Una sociedad dolida frente a su realidad

Una sociedad dolida frente a su realidad

Ante las elecciones del uno de julio próximo, de región a región y de punta a punta de la geografía mexicana, prevalece la desilusión y la incertidumbre por lo que ocurrirá cuando se anuncie el nombre del ganador y por lo que pasará el uno de diciembre próximo con el nuevo presidente que tomará las riendas de un país sumergido en la desigualdad, violencia, corrupción e impunidad, que reclama justicia, paz, dignidad y reconocimiento a su diversidad cultural.
No está de ningún modo, equivocado el término de desilusión porque en este país anclado al orgullo de pertenecer a una cultura ancestral que en el ejercicio del poder se ha venido desgastando, la debacle del no reconocimiento a su pluralidad, aunado a la falta de liderazgos verdaderos, una marcada ausencia de cultura política en sus votantes que ha decantado en apatía, el lastre de la corrupción y la no aplicación efectiva de las leyes para combatirlaatenúan este sentimiento de orfandad y de abandono.
La credibilidad hacia las instituciones ha tocado fondo de un modo dramático, frente a la arrogancia y estupidez de quienes las presiden, aniquilando la posibilidad de hacer valer el estado de derecho que una nación democrática está obligada a brindar a su pueblo.
Un pueblo ensangrentado y dolido en apariencia vencido por la inequidad que deberá emerger y lo hará, a partir de su variedad, como un todo, como un gigante que lucha por su libertad y la justicia.
Un pueblo que ante estas nuevas elecciones, para muchos especialistas, las más importantes de los últimos 50 años en la historia de México, está a la expectativa de su desenlace, yse ha convertido en un activo participante en las redes sociales donde se piensa está la verdadera contienda, independientemente de las noticias falsas que se originan en un terreno sin ley como el internet frente a la polarización en el manejo de información de la radio, la prensa y la televisión.
Pese a que carece de una mayor cultura política y de una formación sensible en torno a su cultura y su educación, el pueblo ha aprovechado el uso de las nuevas tecnologías para diseñar vías alternas a las tradicionales, para participar activamente en política y conocer mejor, incluso defender con pasión al candidato que mejor le cuadra para ocupar la Silla del Águila.
Se tiene y elige lo que hay y habrá que decidirse por uno de ellos: un candidato inaceptable por haber sido incorporado a las boletas electorales a la fuerza,que responde a intereses de un poder vertical sin escrúpulos y tras candidatos más que representan al mismo número de coaliciones que con seguridad fueron creadas más por la ambición de poder y de triunfo, que por apego consustancial a las ideologías que las fundaron.
¿Qué han visto las ciudadanas y ciudadanos comunes los últimos tres meses en esta lucha sin cuartel por la presidencia de México?… Una posibilidad de cambio, la oportunidad de acabar con la permanente humillación a que son sometidos. Para muchos una decisión visceral porque el enojo ha sido el detonante que pretende cerrar esta parte de su historia, al unísono de ya basta y de ya no más.
Tres hombres y tres perspectivas de visión, donde cabría preguntarnos por su proyecto donde el conocimiento y la planificación lo signifiquen todo. Si lo tienen, no lo conocemos a cabalidad porque su discurso se circunscribe a la promesa que en el campo semántico significa un ofrecimiento cabal que hace una persona de cumplir empleando para ello un método o una fórmula fija.
Después de la Revolución Mexicana la palabra promesa ha ocupado un lugar significativo tanto en los que fueron y los que son políticos en la actualidad, así como también ha sido un potente disparador en la idiosincrasia del pueblo. Dicen que las promesas no empobrecen pero hoy ya no pueden sostener la esperanza de su gente que por muchos años, ha mantenido un espíritu estoico al soportarlo todo.
En esta andadura electoral, hemos visto con preocupación dos debates mediocres sin propuesta, más orientados a un espectáculo de reality show en el que predominan las acusaciones, la ironía y el golpeteo, dando lugar a que en los círculos pensantes de este país, se sugieraque los candidatos no se presten al encono verbal y se centren con dignidad en proposiciones que den sentido a su proyecto y visión de país.
El gran maestro y pensador Andrés Bello escribió que la gramática nos permite ver lo que pasa en el alma de quien habla, por lo que es muy importante estar atentos y reflexivos ante los acontecimientos que ocurren, de manera que podamos frenar la manipulación y el ocultamiento, intentando en un esfuerzo superior mantener la calma y abogar la pacificación en estas elecciones.
No es una cuestión menuda ni sencilla, pero ante los oferentes que tenemos habrá que elegir a uno de ellos que como líder tenga una idea compartida del presente y del futuro, que sea un hombre bueno, congruente con lo que dice y lo que hace, respetuoso de la familia y lo que representa como pilar fundamental de la nación, ecuánime y humilde que viene de humildad que significa que pisa tierra y que por esto mismo, tendrá principio y juicio de realidad.
Consciente de que no lo sabe todo y que por ello, deberá reunir a los mejores hombres y a las mejores mujeres – incluso mejor que él en intelecto y capacidad- para guiar a este país que debe suprimir el exceso, la egolatría, el amiguismo y el favoritismo que han sido un lastre en el desarrollo de México.
Que tenga claro que la democracia apela a un interés general que promueva el empleo, la paz social, el arte y la cultura, que tenga muy claro que esta última es la que dará significado a su noción de progreso.
La lista podría extenderse pero cada lector o lectora tiene su propia apuesta y ensoñación, recuérdese que la democracia es una muy mala forma de gobierno, pero es la mejor que conocemos y requiere de la virtud de los ciudadanos…
En este laberinto en el que se vive, donde el paradigma de la complejidad es una telaraña sin fin, aguardemos a que el tercer debate (junio 12 en Mérida, Yucatán) sea realmente propositivo, dignoy disruptivo en el buen sentido de la palabra, que rompa con el esquema ordinario y se levante contra toda vileza.
Ánimo y fortaleza para todos.

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