Los animales y el espacio exterior

Los animales y el espacio exterior

Hace más de 60 años, un 3 de Noviembre de 1957, una perrita llamada Laika, cuyo nombre original fue “Kudryavka”, fue escogida de entre otros que vagaban por las calles de Moscú, para viajar al espacio a bordo de la nave soviética Sputnik 2, un mes después de que fuera lanzado el satélite Sputnik 1. Era una perra mestiza de tamaño mediano y apacible carácter, características que la definieron como único tripulante en su viaje espacial.

Ella fue el primer ser vivo en órbita y su viaje marcó un antes y un después en la carrera espacial entre la entonces, URSS y Estados Unidos, la gran protagonista de la Guerra Fría.
Durante días la sometieron a múltiples pruebas y entrenamientos para asegurarse de que podría soportar las condiciones de los viajes espaciales.

La cabina del Sputnik 2 era reducida, de ahí que su tamaño resultaba ideal para la misión, para acostumbrarla fueron metiendo a Laika en espacios cada vez más pequeños durante 20 días, dándole de comer un gel especial alto en nutrición, que sería su alimento en el espacio.

Durante años se había creído que Laika falleció sin dolor tras pasar una semana en órbita cuando se agotó el oxígeno de la nave. Pero fue hasta el año 2002 que se reveló la verdad: “murió a las 5 horas del despegue, presa del pánico y el sobrecalentamiento de la nave” según informaron desde la BBC.

El Sputnik 2 siguió orbitando durante cinco meses más con los restos de Laika en su interior. En su regreso a la Tierra, el satélite se quemó al entrar en la atmósfera en abril de 1958.

En total se calcula que entre 1951 y 1958 la URSS envió al espacio a 36 perros callejeros. Se inclinaban por ellos porque “se asumía, que al vivir en la calle, estos animales ya habían aprendido a soportar condiciones extremas de frío y hambre”.

Tras el viaje de Laika la URSS no suspendió estas misiones y al menos fueron enviados 12 perros más al espacio. Cinco de ellos regresaron con vida.

Una de las grandes hazañas de la Unión Soviética en la carrera espacial, fue la historia de Laika, que si bien la misión resultó en tragedia, fue un momento decisivo en la historia de la exploración espacial, por el solo hecho de ser la primera vez que una criatura viviente, había estado a bordo de una nave espacial; su viaje supuso un increíble avance para la investigación de la condiciones de seguridad para el posible envío de humanos al espacio.

Fue el primer animal en órbita, pero una década antes que Laika, tanto los norteamericanos como los soviéticos habían enviado animales vivos en vuelos suborbitales, en nombre de la exploración espacial.

Científicos rusos y norteamericanos utilizaron animales durante mucho tiempo, probando los límites de su capacidad con el objeto de enviar organismos vivos al espacio y devolverlos ilesos.

Los primeros enviados al espacio exterior fueron moscas de la fruta, que volaron a una altura de 109 kilómetros dentro un cohete nazi, el V2, obtenido como botín de guerra a los alemanes. El 20 de Febrero de 1947, Estados Unidos lanzó desde la base White Sands Missile Range, este cohete V2, albergando a un grupo de moscas del vinagre o moscas de la fruta, que dudamos hayan sido nombradas. La intención era conocer los efectos de esos viajes, de la altura, aceleración, y especialmente la radiación en este tipo de insectos debido a que responden a muchas de las sustancias que incluyen los fármacos para humanos y, gracias a su velocidad de reproducción (éstas moscas llegan a vivir un periodo de 30 días y ponen unos 500 huevecillos que eclosionan en larvas en cuestión de horas) sería fácil ver cómo responden las distintas generaciones a los experimentos realizados, ya que éste tipo de insectos, tiene mucho parecido, genéticamente hablando, con el Homo Sapiens. Un 75% de los genes causantes de enfermedades presentes en los seres humanos tienen análogos en el código genético de la mosca de la fruta.

En los años siguientes la NASA envió a varios monos, llamados Alberto I, II, III y IV al espacio, junto a los instrumentos de monitoreo. Todo ellos murieron.

Fue hasta el vuelo de un mono llamado Yorick, acompañado de 11 ratones, en septiembre de 1951, cuando los científicos pudieron afirmar que habían enviado a un primate al espacio y lo habían devuelto vivo a la Tierra.

Tras el éxito de esa misión espacial, los experimentos se hicieron más elaborados y cuidadosos para preservar la vida de los animales, que fueron pioneros, y que podemos llamar héroes y heroínas, que dejaron su huella en la historia universal, ofreciendo en sacrificio su vida, muchos de ellos como Laika, en beneficio de la investigación científica espacial.

*Secretaria general del PVEM en el estado de Zacatecas

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