La escritura desde el cuerpo: Verónica G. Arredondo

La escritura desde el cuerpo: Verónica G. Arredondo
Verónica G. Arredondo. Fotografía de Alejandro Ortega Neri.

La Gualdra 407 / Entrevistas / Poesía

 

Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984). Egresada del doctorado en Artes de la Universidad de Guanajuato, y Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autora de Ese cuerpo no soy, Je ne suis pas ce corps —traducción al francés de Élise Person— (RAZ Éditions 2018/UAZ, 2015; Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014); Verde fuego de espíritus (IMAC, 2014; Premio Dolores Castro de Poesía 2014); Damas errantes (próxima publicación en Policromía, 2019); Voracidad, grito y belleza animal (UAZ, 2014) ensayo-tesis de maestría, y de diversos libros de artista. Becaria del Fonca Jóvenes Creadores 2017-2018. Beneficiaria del PECDA Zacatecas en Creadores con Trayectoria 2019. La poesía de Verónica Arredondo cruza elementos relacionados a la condición humana y la femineidad, extrapola la violencia desde la belleza y revela de forma natural los imaginarios fantásticos y a la vez tan crudos que nos rodean.

Armando Salgado: Tanto en Verde fuego de Espíritus (IMAC, 2014) y Ese cuerpo no soy (UAZ, 2015) hay un cruce de elementos que posicionan lo femenino como un torrente, y a la vez, un vacío frente a la violencia de género. ¿Qué distancias hay entre ambos poemarios y qué otros cruces existen?, ¿cómo sobrellevaste esta escritura dolorosa?
Verónica G. Arredondo: Ambos son libros distintos, si bien se relacionan desde lo femenino o la escritura desde el cuerpo, Verde fuego comenzó como un ejercicio, a partir de un verso del poeta chino Tu Fu y terminó relacionándose con las líneas de origen o trigramas de El libro de las mutaciones, I Ching; Ese cuerpo tenía la necesidad de denuncia, encontrando la belleza en medio de esa crueldad irreal en la que vivimos. Coinciden en la naturaleza como elemento central, siendo entorno o ambiente que determina el desarrollo del poema. Después de Ese cuerpo quedé sin el menor ánimo de leer noticias, nota roja; hasta hoy prefiero no saberlas.

 

AS: Estudiaste la maestría en Filosofía e Historia de las ideas en la Universidad Autónoma de Zacatecas: ante los escenarios actuales en México y los diversos conflictos que se extienden por el mundo: como escritora y mujer, ¿hacia dónde debemos ir?, ¿qué debemos hacer?, ¿qué otros cambios son necesarios?

VGA: Es complejo. Pienso que un cambio profundo tendría que venir desde el tejido social, cultural, de valores, unión, respeto, armonía y mucho amor.

AS: ¿Qué dificultades has tenido como poeta?, ¿qué podrías compartirle a quien apenas desea incursionar en la escritura de poemas?, ¿qué autoras han sido base en tu formación literaria?

VGA: Antes de publicar tenía pánico escénico a hacerlo, ahora pienso en la falta de distribución de las editoriales, en los libros embodegados, etc. A quienes escriben sólo podría decirles que confíen y cultiven su trabajo con respeto y congruencia. Entre las autoras que me han marcado han sido: Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Marosa di Giorgio, María Auxiliadora, María Negroni, María Sabina, Maricela Guerrero, Sara Uribe, entre otras.

 

AS: Tu libro Ese cuerpo no soy (UAZ, 2018), fue traducido al francés; ¿qué experiencia te dejó ser traducida a otro idioma?, ¿cuál es tu relación con la literatura francófona?, ¿en dónde se puede conseguir ambas versiones?

VGA: Ha sido muy enriquecedor el trabajo en conjunto, diálogo, consulta, intercambio cultural y amistad, desprendidos de la traducción de mis poemas tanto en francés como en inglés, he aprendido mucho de Élise Person y de Allison A. de Freese. Han sido encuentros demasiado afortunados. La edición del libro en francés está disponible en la página de RAZ Éditions o directamente conmigo, en español la edición está agotada. Tanto Verde fuego de espíritus como Ese cuerpo no soy pueden descargarse libremente en los blogs: Poesía Mexa y Periódico de las Señoras, respectivamente. Tengo particular interés por la literatura francófona quizá desde que comencé a investigar la obra de Lautréamont —sobre la cual concluiré pronto la tesis de doctorado—, me llevó a descubrir la multiplicidad de autores valiosísimos para la literatura universal.

 

AS: ¿Cuál consideras que sería el futuro de la poesía mexicana?, ¿qué otros proyectos tienes?, ¿de qué irá tu poemario Damas errantes que publicará el IZC?

VGA: Es incierto. Estoy trabajando con apoyo del Pecdaz (trayectoria) en un proyecto sobre teatro, danzas rituales (del Sol, tradición de los indios norteamericanos) y el imaginario (máscara y representación) en la obra de Rafael Coronel, es un libro de poesía. Damas errantes es sobre hechicería, sigo hablando de mujeres, ahora desde la concepción de la poesía desde sus orígenes primigenios: invocación, rito, magia, ¡mis primeras lecturas! Y es parte de un proyecto en colaboración con la gráfica.

 

AS: Cuéntanos las cosas que disfruta Verónica Arredondo:

VGA: Ir al temazcal, leer, escribir, disfrutar a mi familia, comer chocolate, beber pulque, hacer lo que me hace ser feliz.

Del libro Damas errantes

Dos mujeres desnudas, en pleno vuelo, a mitad de la noche.
La mayor dirige encorvando su espalda,
conoce la turbulencia de estrellas
y cómo esquivar telarañas galácticas.
No hay avistamientos de lluvia,
ni de objetos sin licencia de vuelo.
Viajan sin destino aparente.
Cielo despejado,
de una chimenea proviene la humareda;
el llanto de un recién nacido.
Las provisiones se han agotado,
el Sabbat se aproxima.
Una lechuza observa
el descenso.
El aterrizaje será́ forzoso.
La mujer más joven jala el cabello de la mayor
para evitar la caída libre.

 

En el bosque una mujer recoge su falda. Sus piernas endebles, de rama o de insecto hecho de rastrojo. Se desnuda. En cuclillas desata en su espalda: el sonido de un paraguas al abrirse: un par de alas. Vuela en busca de mantequilla que libar, distraídamente, en lecherías o la que recién preparan las hadas. Cuando anochece salta veloz la cerca, para beber la leche tibia de vaca, con sus orejas de olivo y su pata de liebre.

 

Del libro Este cuerpo no soy

[Al aire el cuerpo duele]
Frontera: desierto/mar

Yo tampoco escogí venir a esta playa de cactáceas
y luciérnagas voraces
ni escogí́ andar descalza con la aridez rasgando
mi rostro
En este desierto de flor inmarcesible
todo yace aquí fosilizado
Atrapaba estrellas fugaces y piedras para lanzar
al infinito
Yo no quería venir a este matadero
donde cuerpos navegan bajo tierra o boca abajo
en el mar
La playa es un paso en falso:
al fondo
una fila de rocas
Dirán que fue suicidio
Me arrebataron de la tierra sin ser mi tiempo
Alguien vino hacia mí con la marea violenta
penetrándome cada costa del cuerpo
Alguien me dejó por pezones dos caracolas abiertas
De este mar sangre de mi sangre
vuela un pájaro esquelético a postrarse en el corazón
de los míos
Esperaré despierta con el rumor del aleteo en cada
piedra
Alguien:
cuando los alacranes me suban por las piernas
quizás encuentren tu torso mutilado en la arena

 

Mamá, ¿qué es eso a lo lejos en el mar?

Me he preguntado a menudo si era más fácil averiguar la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano.

Viejo océano…Tienes que decírmelo para que me alegre al saber que el infierno está tan cerca del hombre.

Lautréamont

 

Mamá, ¿qué es eso a lo lejos en el mar? Hay un animal que duerme el sueño del océano: es ciego, tiene la piel viscosa, su boca guarda hileras interminables de colmillos y, cuando bosteza, devora los astros. ¿Y a qué hora bosteza? Cuando se oculta el sol. No puede tragar fuego sin quemarse, por eso abre tan grande la boca y lo oscurece todo. Encerrado, el sol grita, pero nosotras sólo vemos las estrellas.

 

**

Mamá ¿y qué es lo que está a lo lejos, lo que se ve desde aquí́? Es una isla de cruces. ¿Quién las lleva hasta allá́? La marea y el viento las llevan en una barca, una por cada niña o cada mujer. ¿Cómo saben que ellas no volverán? Unas están muertas en vida. Otras, cuando la playa está picada, tropiezan y se ahogan. El mar las golpea contra el acantilado hasta destrozarlas. Y yo de cuales soy: ¿de las que tropezaron o de las que mueren en vida?

 

 

Epitafio

Dejan una a la vez, en cada visita. Descalza de pies, desraizada. Doncella con vestido de pétalos, multicolor. Sobre esta lápida una joven releva el cuerpo derruido de otra. Ignoran que, recién cortadas, el proceso será́ inminente, como hueco en un reloj de arena, acelerando el viaje al siempre otoño. Una más y otra, en cada visita.

 

Caracola abierta
mudar de nombre bajo la tierra
llamarme desde otra piel
al aire el cuerpo duele
busca la lengua del eco
que me arrastra a esta voz

Del libro Verde fuego de espíritus
[Fragmento]

Sólo es un árbol
un árbol gris
[para quien lo ignora
es un paisaje petrificado]

Si te acercas
y miras bien adentro
entre sus comisuras
fijamente

Hay un teatro feérico

Asistimos a una representación:
Pequeños bailarines alados
portan máscaras y zapatillas de ballet
Danzan iluminados por una luz verde

El escenario es este:

¿niñas son marionetas?
¿usan máscaras?
¿tienen los brazos emplumados?
¿llevan cuchillos por uñas?
¿miran con ojos engarzados?
¿chocan las manos?
¿llueven plumas?
¿negras?
¿blancas?
¿cortan sus hilos?
¿rojos?

Hay un incendio

Mamá: ¿y el jardín?
¿y la niña cisne?
¿y las marionetas?
¿y tus flores azules?
¿y los pequeños danzarines?

Mamá: ¿y los cuervos?

Aquí hay un jardín petrificado

 

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