La fe, la guadalupana y los malos gobiernos

La fe, la guadalupana y los malos gobiernos

Acudo a las celebraciones en honor a la Virgen de Guadalupe en compañía de mi familia aunque no soy guadalupano; en el interior del templo, soy testigo de la inmensa devoción que mucha gente le profesa a la guadalupana, veo rostros que hablan de esperanza, de agradecimiento, de resignación, hay lágrimas y sobre todo, mucha fe. La fe, según la Biblia, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). En lo personal, considero que al pueblo de México solo nos queda la pura fe, pues los pésimos tiempos que nos han tocado vivir gracias a los nefastos gobiernos de los últimos años, no nos dejan de otra. Recuerdo que en materia de inseguridad, algunos colegas reflexionaban en que después de la corrupción e impunidad que prevalecía en las corporaciones policiacas, ya la ciudadanía ya no confiaba en los municipales, estatales o federales, que ya incluso, los militares estaban coludidos con los de la industria del dolor y que ya después de la marina, ya no nos quedaba nada como Nación. Sin embargo, después de la marina y de tanta infamia que prevalece en la política, a la mayoría de los que habitamos este territorio, únicamente nos queda abrazarnos a la esperanza divina, aquella que está más allá del alcance de los corruptos lazos humanos. No importa que de pronto, se diga que la Morenita sea falsa o que es resultado de una mano indígena y no de un milagro, tal como lo afirmó en 1996, Guillermo Shulemburg siendo abad de la Basílica de Guadalupe; lo que si es relevante, es que la guadalupana es un símbolo que une a la Nación, le da identidad, motivos para seguir adelante y continuar el camino diario para enfrentar lo mismo: jornadas de trabajo infames, salarios anémicos, minutos largos de ida y vuelta en camiones que aglutinan gente como latas de sardina y así, cada quien sobrevive a sus propios problemas mientras en la cartera, en la bolsa o en la mochila, una imagen de la Virgen de Guadalupe acompaña permanentemente el suplicio de vivir diariamente en el terror, en la pobreza y la carencia de oportunidades. ¿Qué daría algún político o artista producto de la mercadotecnia por tener los seguidores y devotos que tiene la guadalupana? No hay, no existe ni habrá alguien que pueda tener tal prodigio, de ahí que la fe pueda más que toda la miseria que hay en la política, pues en las noches, cada quien reza, pide y espera el regreso de aquel familiar secuestrado a pesar del tiempo, las horas y los minutos; quizás la Virgen motive en los padres la certeza de que los hijos regresarán bien después de acudir a la escuela, sobre todo las hijas pues ahora, ser mujer es una condición biológica que motiva ser violentada impunemente; tal vez, la Virgen atempere el cansancio de cada jornada y mitigue la desesperación al recibir pocos pesos mientras todas las cosas aumentan exponencialmente su valor; ojalá que al que está privado de su libertad en algún lugar solitario le sirva pensar en la Virgen o encomendarse a ella en los últimos segundos de vida que vienen tras el atentado y los disparos, o bien, que aquellos que padecieron los efectos de los terremotos vean satisfechas sus ilusiones de recuperar su patrimonio. La ineficacia y los enclenques resultados del gobierno nos alejan del mundo terrenal y ante el estado de derecho fallido, el pueblo se refugia por necesidad en un ser superior, en una deidad que puede brindarnos cuando menos la esperanza de que las cosas nuestras de cada día, cambien. Con la crisis del estado y sus instituciones, el clero se beneficia por la irremediable urgencia de creer en la solución de nuestros retos mas apremiantes, así, lo que por obligación constitucional debe hacer el gobierno, es cedido al terreno espiritual y, afortunadamente para nuestros gobernantes, México es un paraíso de mortales creyentes lo cual les da margen para seguir saqueando al país, para seguir premiando a la corrupción y continuar promoviendo la impunidad, al fin que ya inician las campañas electorales, al cabo que ya el dinero para mantenerse en el poder ya está garantizado y si falta, enero será el mes adecuado para más gasolinazos, para más devaluaciones y aumento de los precios y como sociedad, culparemos a la cuesta de enero que se extiende hasta diciembre del 2018. En este contexto, me pregunto: ¿Qué sería de México sin su fe? ¿ Que sería de nosotros si no tuviéramos a la Morenita del Tepeyac? Seguramente la inteligencia estatal ya estaría ideando el diseño de más santos y vírgenes para complementar con el terror y las novelas, el control perfecto de nuestra sociedad. ■

 

*Integrante del Consejo Mundial para la

Defensa de los Derechos Humanos

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