Tener nueve años hoy. Ejercicio de anti-nostalgia

Tener nueve años hoy. Ejercicio de anti-nostalgia
Miguel Ángel Díaz. Nueve miradas, para hacer bailar los árboles del bosque, V. Huidrobo. Fumage sobre papel. 35x35 cm. 2020

La Gualdra 434 / Noveno Aniversario Gualdreño

 

 

Nueve años es una edad muy particular. Uno ya ha salido del mundo plenamente infantil, en el que la imaginación (la ficción) y la realidad se mezclan en proporciones indistinguibles. Pero todavía no ha entrado en lo que ahora llaman la preadolescencia (una categoría que probablemente corresponda más a un estudio de mercado que a otra cosa), a partir de la cual, poco a poco, uno se va deslizando por la agridulce pendiente del también llamado principio de realidad, con la esperanza de que a cambio alcanzará, de un modo u otro, algo de libertad.

Yo entré en esa edad en la primera mitad de los ochenta, en algún lugar entre ET el extraterrestre y los Goonies. En aquel momento, todavía se llenaban los cines y sobrevivían las programaciones de las dobles sesiones, verdadero rito colectivo frente al entonces amenazante auge del videoclub y del placer solitario (o con amigos). A pesar de que no me solían llevar al cine, fui a ver dos veces al extraterrestre de la bicicleta voladora. Steven Spielberg, responsable de las dos películas anteriormente mencionadas, se contaba inicialmente entre las filas de los cineastas disidentes del llamado “Nuevo Hollywood” (como George Lucas), pero había echado abajo la puerta de los grandes estudios e impuesto su visión del entretenimiento, marcando a toda una generación y estableciendo un entretenido pero férreo canon en el cine mainstream.

Mis nueve años estaban pues en algún lugar entre el ñoño beso de la niña Drew Barrymore al arrugado extraterrestre (al que más tarde Spielberg retocaría digitalmente), y el más apasionado que el niño Mickey, protagonista de los Goonies, le robaba involuntariamente a la amiga adolescente de su hermano mayor.

La Gualdra cumple nueve años. Quien manda hoy es Disney, que ha ido devorando con apetito a sus potenciales competidores (Pixar, Marvel y hasta al polvoriento Lucasfilms). Bajo el presunto empoderamiento de las protagonistas femeninas en sus últimas películas de animación, su producción crea imaginarios estereotipados y diferenciados para los niños y las niñas, guetos de género. Ha absorbido y reciclado aquel cine de Spielberg y Lucas, limando las pocas asperezas que habían dejado (recordemos el reciente episodio de las nalgas de la sirena Daryl Hannah en Splash) y han aprovechado la cuarentena para extender su plataforma de streaming, Disney+, ahora que el cine en salas está peor que nunca. La suerte, cuando se tiene nueve años hoy, es que a pesar de todo todavía quedan nichos de resistencia. Póngale a Miyazaki o a Ocelot.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_434

 

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