La izquierda en el cine mexicano del siglo XX [Sexta parte: El nacionalismo revolucionario de la década de los 40’s (Luis Buñuel)]

La izquierda en el cine mexicano del siglo XX [Sexta parte: El nacionalismo revolucionario de la década de los 40’s (Luis Buñuel)]
Luis Buñuel en el set de grabación. Foto del Twitter @DircomGuama

La Gualdra 407 / Cine

 

Es difícil caracterizar a Luis Buñuel como un cineasta que mantuviera una preocupación por hacer un “cine de izquierda”. Nada más ajeno a él, que era un hombre apasionado por los “no discursos” de ningún tipo. Era anticlerical, sí, irrespetuoso, irreverente, surrealista y fársico cuando se le pegaba la gana. Y aunque nada de eso lo convierte en un cineasta de la izquierda, la izquierda lo reconoce como un realizador cuyo discurso, tanto por su contenido como por su forma, lo vuelven liberador y tremendamente crítico de los valores morales de la derecha y de la burguesía. Así que, a veces a pesar de él mismo, la obra de Buñuel se convierte también en un importante referente de la izquierda en el cine, mexicano o no.

Buñuel tiene un gran cine a nivel internacional, pero destacaré aquí solamente algunas de sus películas realizadas en México. Su primer gran filme realizado en nuestro país es Los olvidados (1950), que narra la vida miserable de un barrio popular abrumado por la miseria, y de un grupo de jovencitos, casi niños, que se ven involucrados en distintas situaciones de violencia; Susana, carne y demonio, del mismo año, es una interesante reflexión sobre la conductas conservadoras y aun enfermizas de la burguesía del campo, ante una joven que exhala sensualidad por todas las partes de su cuerpo, interpretado por una Rosita Quintana en la plenitud de su belleza (aquí aparece por primera vez un personaje que obsesionará a Buñuel en toda su obra, y es la del viejo moralista que sucumbe a sus demonios interiores por pasión. Es el mismo personaje de Tristana (1970) o de su última película Ese oscuro objeto del deseo (1977). Es tal vez una representación cruel del propio Buñuel, su alter ego, su crítica mordaz e irónica sobre sí mismo. El tema lo abordará con mucho sentido del humor en su libro autobiográfico “Mi último suspiro”).

En Subida al cielo (1951), Buñuel escandalizará de nuevo a la burguesía conservadora y moralista de su época a través de Lilia Prado, que además de mostrar en el filme las piernas más bellas del cine mexicano de aquel entonces (junto con las de Ninón Sevilla), interpreta a una joven sensual, desparpajada, fresca y sumamente coqueta. En El Bruto (1952), Buñuel muestra a un carnicero que, al servicio de un avaro, reprime a los inquilinos de una vecindad y se apasiona por la amante de su patrón, un filme que retrata de manera excelente las diferencias entre la traición y la conciencia de clase. Reproduzco ahora un interesante comentario escrito por John Baxter, biógrafo de Buñuel:

            “Buñuel, como muchos pensadores de izquierda, sentía un especial afecto por los herederos de la clase trabajadora que se convierten en agentes de la burguesía; los guardabosques de La edad de oro (1930) y La joven (1960), el mayordomo de El ángel exterminador (1962), el policía, el golpeador a sueldo. En cierto sentido, estos personajes traicionan sus orígenes de clase. En otro sentido, representan la pugna constante de intereses personales en cada miembro del proletariado. O de nuevo, pueden ser vistos como víctimas del «confusionismo» promovido por la cultura dominante”.

La filmografía mexicana de Buñuel continúa con Él (1952), un retrato cruel de un hombre paranoico y trastornado por los celos, en plena descomposición emocional, conservador y religioso en extremo, aparentemente un fino caballero de conducta moralmente irreprochable. De nuevo la burguesía mexicana pegó un grito en el cielo.

Sobre La ilusión viaja en tranvía (1953), una tragicomedia fársica y crítica del pueblo mexicano, el propio Buñuel comentó: “Ustedes saben que en los vehículos públicos en México es posible, o lo era en aquella época, encontrar gente que lleva cajones de fruta, o guajolotes vivos, en fin: las cosas más increíbles, y por eso se me ocurrió que en el tranvía viajaran los obreros del Rastro con los cuartos de res, y las viejas beatas con la imagen de un santo”. En la propia película, una señora intenta pagar el boleto del tranvía y Mantequilla se niega a recibir el dinero; ella le confronta: “Eso es comunismo”. Segundos después, un par de individuos adinerados comentan: “Y pensar que éstos tomarán algún día el poder”.

            Ensayo de un crimen (1955) es otro retrato cruel de la burguesía y de la justicia mexicanas. En esta película, Buñuel explora la conexión entre el erotismo y la muerte, a propósito de un personaje obsesionado por cometer un crimen perfecto, con propósitos estéticos más que criminales; sin embargo, los crímenes finalmente resultan verdaderos, debido a otras circunstancias. El filme está considerado uno de los mejores de la filmografía nacional.

Nazarín (1958) es una de las películas más inquietantes de Buñuel, sobre un sacerdote que decide asumir los primitivos valores del cristianismo y convivir con prostitutas, trabajadores y miserables, en el México de principios del siglo XX. El sacerdote siempre que hace una buena obra, que termina devorada por los demonios humanos de una realidad que no comprende. Una gran película, sin duda, y sin duda también comprometida con las clases marginadas.

Después, Buñuel comenzaría a trabajar con Gustavo Alatriste como productor, y el resultado fueron películas como Viridiana (1961), a la que un artículo publicado en el periódico oficial de El Vaticano provocó su inmediata prohibición en España; El ángel exterminador (1962), otro relato cruel de la burguesía, filme basado en un libro cinematográfico de Luis Alcoriza y en la que el punto de partida fue, según palabras del mismo Buñuel, “una historia que se me había ocurrido hacia 1940, en Nueva York, en la que un grupo de invitados a una cena elegante se veía obligado a permanecer en la mansión, sin que hubiese una explicación lógica de por medio”, y Simón del desierto (1964), escrita por Julio Alejandro, obra incomprensible para muchos aun en nuestros días y que fue afectada por razones de presupuesto, ya que Buñuel tuvo que recortar muchas imágenes y escenas que tenía concebidas.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_407

 

 

 

[i] Sexta entrega de la serie de textos escritos y facilitados por el escritor de libros cinematográficos, Xavier Robles (Rojo amanecer, 1989; Los motivos de luz, 1986). Robles, siempre comprometido con los movimientos sociales de izquierda en México, nos comparte los ensayos que esperamos aporten reflexión sobre el cine. Nota de Carlos Belmonte Grey. Continúa en el siguiente número de La Gualdra.

 

 

 

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