Ayer y hoy: el poder corrompe

Ayer y hoy: el poder corrompe

En la muy recomendable recolección de ensayos de Gabriel Zaid, el tiempo en el que originalmente fueron escritos los textos apenas se asoma, por dos razones probables: o nunca cambiamos o hemos vuelto a los esquemas que presumimos íbamos en camino de superar. En el ensayo titulado La corrupción eliminable, es imposible no dar de brincos en el tiempo y situarnos justo en nuestro contexto, frente a un régimen (nuevo, transformado o resucitado) que día a día, mañana tras mañana asegura sin empacho, sin conflicto ni ánimo de decencia que “la corrupción” se ha terminado desde el primero de diciembre, montado sobre la sobrevaloración que hay de quién la encabeza, respecto a su honorabilidad.

Zaid da justo en este y otros puntos. Escribe al iniciar el ensayo citado: “Es perfectamente posible acabar con la corrupción como sistema de organización política. Pero sería contraproducente aspirar a más: cambiar el género humano, llegar al paraíso en la tierra. Confundir lo que sí se puede hacer con lo imposible termina mal y sirve para justificar el desánimo, la complicidad, el cinismo.”

Luego de la elección del primero de julio de 2018, un mes justamente después, en estas mismas páginas compartí el artículo: Deuda histórica en la transición política, en la que me fiaba de las expectativas del próximo gobierno y de las promesas de combate a la corrupción en voz de su (entonces futura) secretaria de la Función Pública. Este texto da constancia de una decepción que lamento por México y por la esperanza de millones de mexicanos.

El presidente López obrador y su gobierno han decidido ignorar la verdad para situarse en la mentira, con un empeño claro y plano de simulación. Mientras un día sí y otro también se descubren conflictos de intereses de funcionarios y representantes, mientras las cifras de violencia y delitos no ceden, AMLO refuta cada mañana las pruebas, encara a los investigadores o descalifica las indagaciones por sus hacedores. En el mejor de los casos promete acciones que o tardan más de lo esperado o descansan en la, siempre propicia para estos casos, maraña burocrática. Siempre y cuando no sean adversarios, claro, del régimen que se presume transformador de México. Entonces un astuto y capaz titular de la Unidad de Inteligencia Financiera hará su (buen) trabajo en cuestión de días, cuando no de horas.

Gabriel Zaid tiene razón cuando escribe: la corrupción personal y política son distintas, y el presidente coincidiría con él cuando culmina la frase el propio Zaid: aunque se refuercen mutuamente.
La diferencia insalvable surge cuando López Obrador hace descansar todo un sistema sobre sus hombros y es incapaz de reconocer que una simpleza de esa naturaleza es no solo contradictoria, sino indigna de la lucha que ha prometido dar sin tregua. Y en ello se le van carretadas de legitimidad, en necear. Es quizá una de las diferencias insalvables que un liberal (como yo) no puede evitar frente al discurso del presidente: sí el poder corrompe por naturaleza, por ley, sí coincidimos en que la historia a demostrado la verdad de este precepto, a todo hombre con poder se le debe aplicar siempre controles, contrapesos y límites, no solo en su ejercicio concreto, sino en uno más laxo, menos evidente y claro: en el mensaje, en su narrativa, el equilibrio natural es la duda razonable frente a la declaración incuestionable.

Describe Gabriel Zaid: “la esencia de la corrupción política no está en el dinero mal habido, sino en la mentira que hace posible el poder como negocio: un Estado de derecho sujeto a excepciones en privado (…). El poder impune necesita la mentira incuestionable: en los tribunales, en las cámaras (legislativas y de televisión), en la prensa, en las notarías, en los peritajes, en las encuestas, en los testimonios públicos respetables, en los libros de texto, en la opinión pública nacional e internacional, e las complicidades amistosas y hasta en el silencio de los enemigos que prefieren los ajustes de cuentas en las sombras.”

Reitero el final de aquel artículo de agosto de 2018: por el bien de México ojalá y agrego, entienda el presidente y su régimen lo también escrito por Zaid en este ensayo, parte de su libro El poder corrompe: “Todo es corruptible, pero la solución no está en hacerlo incorruptible, sino en prevenir y castigar los abusos del poder. Soñar en un sistema político incorruptible sirve para no llegar a nada. (…) la corrupción política tiene los años contados, sin que cambie el género humano. Basta con un sistema en el que las mentiritas y las mentirotas de las autoridades sean puestas en evidencia y les cuesten”.

@CarlosETorres_

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