6 años de soledad

6 años de soledad

Martí Batres Guadarrama siempre recordará el día que conoció la soledad. Después de que el grupo parlamentario de Morena en el Senado de la República escogió a la tabasqueña Mónica Fernández como su candidata para ocupar la presidencia de la Mesa Directiva, un desencajado Martí se presentó ante los medios de comunicación absolutamente solo. Esa imagen me recuerda al inicio de 100 años de soledad, cuando uno de los Buendía, solo, frente al pelotón de fusilamiento no hizo otra cosa más que recordar mejores tiempos. Desde ese día Batres Guadarrama parece haber caído en un laberinto – que bien podría ser también el de su soledad- del cuál parece no saber como salir.

Después de la elección hubieron dos momentos que llamaron mucho mi atención y creo que la del público en general. El primer momento fue precisamente la reacción de Martí quien sin nadie a su alrededor decidió salir a la prensa a despotricar contra el proceso que se había llevado a cabo. Me pareció bastante extraño que ningún otro senador o senadora lo acompañara y me hizo preguntarme si en realidad el único inconforme de su latente salida de la mesa directiva es él mismo. Paralelamente, siguiendo el estilo de Donald Trump, Martí convirtió a twitter en su ametralladora personal para disparar al viento sin darse cuenta que las balas podrían regresar a una velocidad estrepitosa.

Instantes anteriores o posteriores, dentro del mismo Senado de la República, un grupo numeroso de senadores y senadoras de Morena se presentaron para respaldar la elección de Mónica Fernández. Ninguno, desde ese momento hasta ahora, ha desvirtuado la elección de la tabasqueña. El proceso tiene así dos visiones opuestas; la primera es la de un hombre que parece querer aferrarse al poder y la otra la de un grupo de legisladores para quienes el tema es ya materia resuelta ¿A quién le hace daño entonces el comportamiento de Martí?

En lo personal identifico dos potenciales afectados. El primero es Morena. Martí ha dicho que fueron las rencillas interiores las que disminuyeron al PRD a tal grado que en días recientes cedió su registro para crear un movimiento futurista integrado por gente del pasado. Sin embargo aquí hay dos puntos en los que me parece Martí está equivocado. El primero es que es precisamente su actitud la que, frente a la cohesión que mostraron los legisladores en torno a Mónica, está causando ruido hacia el exterior del partido.

El segundo punto es que Martí está buscando vincular al partido a la vida del poder legislativo, algo que en la piel del PRI y del PAN resultó altamente perjudicial para cada uno de estos partidos y para la democracia mexicana. El senador Batres debería de entender que a la democracia, y al partido que dice defender, le iría mucho mejor sin mezclar las acciones partidistas con las labores del ejecutivo, del legislativo y del judicial. Por el bien de la democracia en México, entonces, Martí debería parar.

El segundo actor que creo que se puede ver afectado es el mismo Martí. Sus acusaciones hacia el proceso dejan en evidencia que el cree que sus compañeras y compañeros no saben decidir por ellos mismos y que entonces necesitan que él tutele sus decisiones para que no cometan errores. En este sentido, y para seguir con las analogías literarias, Martí se asemeja a Napoleón –el personaje creado por Orwell en rebelión en la granja- quien una vez que llega al poder se olvida de su convicción de que todas las personajes en una sociedad son iguales. Tal vez le esté ganando su gusto por las ideologías soviéticas del pasado.

Martí perdió porque la mayoría de sus compañeros y compañeras no votaron por él. Hubo quienes lo hicieron y eso también lo tiene que recordar porque atacar el proceso busca desacreditar a quienes eligieron a Mónica Fernández pero de paso desacredita a quienes decidieron apoyarlo y al final se quedará todavía más solo.

De continuar así, tratando de defender su reelección y no el proceso democrático, los próximos 5 años en la Cámara Alta serán para Martí como su primer año; llenos de soledad. No está atacando a una persona en particular, a quién Martí está atacando es a la voluntad de sus compañeras y compañeros, misma que en esta ocasión no le favoreció. Como cualquier derrota, se trata de un momento difícil de asimilar, pero de la madurez del senador dependen muchas cosas, esperemos que se de cuenta.

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