Instantes

Instantes
En la cama: el beso. De Toulouse-Lautrec. 1862.

La Gualdra 373 / Río de palabras

 

 

Yo no quería enamorarme así de usted. Yo no tuve la culpa. Ese ir y venir de su cuerpo, a veces tan ecuánime. No quería perderme en su mundo, pero ya ve. Uno no manda en lo que siente. Destapé la cajita y me dejé llevar por su perfume natural. Sonará a cliché, casi a ridículo, pero sus ojos me hablaron. Todo su cuerpo habló, el movimiento de sus manos, los silencios ante mi insistencia. Ayer soñé con usted. Estábamos entre la lluvia, sí, usted que tanto aborrece la lluvia y a mí que me pone creativo. No hubo relámpagos ni truenos, sólo la lluvia encajada en la tierra como soldaditos formados a la guerra. Allí estábamos como el poema más cursi. Robándole besos y regalándole luz al agua.

De veritas que no quería enamorarme de usted. Usted que es el fondo del pozo con agua clara. Es un sueño. No es que yo pretenda un amor romántico, idealizado, perdurable. Tampoco quiero escenas de comedias americanas. Quiero saber si las posibilidades se acortan. La duda no mata, pero enferma, y de muertes y enfermedades estoy harto. Las evito mientras siento que el corazón susurra, a veces lento, a veces fuerte pero ahí está.

Quiero ser parte de los cuentos de Cortázar, ésos donde los amantes se habitan y caminan locos, ciegos, un poco sordos por toda la ciudad. Quiero ser un amante rendido por la mañana donde no haya deberes impuestos ni miedos sembrados. En serio se lo digo, yo no quería enamorarme de usted, pero su más profunda piel fue su pensamiento. Sería deshonesto si le digo que sólo añoro su mirada. Sépalo bien que también quiero su espalda desnuda, aquí a mi lado, dormir en ella. Deseo recorrer la geografía de su cuerpo, trazar muchos caminitos hasta llegar a la tierra prometida. Quiero su vientre bañado de mi saliva y el grito ensordecedor cuando nos burlemos del pecado. También deseo aprender la geometría de su rostro, caminar con dos dedos en sus pechos, arrebatarle la vida con mi lengua. Burlar los brazos que se esconden para hacernos carcelarios del deseo.

No es mi intención asustarle, ni hacer de la incomodidad un baile. Pretendo que lo nuestro sea único, plausible hasta para el más envidioso en el abismo. Quiero que mis manos tejidas de espera sea una máquina escultora. Yo no quería enamorarme, ya lo ve. Usted, sólo quiere que de mi mano hable un saludo sin fecha ni futuro.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-373

 

 

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