■ Comentarios Libres La doctrina Estrada

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Desde antes de la elección en nuestro país del 1 de julio pasado, y si somos más precisos, durante todo el proceso electoral 20017-2018, la campaña de difamación en materia de relaciones exteriores en contra de AMLO, fue permanente y literal: “es amigo del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro”; “éste, es un dictador que quiere convertir a Venezuela en un país comunista”; “López Obrador, no solamente es su amigo, sino que apoya al dictador Nicolás Maduro”: “En Venezuela hay hambre, se violan los derechos humanos, hay crisis y todo por culpa de ese gobierno dictatorial”; “hay protesta e inconformidad generalizada del pueblo en su contra, y exige su salida”.

El objetivo de esta negra campaña, era infundir miedo en el electorado y provocar una sicosis en contra de una persona, un gobierno y un país, que fuera de la vecindad por razón de continente, nada tienen que ver con México.

Sus autores, en esta ocasión, no lo lograron.
Actualmente, Venezuela enfrenta una crisis interna derivada de factores que solamente atañe a ese país. Irrumpe en el escenario un desconocido personaje de nombre Juan Guaidó, quién a partir del 23 del pasado mes de enero, se autoproclamó “presidente”. Una situación de esta naturaleza, incrementa la crisis y hace que muchos países comiencen a manifestar su interés, para participar en esa problemática que vive el sudamericano.

México ha sido respetuoso y lo seguirá siendo, aún en contra de las opiniones que se vierten en mesas de debates conformadas por personajes histéricos (así, histéricos, porque son presa de histeria), tan dolidos en su amor propio, como Leo Zuckerman; Héctor Aguilar Camín; Denisse Dreeser; Jorge Castañeda; Juan Pardinas; Carlos Loret de Mola y Joaquín López Dóriga entre otros.

Por mandato constitucional, México está impedido para involucrarse en problemas que sólo corresponden a otros países.

La Fracción X del artículo 89, señala la Doctrina Estrada e indica: en la conducción de la política exterior, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos:

1.- La autodeterminación de los pueblos. 2.- La no intervención. 3.- La solución pacífica de controversias. 4.- La proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. 5.- La igualdad jurídica de los Estados. 6.- La cooperación internacional para el desarrollo. 7.- El respeto y la promoción de los derechos humanos. 8.-La lucha por la paz y seguridad internacionales.

El Presidente de la República además, tiene facultades en esta materia para celebrar tratados internacionales, así como terminar, denunciar, suspender, modificar, enmendar, retirar reservas y formular declaraciones interpretativas sobre los mismos, sometiéndolos a la aprobación del Senado.

Quienes insisten en que AMLO, como Jefe del Poder Ejecutivo de nuestro país, debe hacer un pronunciamiento en relación con el problema venezolano, se encuentran en un grave error. No se trata de que el Presidente se niegue, lo que sucede es que únicamente acata lo dispuesto en los principios que mandata la Carta de Querétaro y que se han transcrito.

Tampoco se trata de llevar a la guerra, a pueblos enardecidos por la violencia.
Hay muchos malos mexicanos, que de manera irracional desean esa situación. Al pedir que México debe pronunciarse en contra de Maduro, prácticamente, pretenden aumentar el odio desmedido en contra de una persona, que podría desencadenar en situaciones de barbarie más graves aún, a las ya conocidas y no superadas, a pesar de que nos encontramos viviendo ya, en pleno siglo XXI.

Ciertamente, en otro momento histórico, México era el ejemplo a seguir para los países de América Latina. Su autoridad moral, le permitía tener el rango de “el hermano mayor”. Por su prestigio, era el modelo a seguir.

Pero ahora, las circunstancias en México son muy difíciles. Una profunda crisis en materia de derechos humanos y altos índices de corrupción e impunidad principalmente, han despojado a México de la autoridad moral que en otro tiempo le caracterizó.

Sin lugar a dudas que el Presidente AMLO, inicia su mandato encima del basurero en que los PRIANISTAS le entregaron a nuestro lastimado país, pero faltan vencer grandes, muy grandes retos para lograr un mínimo avance. Nada será fácil.

Por eso, México carece de autoridad moral, no debe de andar involucrándose y opinando sobre los asuntos internos de cada país. Aquí existen muchos y no resueltos. No debe ni tiene por qué atender los que no le corresponden.

¿Qué el golpe de estado, que el general Augusto Pinochet dio en Chile el 11 de septiembre de 1973, para derrocar al Presidente Salvador Allende, e implantó una dictadura militar que duró hasta octubre de 1989?

¿Qué Luis Echeverría Álvarez, siendo Presidente de México, habilitó al entonces Secretario de Relaciones Exteriores Gonzalo Martínez Corbalá, para romper relaciones con el gobierno de la dictadura de Pinochet?

¿Qué México abrió sus puertas para recibir a los chilenos, que en calidad de perseguidos por razones políticas e ideológicas salieron al exilio de su país?

¡Claro que sí! Eso pasó. Sólo que fueron momentos históricos diferentes. Circunstancias totalmente distintas, y que no se deben confundir con lo que actualmente sucede tanto en Venezuela como en México. ■

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