La Catrina coquetea con Goytia

La Catrina coquetea con Goytia

Autor: Marcelo Mejía Aguilar
Residencia: Calera de Víctor Rosales, Zacatecas, México

Francisco Goytia, museo de pintura,
La Parca aquí se apersona
interesada en arte y cultura.
¡La obra del pintor la emociona!

La Flaca curiosa cruza el jardín;
Inquieta, lee el nombre del museo;
supone mote de fatuo catrín,
sepultado en lujoso mausoleo.

En la web consulta, muy coqueta,
la semblanza completa del pintor;
<Francisco Goytia, “El Anacoreta”>
Lo define YouTube en buscador.

La Flaca es tan amante del arte,
como Goytia de temas religiosos.
Ambos aman trágicos pasajes;
se identifican como reales esposos.

También hay obras de gubia y cincel
de la plástica zacatecana experta;
de Felguérez, Ruelas y Coronel,
para La Parca ¡sólo El Asceta!

La Flaca no parece coherente;
se prendió de Goytia y su pintura;
planea revivir al fresnillense;
casorio divulga con premura.

-¡Goytia, como yo, ama lo escueto!
¡Me simpatiza para compañero!
¡Haríamos el equipo perfecto!
¡Sería mi encrespado caballero!-

Vibró al mirar Tata Jesucristo,
y el cuadro de Los Ahorcados;
congenia con el diestro Panchito;
lo tutea con tintes alocados.

La Esquelética admira en el museo
El Paisaje Santa Mónica
que adorna el libro de tercero,
¡causándole éxtasis hedónica!

Fascinada por el arte del pintor,
elige su mejor autorretrato,
para tatuarlo en “su rincón”,
y al artista atarlo en amasiato.

Goytia, aún con su porte y harapos,
hacen que La Flaca alucine
como el más apuesto de los guapos;
¡hasta decidió quien la apadrine!

En pueblos y panteones, se rumora
¡La Muerte corteja inerte chico!
¡De Goytia y sus restos profanadora!
¡Repugnante chisme en Xochimilco!

En la era de la Revolución,
por orden del general Ángeles,
el franciscano grababa la acción
y La Parca segaba las huestes.

-¡Goytia debería vivir en Zacatecas!-
Medita La Flaca sobre su chato,
-¡Aunque ya tendría manos chuecas,
me pintaría grandioso retrato!-

Localiza de Goytia su tumba,
besa la osamenta corporal;
ella, atolondrada se derrumba,
completando cuadro pasional.

Goytia, enfadado despierta:
-¿Con qué derecho invade mi lecho?-
Ella responde pícara y coqueta:
-¡Soy tu dama, mi pintor maltrecho!

-No abuse, señorita flaquencia!-,
responde Goytia de malhumor;
-En vida, con usted tuve paciencia,
¡no perturbe mi silencio, por favor!-

-¡No sea inmunda. Tuve ya mi defunción!-
Goytia propone prudente amistad;
para La Parca, es amorosa opción
que toma por compleja dualidad.

-¡Me cautivaste con Los Ahorcados!,
replica La Flaca con regodeo;
tú pincelas humanos colgados,
yo los cargo al eterno mausoleo.

Atraída con la vida de Goytia,
y confianzuda hace airado reclamo:
¿Por qué no me llevaste a Venecia?
Habría mercado mi velo y mi ramo.

Francisco vocifera iracundo:
¡Vas muy adelantada, señora Tilica!
Mi tumba es mi codiciado mundo,
¡Déjeme en paz! ¡Usted mortifica!

-Ella, airada, lo manda al inframundo,
y promete con férrea esperanza:
-“Mi Panchito” ¡Duerme profundo.
Allá mis chones querrás de organza!-

Nadie conoce la eternidad
ni qué será de La Huesuda.
Si en el más allá hay intimidad,
Goytia pinta a La Parca desnuda.

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