La Bandera de la Paz

La Bandera de la Paz

Ante la imposible andanada de violencia en casi todos los rincones del mundo, la población casi cae en la resignación de que no hay otras formas de convivencia que las que llevan implícita la agresión, el daño a terceros y la mala entraña. Los medios de comunicación hacen una apología de hechos negativos por la parte de la población que se dedica a este tipo de acciones y la de todas sus contrapartes representadas por los cuerpos de seguridad que en teoría debían ser los cuerpos de reacción no siempre muy inmediata de todo tipo. Desde la visión de esta aportación, no parece que la violencia sea la mejor respuesta contra la violencia, y no hay que hurgarle mucho para apoyar esta tesis, cuando se trata de combatir a grupos delictivos fortaleciendo los cuerpos de seguridad para combatirlos, los resultados han sido lamentables.

Y lo peor del caso es que en este afán se ha descuidado lo que pudiera ser útil para prevenir esta serie de sucesos, como voltear hacia esfuerzos que tengan que ver con la antítesis de la violencia y la guerra, es decir, la Paz. Normalmente, cuando se hace alusión a este concepto se hace desde tratados muy complicados que hacen más bien alusiones a la ausencia de beligerancia o de guerra desde una postura condicionada o condicionante y no desde una perspectiva de logro universal sin condiciones y que a fin de cuentas, de una forma sencilla podría definirse como situación o estado en que no hay guerra ni luchas entre dos o más partes enfrentadas. En otras palabras, la paz es un estado del ser que incluye la conciencia, la convicción y pautas de comportamiento individual, colectivo y masivo donde se manifiestan principalmente la cooperación, el respeto y el cuidado por el prójimo y de otras formas de vida que florecen sobre la faz de la tierra. Lejanísimo concepto que contradice incluso a la Ley de la Evolución que afirma que siempre prevalecerá el dominio del más fuerte. Existen pautas de comportamiento animal y de muchos grupos humanos que pueden corroborar esta afirmación.
Entre los humanos siempre ha habido propuestas para alcanzar acuerdos de paz a lo largo de la historia. Quizá haya habido más tratados de paz que guerras, pero pocas veces se ha gozado de períodos en los que las diferentes culturas o grupos de población puedan sentirse seguros de que sus actos cotidianos van a transcurrir en armonía y gratificación consigo mismo y con el prójimo, a menos que una catástrofe o accidente natural o geográfico así lo determine.
El 15 de abril de 1935, el artista, Nicholas Konstantín Roerich, diseñó la Bandera de la Paz como secuela de los esfuerzos de la Liga de Las Naciones para evitar otro conflicto bélico como el de 1914-1918. Esta bandera, un círculo magenta que representa la Cultura con tres puntos de igual color al interior formando un triángulo equilátero con el vértice hacia arriba, originalmente significó la Ciencia, la Espiritualidad y el Arte. Es evidente que tales esfuerzos por abanderar la Paz de parte de Roerich fueron infructuosos puesto que tres años más tarde desde Alemania se desprendió la horrenda agresión hacia Europa y otros puntos de la geografía mundial, principalmente Asia y África donde completaron el llamado Eje otros dos países, Italia y Japón.

En fin, esa historia cómo se sabe, tuvo consecuencias catastróficas y holocáusticas, y puede decirse que desde entonces, difícilmente ha habido un día en que el planeta Tierra y su población hayan dejado descansar al demonio de la guerra; esto a pesar de que la mayoría de los pobladores, por regla general hablan de mantener la paz como el principio fundamental que dé soporte y sustento a formas de desarrollo que tengan como fin principal la permanencia, pues con la beligerancia como sustento y con las armas de destrucción masiva con que se cuenta hoy día, difícilmente habrá posibilidades de sobrevivir para toda forma de vida conocida hoy día. Entonces, el camino está marcado y no hay vuelta de hoja, si las condiciones actuales prevalecen, difícilmente habrá un futuro, difícilmente habrá más historia que contar.
Volviendo a la Bandera de la Paz, los fundamentos que soportan la cultura, por regla general son parte de los activos de las clases dominante en especial la ciencia y el arte, lo de la espiritualidad parece más bien un concepto chambón con que se compran las “buenas conciencias” y sirven para dar atole con el dedo a los incautos por medios diversos. Alguien más habla de estos círculos como las Esferas de la Palabra, la del Pensamiento y la de la Acción; pero la medida en que se han manejado las dos primeras casi nunca ha correspondido a la tercera. Quizá el círculo debiera llamarse Congruencia para que entonces dichas esferas tuvieran significado entendible.
Una propuesta más tangible pudiera darse interpretando el círculo como la Educación, y a los tres puntos como la Historia, la Ciencia y el Arte. Si se voltearan los ojos hacia el cultivo de esta representación, probablemente otro gallo nos cantara. En la próxima entrega seguiré hurgando estos conceptos.
Recomendación: no deje de asistir a la Primera Temporada de Teatro 2018 dentro del “Teatro Calderón”. Organiza la UAZ, el Teatro Calderón y la Comunidad Teatral de Zacatecas. Lunes 5 de febrero, El Oso, de Antón Chejov. Grupo Escenautas.

También, la “Casota de Zapata” se festeja su tercer aniversario donde se presentará el musical “¿Pero qué necesidad?”, homenaje a Juan Gabriel los viernes a las 8:00 pm y este sábado 3 de febrero viene de visita La Virgen Loca desde Guanajuato con el grupo CoInspiración. Dirección Antigua Matamoros No. 230, Centro, frente a la Esc. Técnica Número Uno. Informes 492-105-3971.

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