No corromperse y no parecerse al PRI, pruebas para que la transición se cumpla: Muñoz Ledo

No corromperse y no parecerse al PRI, pruebas para que la transición se cumpla: Muñoz Ledo
El político y diplomático Porfirio Muñoz Ledo, en entrevista exclusiva ■ FOTOS: ODÍN SALINAS


■ La 4T es una voluntad de trascender, hacer un cambio de régimen y que se consolide

■ “El periodo neoliberal no ha desaparecido, pero hay medidas tomadas que pueden hacer ya que dibujemos un esqueleto básico de lo que se está haciendo”

■ Desgraciadamente Fox traicionó el cambio democrático; impuso vilmente a Felipe Calderón, la alternancia no se convirtió en transición

 

Sentado en el patio de un céntrico hotel de Zacatecas y despojado del traje y la corbata con la que usualmente le vemos, sino más bien con un outfit casual y un cigarro sin encender entre las manos, el político y diplomático Porfirio Muñoz Ledo conversó con La Jornada Zacatecas sobre su vida, su pensamiento, la política actual y hasta de poesía, luego de que le fuera entregado por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ) el Doctorado Honoris Causa el pasado viernes 22 de noviembre debido a su trayectoria.

– ¿Cómo decidió dedicarse a la política y quién lo motivó, alguna figura de la historia de México, alguna figura cercana?

-Bueno, fue algo gradual. Como los músicos tienen otro ritmo porque son buenos músicos desde que agarran el primer violín, la política no es así, va formándose con mucha lentitud. A mí me inspiró ser, la política nacional primero, los libros de historia. Yo soy hijo de maestros. Mi madre era de educación primaria y ella se dedicaba a la historia con mucho fervor. Ya estaban ahí los libros de historia, no muchos, pero suficientes para enterarme. Cuando llevé esa clase en secundaria, y en civismo, tuve muy altas calificaciones y menciones.

Luego la parte de los concursos de oratoria, que no es la política pero eran entonces, y no sé si ahora, una puerta para entrar. Se dio, porque yo era tartamudo aunque no creas, y entonces me curé con lectura de velocidad y luego lectura de obra de teatro, de lo que fuera. Me acostumbré, por razones terapéuticas, a impostar la voz, a hablar, y eso me dio otra entrada en la política y la oratoria, porque yo era presidente de la sociedad de alumnos de Derecho el año en que gané el Concurso Nacional de Oratoria. Iban de la mano.

Lo más saliente es que yo pasé de la academia a la política. Yo en realidad, en mi generación, que es la generación de Medio Siglo, todos pensamos primero en nuestro desarrollo académico, el conocimiento de los problemas de México, el conocimiento de la política mundial y nos fuimos prácticamente todos al extranjero, preferentemente a Francia, Italia, Gran Bretaña y los que fueron a España. Primero hicimos academia, clases y vida intelectual.

Ocurre que cuando yo termino la academia de Derecho no quedaba de otra que meterme al PRI, a las estructuras, porque, o había que tener un puesto de administración, o lo otro, esperar. Pero algunos maestros, particularmente Jaime Torres Bodet y Mario de la Cueva fueron quienes me alentaron a la vida púbica. Torres Bodet había estado en un puesto diplomático en el extranjero 19 años, y yo le pregunté “¿qué pasa si uno se va 19 años fuera, se le olvida a la gente que existe?” y me dijo “no es cierto, la gente lo sigue viendo y cuando usted regresa, regresará al parejo que su generación”. Entonces en política hay lejanía y no la hay; hay lejanía física pero no se pierde lo acumulado.

-Usted ha sido testigo de la política mexicana de gran parte de la segunda mitad del siglo 20 y lo que va del siglo 21, ¿cómo ha visto la evolución de México y de la política en todos estos años?

-Cambió radicalmente pero todavía no se encuentra a sí misma. Para simplificar desde otro enfoque; yo di un curso en el doctorado de la facultad sobre transiciones democráticas antes de que comenzara la transición mexicana. ¿Qué es una transición? Es el cambio de una sociedad de un sistema político autoritario, vertical, en donde no hay equilibrio de poderes, a uno democrático.

Para mí la primera ola de las transiciones empieza en Portugal cuando cae Salazar. Y luego la española que más conocemos; la transición española estuvo a punto de ser el paradigma. Pero luego encontramos otras muy importantes, de algún modo, la checoslovaca en la que no hubo ni un balazo. Fue muy interesante.

Yo sostengo la tesis que en 1979 fueron las últimas revoluciones. Después no ha habido revoluciones que triunfen. Ha habido Golpes de Estado, guerras internas, pero transiciones no, que cambian de un sistema a otro por la vía pacífica, no. Las dos últimas revoluciones que triunfaron fueron la de los ayatolas en mayo del 79 y la de los nicaragüenses en el mismo año, que en dado caso se dan los dos hechos: la parte revolucionaria y la parte de negociación, pero ya en los tiempos contemporáneos no se gana por una revolución, claro, hay guerras, conflictos bélicos, pero no que cambien de régimen por la vía pacífica.

-¿Cómo cambió la política en México después de 1988?

Al principio lo del 88 nadie lo entendió, ni nosotros en un nivel teórico, por eso me dedique años a estudiar las transiciones democráticas.

– ¿Tuvo que ver la política mundial con lo que sucedía?

– Pensábamos entonces que si ha habido el “NO” al plebiscito para la salida de Pinochet, y en el 89 la caída del Muro de Berlín en el que 150 personas se saltaron una barda y cambiaron la historia. No tenían ni resorteras, si esas cosas habían ocurrido nosotros pudiéramos tomar el poder en México, pero la gente no estaba acostumbrada, y como una tradición revolucionaria se habían tragado la consigna del PRI y los priístas decían: “entramos por una revolución y no saldremos sino por otra”, entonces era casi un llamado a la sedición, un llamado a las armas.

Nosotros no teníamos armas. Eso fue un factor que contribuyó a calmar los ánimos, aunque no estoy de acuerdo en versiones que dan varios autores, como Jorge Alcocer, que dice que yo parado en una mesa en el Zócalo pedí que tomáramos Palacio Nacional. Eso no es cierto, no era el Muro de Berlín, pero sí pudimos haber tomado la calle y yo era partidario de eso.

¿Cuándo comienza la transición y cuándo termina la transición? Sin duda alguna la transición comienza el día que desafiamos al PRI Cuauhtémoc y yo. Vamos a interpretar los estatutos, que ya no haya dedazo, va a ver competencia interna y lanzamos a Cuauhtémoc y eso le pegó a Miguel de la Madrid.

Ahora empezamos a pensar en qué es lo que nos dejó la transición y cuando culmina. No ha pasado nada importante más, el último dato que tenemos es la elección de López Obrador a la presidencia con un 63 por ciento. Ese es el hecho culminante de la transición, mientras no pase otra cosa.

¿Y qué pasó en el 2000 con la llegada de Fox al poder, puede entenderse dentro de esta transición?

-Desgraciadamente Fox traicionó el cambio democrático. Después de todos los presidentes del PRI, desde que me acuerdo, nadie falsificó las elecciones tanto como Vicente Fox, ese fue mi pleito con él. Impuso vilmente, descaradamente, a Felipe Calderón, es evidente. La alternancia no se convirtió en transición, ahí fue el problema, siguió la pelota rodando […] eso fue lo que pasó. Y con Felipe ya ni me acuerdo, fue un gobierno bandido.

-Ahora estamos con un nuevo gobierno, ¿qué le espera a México con la llegada de la Cuarta Transformación?

– La Cuarta Transformación es donde está puesta la esperanza que se tiene en la política, en la obra del Estado. El Estado debe remodelarse. Mucho he hablado de la reforma del Estado y eso es lo que hay que hacer. El neoliberalismo fue una forma del Estado y eso tenemos que corregirlo también, porque a cada rato decimos “se acabó el neoliberalismo”, ¿a qué hora se acabó díganme para que le vaya a sacar una foto?

-Es un fantasma que está ahí…

-Sí es un fantasma y la transición va a suceder cuando se le suceda a él, porque todavía no sabemos qué va a pasar. Aunque sea falso, lo acusan (AMLO) que tiene intenciones reeleccionistas, tienen que calmarse los ánimos y entrar ya en pleno funcionamiento de la 4T. La 4T no es un programa expreso del gobierno, son muchos y esa es una tarea a la que hay que dedicarse. Hay un documento de Andrés de 250 puntos que hicimos en conjunto, que son reformas constitucionales, reformas legales, reformas administrativas, pero no necesariamente las va a hacer todas y habrá muchos obstáculos en el camino.

La 4T es una voluntad de trascender, de que esto que ocurrió, no hace un cambio de gobierno sino un cambio de régimen y que además se consolide. No podemos decir que la transición ha culminado, la transición culmina con la sucesión de él, y ahí veremos qué pasó.

Ahora, un programa económico no hay. Hay uno que presentó al Congreso y está bien pero tenemos que ser más precisos. Hay capítulos que hay que afinar como el de salarios. Para mí una transición democrática es una reforma al Estado. El periodo neoliberal no ha desaparecido, pero hay medidas tomadas que pueden hacer ya que dibujemos un esqueleto básico de lo que se está haciendo.

Es muy importante después del neoliberalismo tener mecanismos legales. Ahora, en México se cruzan el neoliberalismo con el narcotráfico, y puede haber países narcotraficantes que no son neoliberales y puede haber políticas neoliberales que no sean del narcotráfico. Vamos a ver cómo despega la economía, y tengo la certidumbre que con inversiones masivas, no solo de grandes carreteras, sino construcciones de hospitales, escuelas y universidades, esa obra pública absorbe mucha mano de obra, con eso bastaría para echar a andar la economía, más los salarios.
-Me veo obligado a preguntarle esto ¿qué debe hacer Morena para que no suceda lo que pasó con el PRD o no se convierta en un partido de Estado como el PRI?

Estás planteando un problema muy serio y nadie te puede dar una respuesta, pero yo voy a intentar algunas ideas. Primero, no hay padrón porque ha sido un partido-movimiento. El partido nace como movimiento en una plaza pública oyendo a Andrés más de mil gentes. No son los dirigentes, es el movimiento social el que hace al partido, pero los dirigentes se benefician, hacen grilla como en un partido común y corriente y ese es el gran problema.

A mí me tocó ser el primer secretario de organización del PRD; era muy complicado, no había padrones, obviamente eran figuras locales, muy pocas nacionales. Entonces un partido tarda mucho tiempo en formarse y poco tiempo en corromperse, ahí está el problema.

Hay fenómenos que han ocurrido en Morena que son preocupantes, por ejemplo la anulación de parte del Tribunal Electoral. Si hay un conflicto en un partido tiene que decidir el tribunal cómo lo acaba de hacer en Morena. Es un hecho muy delicado, acaba de anular las elecciones internas. Esa es una llamada de atención. ¿Cómo es posible que un partido que lucha contra la corrupción como el primero de sus objetivos, no hay ninguno que sea más importante, se corrompa? Eso le quita totalmente crédito.

Tenemos todavía sin resolver el tema de la selección de candidatos; por un lado se dice que sea por encuestas, otras por congresos y consejo. El de la tesis que es por encuesta tiene fuerza porque simplifica todo en la medida en que haya casas de encuesta que estén dispuestas a meterse a esos niveles.

Ahora, llegar a tomar casillas, desparecer padrones, está muy mal. Todos los partidos tienen el deber constitucional de ser honorables, de tener sus papeles en orden, pero Morena tiene más obligación porque es el partido del cambio y porque es el partido en el gobierno. Entonces la reforma de Morena va a ser indispensable.

Hay grandes pruebas para que la transición se cumpla: una, la reforma del partido y tal vez una nueva reforma electoral, y propuestas, esta es la parte que no está faltando. No son muchas, ni muy importantes las iniciativas que están presentando los diputados y los senadores. No, porque no está garantizado. Yo tengo derecho a presentar una iniciativa sobre Federalismo, tengo otra para los salarios, pero esas no caminan, y no caminan por la sencilla razón de que no tienen luz verde de arriba. Ese es otro problema. Primero no corromperse; segundo, tener una mentalidad clara de lo que se quiere, y tercero, no parecerse al PRI. Simplemente eso, no parecerse al PRI. Ya con eso vamos de ganada.

-Usted pertenece a la generación de Medio Siglo, a la que pertenecen Carlos Fuentes, Sergio Pitol y Salvador Elizondo, grandes personajes de letras. Ha pensado que si no hubiera sido político ¿qué le hubiera gustado ser?

“NO PODEMOS DECIR QUE LA TRANSICIÓN HA CULMINADO, LA TRANSICIÓN CULMINA CON LA SUCESIÓN DE ÉL (AMLO), Y AHÍ VEREMOS QUÉ PASÓ”

– Hubiera sido actor, es lo que me gustaba. Voy a decir algo que no quiero que tenga una interpretación peyorativa, pese a quien la quiere tomar, tómela. Es que el político tiene mucho de actor, no estoy descubriendo nada, no todos, pero es lo que completa la vida de un político.

Y bueno, de repente he participado en recitarles con grupos que organizan por ahí. Acabo de estar en un recital para Carlos Pellicer. Es más, el libro de obra poética, el completo del Fondo de Cultura Económica, yo se lo regalé a Andrés, tenía yo dos. Entonces a mí me ha gustado mucho la poesía. Esa es otra dimensión.

– ¿Ha escrito?

– Claro, mucho.

-¿Hay algún poeta que le fascine?

-Por necesidad hoy voy a Jerez. Hay que pensar que aparte del arraigo popular, de los giros populares de López Velarde, es además un gran poeta. Como que está choteado por La Suave Patria pero no, es un gran poema. Estaba pensando en eso, a pesar de don Pepe Gorostiza, que está del otro lado en un primer lugar para mí.

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