma, que otras empresas pueden comprar con diversos fines fraudulentos, por ejemplo: comprobar enormes gastos ficticios que pueden ser deducibles o reducir artificialmente los márgenes de ganancia para mentir en cuanto a cuánto dinero está haciendo la compañía. Como estas estrategias hay varias más, la emisión misma de una factura falsa ya es un delito, pero el circulo de corrupción se completaba con tres elementos involucrados: Empresa facturera, empresa que compra facturas, y cooperación de pseudo-autoridades cuya vista no era miope sino gorda, así se completaban las mochadas y el triángulo amoroso vivía su idilio. Hace meses ese delicado balance de agandalle se rompió, pues el SAT (amigo, date cuenta) entró con guadaña desenvainada en plena fiesta.

Las llamadas empresas “factureras” no eran otra cosa que grupos delictivos de alcances nada inocentes, todo aquello que implica la emisión de datos apócrifos hacia instancias gubernamentales es por definición un delito, en muchos casos, la emisión de datos apócrifos se utilizaba como herramienta de fraude, pero en ese mundo criminal, dentro de esa alcoba, lo mismo sirve para lavar dinero del narco que para ayudar a empresa tal a reducir su margen de ganancias (en apariencia) para pagar un impuesto menor al SAT.

Como muestra de esta alarmante normalización del delito queda la tremenda escalada que se dio del año 2015 a la fecha, cuando en 2015 el monto estimado era de 40 mil millones de pesos, tan sólo en el lapso de tres años, esta cifra se disparó a 77 mil millones de pesos, de igual manera el número de 21 a 48 millones, y el número de contribuyentes que fue de 5 a 9 millones en el mismo periodo.

El día ocho de este mes se anunciaba la recuperación de 28 mil millones de pesos que se jalaron de los vivillos bolsos de varios evasores, grandes y medianos. Hace un par de días se anuncia que se tiene constancia de fraudes que superan los 55 mil millones de pesos, y el SAT tiene en la mira a 43 empresas factureras que ahora enfrentan acusaciones serias. Raquel Buenrostro Sánchez también reveló un universo de más de 8000 empresas participantes en el monumental fraude. El deporte nacional de la tranza parece enfrentar aciagos días, pues las declaraciones de la mañanera apuntan con hechos hacia un fuerte cambio de la cultura tributaria mexicana. La mejor señal fue que los primeros increpados resultaron los grandes capitales que ahora amenazan con invertir el doble de dinero para poder regresar a los paraísos fiscales a los que los tenían acostumbrados. Es normal que este nuevo SAT, cuadrado y enojón, no les cuadre tanto.

La vuelta a los paraísos fiscales va a resultar el doble de complicada ahora, pues la ciudadanía que había normalizado la emisión de facturas falsas ya parece estar muy al tanto de la nueva normalidad, y no es precisamente la de la pandemia mundial; se trata de un cambio profundo en la cultura tributaria, esto sucede de manera ordenada cuando la ciudadanía comprende que las finanzas opacas son también la saliente donde se cuelgan los grupos delictivos más dañinos que se han instaurado en el país. ¿Los banqueros o los cárteles?

La relación entre crimen organizado y el criminal de cuello blanco se hace patente, el ciudadano nota cada vez con mayor claridad que la línea dibujada entre banco y narco estaba más en las apariencias que en el proceder real. Mientras unos cometen crímenes que finalmente se cobrarán vidas humanas y destruirán economías de municipios y estados enteros, los otros hacen lo mismo pero se les identifica por estar armados en vía pública. No debatamos hoy el problema del huevo y la gallina, entendamos que toda esa violencia en las calles tiene que estar financiada en algún lugar, y mientras más profundo bucean la UIF y el SAT, más se cumple lo que el ejecutivo había señalado desde hace años.

Si algún frente se ha relajado en esta administración, no es el del combate a la corrupción, es en esa trinchera donde el estado realmente se ha visto fuerte y dónde los grupos delictivos han entrado en problemas mortales para su causa, al congelar las cuentas se paraliza toda actividad, tanto de los perniciosos de cuello blanco como del pernicioso brazo armado. Hoy el mensaje abunda en cuestiones insólitas dentro del capitalismo moderno: se girarán las primeras órdenes de aprehensión derivadas de la reforma fiscal penal que entró en vigor el mismo 2020. ■

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