Lo que un día fue, no será

Lo que un día  fue, no será

El combate a la corrupción en nuestro país fue una simulación desde hace varios sexenios, algo que ha quedado demostrado tras las diversas investigaciones periodísticas en las que se ha demostrado la correlación entre cárteles y capos con los tres antecesores del ahora Presidente de la República, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quienes según estas investigaciones recibieron dinero de capos como el Chapo Guzman a cambio de permitirles trabajar impunemente en el país, además de emprender una guerra contra otros cárteles.

Otra gran muestra de que la corrupción había estado siendo atacada de manera simulada son los grandes desfalcos realizados a las arcas públicas, mientras nuestros ex gobernantes señalaban la falta de recurso para justificar el incremento del endeudamiento, saqueaban el recurso de nuestras instituciones: robaban el dinero de PEMEX; fomentaban y mantenían en silencio el huachicoleo en el que vendían buques de petróleo a estados unidos sin declararlo y posteriormente lo compraban con dinero púlbico; utilizaban empresas fantasmas para contratar servicios y licitar obras que nunca se realizaron ni se entregaron; compraban medicamentos para instituciones públicas y los vendían en negocios particulares, inflaban los costos y escaseaban su existencia; además determinaban grandes percepciones económicas para los funcionarios de primer nivel y para la clase política, contrataban aviadores e hicieron un jugoso negocio personal y de grupo del erario público.

De esta forma los gobiernos tanto priistas como panistas fueron debilitando a la administración pública, la imagen de la misma ante la ciudadanía y por ende generando entre la misma la creencia de que la corrupción jamás podría ser erradicada, mucho menos la posibilidad de llevar ante la justicia a todos aquellos allegados a los presidentes para pagar por los actos de corrupción cometidos, al mismo tiempo generando la idea de que quien buscase realizarlo realmente sería un loco obsesionado con el poder.

Desde el comienzo de su sexenio, el Presidente López Obrador, ha centrado sus esfuerzos en combatir la corrupción, logró disminuir casi al 100% el robo de los combustibles, así como del petróleo que era planeado directamente desde la torre de PEMEX; han logrado la detención de altos mandos del ejército por dichos actos; han congelado cientos de cuentas con miles de millones provenientes del crimen organizado y lavado de dinero; han cortado de tajo la entrega de obras a cambio del famoso diezmo; han prohibido la condonación millonaria de impuestos a empresas que posteriormente financiaban campañas políticas; han logrado la detención de grandes iconos de la corrupción en nuestro país como Juan Collado, Rosario Robles y recientemente la detención de Emilio Lozoya, allegados a Peña Nieto y quienes probablemente encabezaron el robo de miles de millones de pesos bajo las órdenes del ex presidente, todos ellos apuntan a la captura por primera vez en la vida democrática de nuestro país de ex presidentes.

La corrupción fue sembrada en la mente del mexicano para que fuera tolerable e incluso se nos hizo creer que la misma era parte de nuestra cultura para justificar los actos de los políticos mientras los mexicanos vivíamos en la inseguridad, pobreza, desigualdad e injusticia social, costándonos el 9% del Producto Interno Bruto.

Durante un tiempo los mexicanos creímos que cambiar de fondo nuestro modelo político no sería posible, que sería imposible combatir la corrupción, que creer que tener un presidente honesto no cambiaría las cosas, sin embargo, los esfuerzos y la transparencia que ha sembrado el Presidente ha traído consigo un cambio profundo en la forma en la que los mexicanos percibimos la corrupción, ahora son los mismos ciudadanos y actores políticos los que realizan las denuncias de aquellos personajes que insisten en sostener u viejo sistema, de aquellos que buscan continuar lucrando con los programas sociales en beneficio propio, esto demuestra que la corrupción no era parte de nuestra cultura, que son unos cuantos ambiciosos los que lucraron con el sector público y que los ciudadanos ya no toleran los actos de corrupción ni permitirán que estos continúen presentándose, las elecciones del 2021 traerán otra muestra de que lo que un día fue, en materia de corrupción, ya no será.

México está cambiando, no solamente en cuanto al quehacer de la administración pública ni del quehacer político, cambia también la cultura política de los ciudadanos y solamente así se logran los cambios en las naciones, sembrando el rechazo a lo que está mal, apelando a la ética y a la moral. Juan Collado, Rosario Robles, Emilio Lozoya y cómplices representan a una clase política que está por extinguirse, junto con ellos todo un modelo de corrupción e impunidad. ■

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