Ante la ignominia racista: la multitud y la rabia

Ante la ignominia racista: la multitud y la rabia

Las protestas en Estado Unidos se han tornado violentas y extendido a más de 40 ciudades de la Unión Americana. La muerte de una persona de color agredida por un policía despertó la indignación de miles de personas que (furiosas) rompen vidrios, incendian vehículos, gritan coléricas y acuden espontaneas a las citas por las redes sociales.

La figura del movimiento no es la confluencia de organizaciones sociales o civiles, sino que se trata de La Multitud. “Multitud” no es ‘pueblo’: no es una cosa que sigue reglas del Estado, sino una pluralidad sin estructura clara, diversa, y que expresa una potencia y una voluntad que se rebela. Cuando el movimiento surge por un ‘pueblo’ está organizado por un centro claro y una visión unificada; la multitud es una acción conjunta de una pluralidad sin centro, pero con alta voluntad. Por eso, los llaman ‘anarquistas’ y son incomprensibles para las derechas doctrinarias, verticales y chatas. Las multitudes son las formas que mejor han hecho avanzar los derechos civiles.

Si la agresión de una persona conformó un movimiento de multitudes, eso se debe a que los que participan en las manifestaciones no son meros ciudadanos solidarios con la persona agredida, sino que ellos mismos son víctimas de lo mismo. No salen a la calle ciudadanos solidarios, sino se muestran las victimas de lo mismo que padeció el agredido. Este último es un símbolo de todos los manifestantes. Como las mujeres furiosas que rayan el Ángel de la Independencia, que destrozan construcciones porque están expresando su ‘propio’ dolor. La furia es la muestra viva y activa del dolor y la rabia de cada uno de los manifestantes. Es una emoción llena de verdad: las sociedades actuales se han polarizado por la extrema desigualdad en todos los órdenes. No sólo desigualdad económica, sino la nacional, de género, de clase, y (un fantasma que estaba enterrado) la raza.

La cosa es que el Presidente de los Estados Unidos es una entidad difícil de entender: en lugar de calmar a la multitud con respuestas a sus demandas históricamente legítimas, contraataca con el ejército y la guardia nacional. ¿Qué ocurrirá cuando el representante del Estado no defiende los derechos, sino ‘la paz romana’ que sólo quiere la ausencia de protestas para que los negocios sigan su camino? Pues no es muy difícil preverlo: la represión puede dar lugar a una guerra civil de baja intensidad. Guerrillas entre grupos étnicos en un país lleno de armas de alto poder. La posición de Trump empodera a los sectores más racistas de los EEUU. Él mismo se pone como uno de ellos. El antídoto es un movimiento social que haga avanzar una cultura de la igualdad en todos los frentes: de clase, de género y, claro está, racial. Equivale a un movimiento de socialismo cultural en el mundo. De lo contrario, las barricadas serán el futuro de la civilización. Socialismo o barbarie.

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