Las calificadoras internacionales y su intromisión en la política económica

Las calificadoras internacionales y su intromisión en la política económica

La agencia Fitch Ratings en días pasados bajó la calificación de la deuda a Pemex por considerar que el cambio de política del nuevo gobierno, de no avanzar en la privatización de dicha industria, frenará el crecimiento de exportaciones de petróleo y ello pondrá en riesgo el pago de la deuda. Las agencias calificadoras internacionales desde el triunfo de AMLO el 1 de julio pasado, dijeron que ello aumentaría el riesgo de las inversiones en el país. Ellas están a favor de la privatización y extranjerización de los sectores estratégicos y de que se abran los espacios de inversión al gran capital, con la consecuente reducción de la participación del Estado en la economía.

Tales calificadoras fueron las que impulsaron la especulación de alto riesgo que desembocó en la crisis de 2008-2009 a nivel mundial. Los activos financieros especulativos que fueron creados como respaldo a los activos financieros que no tenían respaldo alguno, los calificaron como activos triple AAA, libres de riesgo para que fueran adquiridos por los inversionistas. Tales agencias obtuvieron altos rendimientos al ser copartícipes de la promoción de la burbuja especulativa que terminó con la crisis financiera que llevó a muchos hogares a perder sus casas y el valor de los activos que adquirieron. Quebraron bancos, empresas y millones quedaron desempleados a nivel mundial, y en cambio dichas calificadoras internacionales siguen actuando, recomendando y dictando las mismas políticas de siempre como si nada hubiera pasado. Siguen sin reconocer que sus políticas y recomendaciones y evaluaciones no han configurado condiciones de crecimiento, de empleo y bienestar a los países, sino que continúan alentando inversiones a favor de lo financiero y en detrimento del sector productivo y del empleo, que nos llevan al estancamiento y a acentuar las grandes desigualdades de ingreso y de riqueza que predominan en el mundo y nos ponen en un contexto de alta vulnerabilidad que tiende a llevarnos a una recesión a nivel mundial.

El gobierno de AMLO no tiene porqué acatar las disposiciones de las calificadoras internacionales que no responden a intereses nacionales, sino a los intereses de los mercados financieros globales y del gran capital.

Los economistas neoliberales que dirigen las calificadoras y los mercados financieros internacionales son los que dictan las políticas económicas a los gobiernos para que independientemente la posición política de éstos, sigan actuando a favor del gran capital nacional e internacional, y el nuevo gobierno, tuvo una abrumadora votación que demanda cambio de rumbo, por lo que no puede seguir con las políticas neoliberales de superávit primario y de reducción de la deuda que achican el tamaño y participación del Estado de la economía y nos llevan al estancamiento.

Los gobiernos comúnmente tratar de seguir las políticas neoliberales impulsadas por las calificadoras internacionales para ser aprobados por ellas y poder tener acceso al financiamiento de los mercados internacionales, pero el nuevo gobierno no requerirá del financiamiento de dichos mercados, si impulsa con su moneda una dinámica que reduzca el déficit del sector externo y mejore la dinámica de acumulación interna. Hay que reducir la deuda externa, sobre todo cuando el gobierno no es superavitario en la generación de divisas, pero no hay problema en torno a la deuda interna, ya que ésta está en la moneda que emite el gobierno y dicha deuda puede crecer a favor del desarrollo de Pemex y la CFE, los cuales son altamente rentables y pueden cubrir y reducir el monto de la deuda. Pemex es ahorrador y generador de divisas, por lo que debe ser impulsada con los recursos gubernamentales para retomar el control nacional de ésta. Al impulsarse el crecimiento económico, ello atraerá Inversión Extranjera Directa, que sería benéfica tanto para el mayor crecimiento económico, como para el financiamiento, sin necesidad de recurrir a los mercados financieros y sujetarse a los dictámenes de las calificadoras internacionales.

No tiene por qué el gobierno acatar las disposiciones de austeridad fiscal y reducción del monto de la deuda, pues ello solo favorece al gran capital que pasa a invertir donde el gobierno deja de hacerlo. El gobierno puede gastar en todo aquello que se produce internamente y puede emitir deuda en su moneda, y no caería en insolvencia pues el gobierno tiene el control de la misma.

No hay que tener temor al comportamiento de los mercados de capitales si la política económica instrumentada se dirige a fortalecer la esfera productiva para que la economía reduzca las presiones sobre el sector externo, lo que nos coloca en mejores condiciones de crecimiento y con mayor capacidad para encarar los embates externos. Las calificadoras nacionales no son más fuertes que un gobierno soberano que recupera el control de su política económica, que es justo lo que dichas calificadoras quieren evitar, para que el gobierno y la economía dependa de las decisiones de inversión del gran capital internacional. ■

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