La contrarreforma en la UAZ (II)

La contrarreforma en la UAZ (II)

Es un lugar común, en especial entre los universitarios, aludir en sus disertaciones a la pobreza económica del estado de Zacatecas. También lo es denunciar la ausencia de un auténtico plan de transformación de la entidad. Por lo regular tales afirmaciones se hacen como parte de una estudiada posición política que pretende desplazar, en el plano de la ideología, la legitimidad de la fuerza dominante en la universidad al acusarla de carecer, también, de un proyecto de universidad; lo que en el espacio imaginario del discurso equivale a no tener una visión de país. Así se emparejan dos incapacidades en dos diferentes niveles: por un lado, el gobierno del estado y por el otro la rectoría de la universidad, lo que indica la urgencia de ese plan ante la catástrofe inminente. De esa manera se fundamenta la necesidad de una reforma. Sin embargo, una cosa es que desde el punto de vista ideológico las elites dominantes carezcan de capacidad de respuesta y otra muy diferente que no tengan la fuerza política para desvirtuar cualquier tentativa de alterar la configuración del poder de mando, lo que implica que inaugurar una reforma en esas condiciones es apenas un medio para recobrar la estabilidad perdida debido al recrudecimiento de la lucha interna. Si recordamos el contexto universitario en el que se lanzó la reforma de 1999 notaremos de inmediato que la rectoría de la universidad quedó en manos de la corriente política ABCD y su abanderado Virgilio Rivera Delgadillo, pero las agrupaciones perdedoras lograron generar un clima de ingobernabilidad debido a la toma de rectoría por nueve meses y al despliegue de una intensa campaña de desprestigio. Lo que se aunó a la crisis “estructural” de las finanzas universitarias. No está de más decir que “estructural” es un adjetivo que no alcanza a describir lo que ocurre en la UAZ, que hoy por hoy continua bajo el asedio de una crisis estructural recurrente que mina sus finanzas. Lo novedoso es que la causa preferida de esa situación, el modelo neoliberal, dejó de existir, al menos como arma discursiva. Es posible afirmar que la reforma de 1999 funcionó para reestructurar a la elite dirigente de la universidad: ABCD fue desarticulado y se reinventó como“Grupo Universidad”, que salió a la palestra con candidato prestado (Rogelio Cárdenas Hernández) para realizar los objetivos de la reforma universitaria. No lo logró, pero impuso sin resistencia alguna una contrarreforma que anuló, legalmente, los resultados del Congreso Integral de Reforma, es decir, se nulificó el trabajo de toda la gente que se tomó la molestia de escribir una ponencia, sugerir una idea, asistir a cientos de asambleas, discutir poco o mucho sobre la visión de la universidad, pero que no tuvo la capacidad organizativa para defender sus propuestas. Por paradójico que parezca la contrarreforma en la universidad generó un modelo propio de neoliberalismo. Aquí cabe la siguiente aclaración: elneoliberalismo, como idea general, aparece tanto en la economía, la política, la sociología etcétera, con múltiples usos que remiten a la especificidad de cada campo del saber. En economía se asocia al libre mercado, en política a la libertad individual y así sucesivamente. Para la UAZ el neoliberalismo, aunque no se le llame así, consiste en lainstitucionalización de los exámenes de ingreso a la universidad, la creencia en que el voto ponderado es un deseo y mandato de los universitarios, la práctica de creartodo tipo de cuotas y modelos “autofinanciables” en las unidades académicas al margen de cualquier normatividad o discusión colegiada y muchas otras prácticas que tienen en común la generación de negocios rentables y, más importante aún, de ideologías que legitiman la inmovilidad y aislamiento de los universitarios. Queremos enfatizar que estos dos procesos establecen entre ellos un ciclo de realimentación: la inmovilidad y aislamiento de los universitarios es requisito inapelable para que los negocios funcionen a todo vapor, porque, en principio, muchos de los servicios que se pagan en las unidades académicas deberían ser gratuitos, y varias prácticas cotidianas de las autoridades deberían ser erradicadas. En ocasiones la organización espontanea de los universitarios puede echar abajo actos arbitrarios de las autoridades que de otro modo pasarían como “reformas necesarias”, lo que demuestra la transitoriedad del funcionamiento de la ideología. Por supuesto, para que este ciclo no se rompa se debe controlar a los profesionales de la agitación: los sindicatos. La manera de lograrlo es el discurso de la insuficiencia de recursos: los docentes no deben pedir incrementos salariales, incrementos en prestaciones y ni siquiera cumplimiento del contrato, que es un documento que la patronal puede alterar a voluntad. Arribamos a una conclusión que ya teníamos: una reforma surge del conflicto, de la necesidad de integrar en las estructuras burocráticas a grupos renuentes; como con aquella “pluralidad” tan predicada en los 1990. Tal es, más o menos, la forma del neoliberalismo de corte universitario que la contrarreforma implantó en la UAZ y que no tiene visos de ceder en ningún punto porque pueden cambiar las elites, pero el modelo de reproducción de los universitarios continuar, pero no como “modelo neoliberal” sino, acaso, “modelo popular de universidad gratuita, democrática, pública…”.

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