Scorsese recibe Le Carrosse d’Oren en la edición 71 del Festival de Cannes

Scorsese recibe Le Carrosse d’Oren en la edición 71 del Festival de Cannes
Fotograma de la cinta Mean Streets, que se proyectó en el marco de la distinción FOTO: CORTESÍA DEL FESTIVAL DE CANNES

Se lo entrega la Quinzaine des réalisateurs, creada en 1968

Para la gente que, como yo, hemos nacido en los años 70, y empezamos a descubrir en los años 80 esto que hoy todavía se llama cine, o por lo menos a tener conciencia de ello, o a construir nuestra conciencia con ello, Martin Scorsese es un referente inevitable. Sus películas pueblan las mentes de los muy (e incluso no tanto) cinéfilos, como un reguero de imágenes de ficción que se confunden con nuestros propios recuerdos, como una prueba más de que el cine es tan importante como la propia vida, que nos alimentamos de esos referentes ficcionales, y que sus lecciones son probablemente más claras que las que nos ofrece la propia vida, o que, en todo caso, quizás las podemos entender mejor.

Lo que acabo de describir no es ni más ni menos que lo propio del arte, y en ese sentido, para los de mi generación, Martin Scorsese es un clásico. De algún modo, su cine contribuyó a establecer lo que llegó a ser (y quizás sigue siendo) el canonde la cinematografía más poderosa del mundo: Hollywood.

Y aunque Martin Scorsese parezca hoy un clásico para los de mi generación (los que somos de alguna manera también producto suyo) no hay que olvidar que este cineasta fue en primer lugar (antes, o aproximadamente al mismo tiempo de que naciéramos) un rompedor, un transgresor, una de las cabezas pensantes y rodantes de lo que se llamó el Nuevo Hollywood. Scorsese, junto con otros directores como Francis Ford Coppola, Robert Altman, Brian de Palma, Steven Spielberg o William Friedkin, por nombrar sólo algunos, empezaron a transformar lo que era el cine a finales de los 60. El pequeño Marty, italoamericano que iba para sacerdote, decidió por suerte pasarse al cine y sintetizar la alquimia de su experiencia como espectador, para dinamitar los parámetros del Hollywood de la “época de oro”. Probablemente lo ayudarán las referencias europeas del neorrealismo o la Nouvelle Vague, como apuntes de una contracultura que se iría extendiendo inevitablemente por el territorio estadounidense.

En 1973, Marty rueda su tercera película, Mean Streets. En ella, vuelve al origen, habla de lo que conoce, al mismo tiempo que destapa el frasco de las obsesiones que reaparecerán una y otra vez: Little Italy, el barrio donde nació, los pequeños delincuentes, que más tarde irán creciendo, la banda sonora pop de los 60 y 70, la amistad y su final, la violencia y el amor, la culpa y la salvación. Por lo visto, los amigos de infancia del barrio se enojaron con Marty por la imagen barriobajera que daba de ellos en la película, pero fue seleccionada en la Quincena de Cannes de 1974. Marcó también el principio de una serie de colaboraciones memorables, cuando la madre de Marty preparaba pasta a las cinco de la mañana para que el equipo pudiera descansar después de un largo día de rodaje y una larga noche de juerga: Harvey Keitel, Robert de Niro, Thelma Schoonmaker, luego Paul Schrader, Joe Pesci, más tarde (ahora, ayer) Leonardo di Caprio…

Lo demás ya lo conocen ustedes: imágenes en sus memorias. Un taxi amarillo atravesando el vapor de las alcantarillas de Nueva York, bajo atronadoras percusiones; un boxeador en blanco y negro escupiendo sangre a cámara lenta; un hombre joven lleno de dudas vagando por el desierto; otro joven de ojos azules entrando por la puerta trasera de un restaurante de lujo con la chica que quiere seducir, triunfalmente conducidoa una mesa en primera fila; un magnate encerrado en el ático de su propia locura y, al final, allá arriba, el ojo que todo lo ve.

Martin Scorsese recibió este miércoles 8, en el Festival de Cannes, Le Carrosse d’Or, la Carroza de Oro, un trofeo conmemorativo por el conjunto de su carrera, que premia “las cualidades innovadoras de sus películas, su audacia y su intransigencia en la puesta en escena y la producción”. Se lo entrega la Quinzaine des réalisateurs, creada en 1968, hace 50 años. En este marco, se proyectó Mean Streets, tal y como si estuviéramos en 1974.

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