El Centro Histórico de Zacatecas en tiempos de aislamiento. Una reflexión en torno a su protección y capacidad de resiliencia

El Centro Histórico de Zacatecas en tiempos de aislamiento. Una reflexión en torno a su protección y capacidad de resiliencia
Avenida Hidalgo. Fototeca Centro INAH Zacatecas, Juan Carlos Basabe.

La Gualdra 431 / Arqueología e Historia / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

 

Nuestra ciudad, al igual que la gran mayoría de ciudades del mundo, atraviesa por un momento muy delicado a raíz de la crisis sanitaria del Covid-19, situación que, como un hecho sin precedentes, ha obligado a las autoridades a tomar medidas extremas para promover el aislamiento social, invitando a la ciudadanía a permanecer en casa e incluso restringiendo físicamente el acceso a diversas áreas del espacio público; el cierre de oficinas y la casi nula afluencia de transeúntes, en conjunto con las propias disposiciones sanitarias, han obligado al cierre de comercios y establecimientos.

El centro histórico no ha quedado al margen de ello, los efectos de la pandemia no solamente amenazan la salud de sus habitantes y usuarios, sino su estabilidad económica y social, al verse reducida significativamente la movilidad en sus calles, cambiando de forma repentina y drástica su dinámica cotidiana, y generando, hacia algunas horas del día, imágenes verdaderamente rulfianas.

Bajo este escenario extremo es necesario atender la seguridad del patrimonio cultural ante la amenaza de aquellos que pudieran aprovechar la situación para generarle afectaciones, expolios o vandalismo.

La responsabilidad de proteger, resguardar y cuidar este patrimonio es una tarea ineludible e impostergable, por lo cual, los órganos encargados de esta noble y esencial labor –aún bajo estas complejas circunstancias- continúan trabajando sin receso a través de la Ventanilla Única de Gestión del Centro Histórico de Zacatecas conformada por personal especializado del H. Ayuntamiento, de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Ordenamiento Territorial del Gobierno del Estado y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quienes atienden de manera conjunta trámites, denuncias, visitas de inspección y supervisión de obras públicas y privadas así como suspensión de aquellas que se realizan fuera de norma.

Dichas actividades son de la mayor trascendencia en situaciones como las que hoy vivimos, ya que la salvaguarda del patrimonio cultural, es también una práctica esencial para lograr que las ciudades sean resilientes; concepto que consiste en que estas tengan la capacidad para prepararse, resistir y recuperarse frente a una crisis.

 

Lo anterior es aplicable a los centros históricos en momentos como este, ya que tal como se concluyó en el XIII Congreso Mundial de la Organización de las Ciudades del Patrimonio Mundial, celebrado en Arequipa (Perú) en 2015:

 

El papel del patrimonio cultural, en lo que se refiere a la resiliencia, no debería limitarse a las preocupaciones ante los riesgos naturales. La resiliencia económica y social debería ser también una parte importante de nuestra comprensión del concepto.[i]

 

La UNESCO considera la resiliencia como una importante estrategia metodológica que contribuye para la recuperación de los sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial. El proceso de resiliencia de un determinado lugar patrimonial puede variar con base en la capacidad que tenga para absorber determinados impactos sin sufrir una perturbación en los bienes culturales y soportar presiones y cambios de diversos tipos, revirtiendo efectos y recuperándose para lograr un estado de bienestar igual o mejor que el que se tenía.[ii]

En estos difíciles momentos, es necesario pues, definir estrategias e implementar acciones para garantizar la correcta protección del patrimonio cultural, así como plantear alternativas y preparar escenarios para que los centros históricos no solo no vean afectada su integridad, sino por el contrario, una vez superada la crisis, demuestren su gran capacidad de resiliencia y se conviertan en agentes catalizadores para el reencuentro de la vida social y la recuperación económica de las ciudades.

En este contexto y llegado el tiempo, nuestro centro histórico jugará un papel importante en la contribución para reactivar el desarrollo económico local, lo cual es deseable, pero deberá ser sin menoscabo de su valor patrimonial, considerado universal y excepcional al ser un bien Patrimonio Mundial.

Mientras ese momento llega (y esperando que sea pronto), la espléndida Zacatecas permanecerá ahí, tan señorial como siempre pero tan serena como desde hace un buen tiempo se añoraba.

Hoy día, en tiempos de aislamiento, nos vuelve a mostrar por un momento su amabilidad y calidad espacial y urbana; su magnífica arquitectura luciendo en toda su dimensión, resaltando la singularidad de su caprichosa traza y sinuosa fisonomía, acentuada por la inigualable e interminable danza de balcones y herrerías, de sus elegantes paramentos articulados por esas fachadas de ensueño y de sus imponentes remates visuales; sus plazas, plazuelas, jardines, callejones, calles y avenidas se reconectan, como si la ciudad se hubiera contraído ante el vacío que han dejado los coches.

Parece querer recordarnos que somos los poseedores de una joya como pocas en el mundo y que pudiéramos, tanto propios como extraños, contemplarla y disfrutarla siempre así en todo su esplendor; si dejamos de abusar de nuestro centro histórico y evitamos, por ejemplo, entregar de forma tan desmesurada el espacio público a los vehículos motores en lugar de privilegiar el uso y disfrute del mismo para las personas; si dejamos de sobre utilizar los espacios públicos a partir de usos poco dignos e inapropiados que ponen en riesgo tanto a los usuarios como al patrimonio, al demandar la colocación de invasivas estructuras y generar concentraciones masivas de personas, alterando incluso en ocasiones, el espíritu tradicional del lugar.

Con toda seguridad, para un visitante sería mucho más atractivo verla como luce ahora, en lugar de “no verla” por los adornos e instalaciones efímeras e inapropiadas que le colocan durante diversas épocas del año para hacerla “más atractiva” (irónicamente en temporadas turísticas, cuando más gente nos visita y cuando precisamente nuestra ciudad debería lucir plenamente), lo que hoy nos deja claro, evidentemente no necesita.

No queda duda de que los momentos difíciles son siempre una invitación indeclinable para la reflexión; creo que esta experiencia llevará a la sociedad a revalorar estos entrañables espacios desde el punto de vista histórico, cultural y estético, pero también y, sobre todo, como parte esencial de su devenir cotidiano; por lo que es un buen momento para recapacitar sobre la forma en que los espacios públicos y su utilización apropiada pueden, además de propiciar la cohesión local e incitar a la población a identificarse con sus valores patrimoniales, detonar la resiliencia del sitio en beneficio de todos aquellos que encuentran en el centro histórico una oportunidad ya sea para su recreación, sustento o desarrollo.

 

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_431

 

 

 

 

[i] Resolución de Arequipa, (2015) Conclusiones del XIII Congreso Mundial de la Organización de las Ciudades del Patrimonio Mundial.

[ii] Hiriart Pardo, C. A. y Barrera Sánchez, C.; (2017) La funcionalidad turística como herramienta para impulsar la gestión sustentable y procesos de resilencia en las Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial: Morelia como experiencia práctica. International Journal of Scientific Management and Tourism. Vol. 3 N°3 pp 287-312.

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