El grafiti, una forma de protesta y resignificación para los artistas

El grafiti, una forma de protesta y resignificación para los artistas
El grafiti feminista gira en torno a la lucha contra el patriarcado, la reivindicación de la soberanía de la mujer sobre su propio cuerpo y la denuncia contra la violencia de género ■ FOTO: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ Hay seis tipos de grafiti de protesta, entre estos los feministas, antisistema y anticapitalistas

■ Los primeros deben verse como “recordatorios de que aún no hay justicia”: Marcela Gándara

 

El grafiti ha logrado en varias ocasiones romper las connotaciones negativas que tienen quienes los realizan, como las obras en sí, pues en los últimos años se ha vuelto una forma de protesta o resignificación para los artistas. Contrario a lo postulado por Kelling y Wilson en 1982, donde se plantea la idea de que la contemplación del resultado de delitos urbanos fomenta que estos se sigan produciendo, se ha logrado darle un giro al significado de los grafitis para lanzarlos como propuesta artística.

Contrario a lo que puede creerse, la práctica del grafiti no es un fenómeno reciente, pues se puede rastrear hasta Egipto, donde se han descubierto restos de pintas en las pirámides, así como en la ciudad de Pompeya y algunos edificios medievales e incluso en las murallas de la Alhambra de Granada.

Según Carmen Aguilera-Carnerero se pueden encontrar 6 tipos de grafiti de protesta: feministas, antisistema, anticapitalistas, anticlericales, animalistas y filosóficos; de ellos, los que se pueden encontrar en la entidad son los dos primeros, pues, aunque hay una gran cantidad de grafitis, no son de protesta, sino de propiedad o expresión artística.

El grafiti feminista gira en torno a la lucha contra el patriarcado, la reivindicación de la soberanía de la mujer sobre su propio cuerpo y la denuncia contra la violencia de género, por ejemplo las pintas realizadas en diversos edificios en marchas o tras eventos feministas, como los registrados en la capital el 23 de enero o ejemplos encontrados en distintas partes de la ciudad de Granada, España.

Sobre estos, la doctora en Letras por parte de la UNAM, Marcela Gándara, comenta que los grafitis feministas deben ser interpretados como formas simbólicas de apropiarse del espacio público; recordatorios de que aún no hay justicia. Afirma que el gobierno y los demás ciudadanos deberían respetarlos y mantenerlos como una expresión de respeto, y señala que en otros lugares del mundo se mantienen y no se limpian, como una forma de reivindicar y no criminalizar las protestas sociales.

El grafiti antisistema se basa en el cuestionamiento y crítica del sistema político actual y las fuerzas de seguridad. Suele abogar por la anarquía y la revolución de clases con abundancia de léxico adoptado de las teorías marxistas como “lucha obrera” o “clases”; Basnky es un claro ejemplo: grafitero anónimo que se rige por la máxima “El arte debería confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”.

Los grafitis como expresión artística también pueden ayudar a redirigir el rumbo de una sociedad, un claro ejemplo se da en Colombia que, tras lo vivido con Pablo Escobar, donde habitantes de Medellín se dieron a la tarea de reconstruir los desastres que dejó la guerra contra el narcotráfico y convertir las comunas en arte.

La Comuna 13 se reconoce por mostrar cómo los proyectos de innovación y regeneración pueden transformar a las ciudades y las vidas de aquellos que viven el ellas. Jeihhco, perteneciente a la organización Casa Kolacho, menciona que “Medellín no es un modelo de ciudad perfecta, Medellín es una ciudad laboratorio, donde experimentamos a diario, porque estamos hartos de sufrir, porque estamos hartos de vivir lo que hemos vivido. Porque creemos que es posible tener un mejor mundo, y que somos capaces de construirlo”.

El grafiti, pues, dejó de ser estigmatizado en muchas partes del mundo –a pesar de sus claras excepciones− desde hace tiempo, en Buenos Aires, en París, ahora en Santiago de Chile, permanecen las pintas; en Montevideo también se mantienen. En países donde ha habido dictaduras y se intenta respetar la expresión popular o, sobre todo, cuando hay gobiernos progresistas, mencionó Gándara, y recordó una cita de Paco Ignacio Taibo II en La vida misma:

“Todo el pueblo estaba pintado: paredes, banquetas, bardas, postes de luz, columnas, incluso algunos techos bajos, frentes de casa, bordes de las aceras, árboles. Todo pintado en muchas pasadas y muchas manos (…) Las paredes contaban las historias (…) ¿Quién había dicho que las revoluciones avanzaban sobre un camino de palabras?”.

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