Libertad de comunicación: islotes libres en un mar de prensa domada

Libertad de comunicación: islotes libres en un mar de prensa domada

¿Hay libertad de prensa en México? El caso sonado de Aristegui señala una ruta de la respuesta. Pero podemos explorar más rutas a la pregunta. La idea de libertad en la prensa va unida a la condición de autonomía en construir su propia línea editorial. Así pues, la respuesta a la libertad se convierte en la exposición de los factores que vulneran la autonomía de la política editorial de los medios. ¿Frente a qué se pierde independencia? Pues frente a los diversos modos de poder: político, económico, religioso o criminal. El Estado tiene muchas maneras de influir en la prensa, el principal es por vía de los chantajes del financiamiento indirecto que constituyen la compra de publicidad y los convenios sobre lo mismo. Por ello, algunas empresas de comunicación insistimos en una Ley de Medios, para regular el otorgamiento de recursos públicos en las políticas de comunicación de los gobiernos y las cámaras legislativas, y de este modo, desterrar formas arbitrarias en el otorgamiento de este recurso. La arbitrariedad es la forma con la cual se hace uso político del mecanismo que mencionamos. Recordamos anteriores formas de control de las líneas editoriales, como la venta de papel a los periódicos: si la empresa (Pipsa) se negaba a venderle papel a un periódico prácticamente lo estaba matando. Ahora son formas más elaboradas, pero igualmente efectivas.
Una parte importante de los diarios se convirtieron en reproductores de boletines oficiales de prensa. Se negaron a generar ellos mismos sus noticias a partir de investigar sobre las mismas de forma independiente. Eso contribuyó a disminuir su calidad periodística: un reportero que transcribe boletines no es lo mismo a un reportero que hace protocolos de investigación de un tema de importancia pública. Así, la baja calidad periodística se convirtió en otro factor contra la libertad. Esta última exige altas dosis de capacitación. Es sintomático que sean contados con la mano los medios que gastan en la formación de su personal. En otras palabras, el periodismo cautivo es, siempre, de calidad mediocre. Por ello, la independencia financiera es la condición necesaria, pero no suficiente para crear una prensa libre.
Es cierto que la Internet ha contribuido a liberar la comunicación pública, pero tampoco es suficiente. Antes de la red, bastaba controlar dos televisoras, un ramillete de radios y algunos periódicos. Ahora, la comunicación horizontal y simétrica de la red les ha quitado poder a esos medios tradicionales. Pero el reto de la verdad es un desafío a la libertad: la mentira abierta y cínica se ha convertido en el arma de muchos poderes para influir en la opinión de la población. Como podemos observar, aun la libertad de comunicación que forme una opinión plural e ilustrada para que la voluntad de los ciudadanos esté limpia de estorbos y pueda hacer elecciones con libertad, es todavía una aspiración. Hemos avanzado en algunos aspectos, pero surgen nuevos retos. Regresamos: ¿hay libertad de comunicación en México? No se puede decir un simple ‘no’ porque sí hay espacios que ejercen con libertad. Lo que tenemos en México son islotes libres en medio de un resto de prensa domada.

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