Alba de Papel Un día con nosotras

Alba de Papel Un día con nosotras

Prevalecen en la actualidad, quiebres profundos en la relación hombre – mujer, que podrían referirse en primera instancia, a la ética del hombre y su comportamiento social y a la mujer, condicionada desde siempre al “deber ser” y a la persecución de la culpa, incluso por existir.

Ante la controversia que ha generado la convocatoria al paro nacional del nueve de marzo próximo, “Un día sin mujeres”, emitido por el Colectivo veracruzano “Brujas del mar”, que tras la publicación en su cuenta de twitter, se ha convertido en tendencia en las redes sociales, es conveniente reflexionar sobre su propósito y que deja al descubierto, el enorme déficit ético y moral que hoy corrompe a la sociedad mexicana.

La invitación gira en torno a que ninguna mujer, realice las actividades ordinarias, sea mujer del hogar, de oficina o del campo; su lema reza que ni una mujer en las calles, en los trabajos, en las escuelas, en las universidades, en las fábricas; ninguna mujer comprando, todas al paro nacional de “Un día sin nosotras”, para cimbrar la economía nacional y evidenciar el papel fundamental que tiene la mujer en la esfera productiva.

Las especulaciones que hacen los analistas financieros, sobre el impacto del paro, está valuado entre los 26 mil a 37 mil millones de pesos y que por supuesto, son evidencia de la significativa participación de las mujeres en el Producto Interno Bruto del País (PIB), medida macroeconómica que mide los alcances económicos que una nación tiene a lo largo de un año.

La iniciativa para muchos, constituye el grito desesperado del hartazgo y la decepción de las mujeres que luchan contra la violencia y la discriminación (las más), que sufren otras mujeres, frente a la incompetencia del Estado en sus tres niveles de gobierno, que al parecer, sólo enmascaran su trabajo con paliativos estériles en un constante incumplimiento de la Ley.

A algunos días del llamado, las posturas a favor y en contra, se multiplican, no obstante, es una incitación a la reflexión de nosotras y nuestras identidades para culminar en que debemos coincidir en la defensa y legitimación de los derechos de las mujeres que son violentadas y sufren indeciblemente; asimismo, comprender que la lucha se ve empañada por intereses de partidos políticos y sus protagonistas, que buscan algún beneficio en retribución del poder mediático que los impulsa a querer ganar, a costa de lo que sea.

Los datos duros, extraídos de la violencia doméstica, del maltrato verbal, económico y psicológico hacia las mujeres y las niñas, evidencian una profunda descomposición del tejido social, teñida brutalmente por la criminalidad feminicida a cargo de muchos hombres psicopáticos, pero también asumida por mujeres capaces de atentar contra su propio género.

Una crisis ética de dimensión catastrófica se vive, y exige no sólo la conciencia fundamental de que el problema existe y lo sabemos, sino que tenemos la sensibilidad empática de reorientar el sentido de la querella y participar hombres y mujeres en su solución, porque somos seres dotados de voluntad y de principios que deben recuperarse.

En su libro “La mujer y su ética”, María Zulema Areu Crespo señala que las líneas de fuerza que estructuran el mal trabado universo axiológico del “hombre medio” se ve revertido por valores como dignidad, honradez, fidelidad, confiabilidad, formalidad y responsabilidad, se aprovechan en beneficio propio, pero por lo general son “relativizadas” por conveniencia.

Valores como el poder y la posesión son tomados con ferocidad, casi siempre con un destino trágico. Otros, como la libertad y la justicia, son defendidos desde “lejos”, lo que determina el auge del individualismo, que quizá en otros tiempos condujo al hombre hacia el florecimiento pleno de sus disposiciones latentes, pero hoy son caducas, no sirven y sólo fomentan una “vanidad” irresponsable y un imperativo paupérrimo de mayor poder, prestigio o riqueza.

Y la mujer?… Habrá también una “mujer promedio”, posiblemente sí – aunque la mayoría son excepcionales por una u otra razón-, se cuentan por miles , son muy pobres, no han accedido a la educación y viven en condiciones de miseria y de una rudeza cruel que las agobia y al final, la somete con furia, convirtiéndolas en algunos casos en victimarias.

La autora del texto antes mencionado, aborda en forma central el sentimiento de misericordia que es la semilla de lo femenino, ante su necesidad de sentido y de igualdad, no como sinónimo de equivalencia, sino como una reasignación de sus derechos originarios para coexistir en relación con el hombre.

Sin olvidar que la culpa femenina, es una tensión constante que la obliga casi inconscientemente a una subordinación, a una minusvalía que nuestra cultura desde lo religioso ha viciado con saña, y lo social ha pervertido su papel; es inevitable el oprobio que nuestra propia lengua tiene, ya que no es lo mismo decir “hombre público” que “mujer pública”.

La andadura de la contienda es una línea sin fin, los grupos feministas en su múltiple interpretación del devenir social y cultural de la mujer, seguirán bregando para hacerse oír, buscan la colaboración de la otredad femenina y masculina. Quieren defender su derecho a ser escuchadas y tomadas en cuenta.

Que los gobiernos enfrenten la impunidad y la corrupción que impide el cumplimiento de las leyes y la persecución de delito; que los organismos políticos, educativos y sociales establezcan una cruzada por más y mejor educación para las mujeres, que son a fin de cuentas, las primeras educadoras de sus hijos varones; que se fomenten más financiamientos al emprendimiento femenino y que se respete su derecho, en proporción de 50 – 50 de formar parte del Congreso, del Senado y de cualquier estructura gubernamental.

La revista Time Magazine publicó en 1992, una edición especial titulada “Más allá del año 2000”, en ella hay un artículo central y una pregunta: “El siglo que se avecina. ¿Qué es lo que la humanidad aspira a lograr en las décadas que se avecinan?… Gabriel García Márquez contestó: “La única idea que podría salvar a la humanidad en el Siglo XXI, es que las mujeres se apoderen del gobierno del mundo. Creo que la hegemonía masculina ha estropeado una oportunidad de miles de años. Nosotros, los hombres, hemos menospreciado y ridiculizado la intuición femenina y por otra parte, hemos santificado históricamente nuestras ideologías, casi todas ellas, absurdas y abominables. La reversión de poderes es un asunto de vida o muerte.

Educación, salud mental, más oportunidades y seguiremos de pie, para un México mejor, la utopía es necesaria para vivir.

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