¿Qué con las leyes secundarias de la reforma educativa? (tercera y última parte)

¿Qué con las leyes secundarias de la reforma educativa? (tercera y última parte)

Cuanto más sabio y poderoso es
un maestro, más inmediatamente se
realiza su obra. Y más simple es.
Carlos Castaneda,
antropólogo y escritor de origen
Latinoamericano.

El sistema educativo de siempre ha sido un botín para quienes quieren verse beneficiado de él y no para quienes lo quieren beneficiar, los detractores del gobierno actual –algunos senadores y diputados, además de varios integrantes de la iniciativa privada-, aseguran que la reforma educativa –la de López Obrador-, es un retroceso para la educación; argumentan que lo que se necesita es tener mejores maestros, no sé realmente qué entiendan por mejores maestros –maestros sumisos que no tengan otra misión más que actuar como si fuera obreros de la educación-. Ahora, por cuestión de tiempo, la Reforma Educativa a la que llamaría del 2018, no ha convencido del todo, a la fecha, lo que más ha sobresalido es que en discurso se dice que habrá transparencia en la asignación de plazas, como si esto fuera el único aspecto a considerar en la educación –se quedan muy cortos-.

Este asunto debe ser prioridad del actual gobierno y, además habrá que estar atentos a los ataques “políticos” para que no se revierta cualquier iniciativa o acción que se realice en el ámbito de la reforma educativa lopezobradorista. A los opositores de la actual Reforma Educativa, no les interesa un proceso educativo acorde a las necesidades de la sociedad, más bien lo que desean es una forma de seguir gozando de los privilegios que la reforma educativa peñista les otorgaba. En contraparte, las leyes secundarias de la reforma educativa actual, en su contenido dan a entender que se corregirán muchos errores del pasado, puede ser creíble mientras no se demuestre lo contrario.

Cuando hablo de una reforma educativa, lo hago en términos de lo que normativamente se encuentra establecido en las leyes secundarias, tomo como referencia la actual reforma –la del Presidente Andrés Manuel López Obrador-. La Secretaría de Educación Pública (SEP) así como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), sin contar a los detractores de esta asociación sindical, a la fecha, solo han sido figuras decorativas del sistema gubernamental y educativo. Hoy día, todavía no se han visto resultados en torno a lo que, por ley han aprobado los integrantes del Congreso de la Unión; me refiero a las leyes secundarias; lo cierto es que, mientras no se promueva la profesionalización de los docentes, no habría garantía de mejorar el sistema educativo.

Una de las bondades del sistema educativo y de quienes le podrían dar rumbo al mismo, son las instituciones formadoras de docentes; mismas que, en el anterior gobierno, pretendían desaparecerlas, no podríamos concebir un sistema educativo sin instituciones que formen a los maestros, lo que se hace necesario es que se transformen dichas instituciones, que se restructuren los modelos curriculares de forma tal que se pueda responder a las necesidades educativas que la sociedad requiere. Se debe cambiar de perspectiva en los procesos educativos, es necesario que los educandos sean el centro del proceso mismo, y, los maestros, los promotores de la formación del educando, vía la educación y no tanto de la instrucción.

Se ha dicho hasta el cansancio que la reforma educativa peñista en lo más mínimo tenía la intención de apoyar al sistema educativo, más bien, su intención era servirse del mismo; siempre tuvo detractores insistentes, persistentes e incluso intransigentes –la CNTE y el entonces candidato a la Presidencia de la República (AMLO)-. Reitero, quien siempre se ha mantenido como rémora del sistema de gobierno, es el SNTE, ya que sus “líderes” mantienen adormilados a un gran número de maestros quienes, se siguen comportando como obreros de la educación; el SNTE les hace creer a estos maestros que con la nueva reforma, lo que ahora viene es un nuevo modelo curricular, ni siquiera esperan un nuevo modelo educativo. Esto quiere decir que, a lo largo de la historia de nuestro México y particularmente a partir de los años setenta, no se ha experimentado una transformación educativa; se espera que con la aplicación de la actual reforma, dicha transformación se haga presente.

Hoy día y de acuerdo al discurso oficial, no sé si se habla de una nueva escuela o una escuela nueva –cuestión de interpretación-, lo cierto es que todavía existen directivos dentro de nuestro sistema educativo que creen que cumplen satisfactoriamente sus funciones con el hecho de que administran adecuadamente los recursos financieros y, a partir de ese “cumplimiento”, hablan de un sistema educativo eficaz y eficiente; por supuesto que esto no es promover la educación, es solo administrar las escuelas –ni siquiera lo conciben como un centro educativo-. La actual reforma educativa no lleva ese cometido, lo que se requiere es que esa generación de directivos vaya saliendo del sistema y, lleguen directivos que sean técnicamente competentes y socialmente competitivos y comprometidos.

Concluyo, el hecho de que se hayan aprobado las leyes secundarias en lo que parece ser la nueva reforma educativa, no se puede aseverar que el sistema educativo se fortalecerá, veámoslo por lo pronto, como una figura con aspecto más de política que de educación –una figura de acuerdo político-. Aunque en un primer momento, se le haya dado legalidad por medio del Congreso de la Unión, no podemos asegurar que ello traiga consigo la transformación educativa. ■

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