El incierto futuro de Ricardo Monreal

El incierto futuro de Ricardo  Monreal

Desde su niñez, en los tiempos que ayudaba a su padre Don Felipe Monreal Huerta en el modesto negocio de venta de aguas frescas, en el mercado Miguel Hidalgo de Fresnillo, el siempre sonriente Ricardo Monreal ya daba visos de ambiciones y deseos de avanzar sobre todo y contra todo.

Ya en la escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas, junto con Tomás Torres Mercado y Aquiles Gonzáles Navarro, daba muestras de inquietud desbordada y aspiraciones sin freno. Nunca ha tenido duda, quiere ser siempre más grande de lo que es.

Así llegó a Gobernador de su Estado, y lo hizo violentando tiempos y costumbres. Pronto generó el movimiento denominado “Epicentro” cuyos seguidores, con su apoyo y complacencia, lo promovían muy tempranamente para que fuera candidato del PRD a la Presidencia de la República.

Desbordado por esas inquietudes y pasiones, pero completamente convencido de que en el PRD no podría continuar aspirando a ninguna candidatura presidencial, pronto encontró una nueva posibilidad. Comprendió que podría avanzar y madurar más su propio Proyecto si permanecía al lado de Andrés Manuel López Obrador, a quien apenas hace una semana calificó como “El hombre con más autoridad moral para dirigir este país”.

Necesitados uno del otro, Monreal supo desde el 2006 y luego en el 2012 que Andrés Manuel endurecería su terquedad y su proyecto de vida hasta conseguir por tercera vez la nominación para Candidato Presidencial. Sólo la Presidencia de la República mantiene vivo a López Obrador, pero también a Ricardo Monreal.

Siempre con la intención de ser el heredero político de López Obrador, en los márgenes de la izquierda mexicana, Monreal trabajó en la coordinación de la campaña de AMLO en el 2012, con plena conciencia de que, si no ganaba, para el 2018 las posibilidades crecían y, obvio, sus propias aspiraciones y sueños de poder también se ampliaban.

En Zacatecas nadie duda que Ricardo Monreal quiere ser Presidente de la República. Nadie duda que, si hubiera sido ungido como el candidato de Morena para la elección de Jefe de Gobierno en la Ciudad de México, el freníllense se convertiría de facto, en el sucesor indiscutible de López Obrador sin importar si éste perdiera o ganara la Presidencia de la República.

Todos los berrinches, escarceos, amenazas y presiones que el Jefe de la Delegación Cuauhtémoc hizo después de la nominación de Claudia Sheinbaum fueron precisamente porque esa gran posibilidad de convertirse en el nuevo López Obrador estaba en juego.

Seguramente lo pensó, pero no aceptaba que su propio mentor y amigo entendiera esa jugada y personalmente lo bloqueara. Andrés Manuel no quiere a Ricardo Monreal como su sucesor ni futuro dueño de Morena, para eso tiene a su hijo, a Claudia Sheinbaum, a Martí Batres y otros muchos de mayor confianza.

Por eso a nadie sorprendió el acuerdo de López Obrador para que Monreal se convirtiera en Delegado en la Ciudad de México y desde ahí construyera su campaña para ser el próximo Jefe de Gobierno y, luego, con el apoyo de Morena – fuera o no fuera presidente López Obrador -, desde esa posición trabajar durante seis años la tan anhelada candidatura a Presidente de la República en el 2024.

Pero toda esta lógica, que constituía la congruencia de un buen proyecto para Monreal, terminó con la decisión de AMLO que, en lugar de cumplir su promesa de hacerlo candidato a la Jefatura de Gobierno, nombró a Claudia Sheinbaum, a través de una amañada encuesta que, para que no hubiera dudas dejó a Monreal hasta el tercer lugar, muy atrás incluso de Martí Batres.

Pero, así como a los zacatecanos nos quedan claros estos acuerdos y traiciones, Monreal también sabe ahora que terreno pisa. Por eso en la reunión que ambos sostuvieron para acabar con las supuestas diferencias, Monreal aceptó el ofrecimiento de López Obrador de que tendrá una posición importante en su futuro Gabinete, si el voto de los mexicanos lo lleva a la Presidencia de México. Ahora tendremos que estar muy atentos al 11 de diciembre cuando el Peje haga público dicho Gabinete.

Mientras tanto a Monreal no le queda otra opción que sostenerse en Morena y esperar a que AMLO le cumpla o lo traicione nuevamente. De perder la elección, el Peje perderá todo, menos el control de su partido. Monreal también perderá todo y lo sabrá tan pronto se den a conocer los nombres del futuro Gabinete. Si no aparece en él, sólo le quedará ser otra vez Senador o Diputado Federal plurinominal o, si sigue en rebeldía, quizá entre a la marginalidad política.

Mientras aquí los cada vez menos simpatizantes del Monrealismo, esos que ahora se pelean David y Saúl Monreal, siguen en plena confrontación por las candidaturas. Su terreno es como arena movediza y la incertidumbre es su mejor definición.

Pero el tiempo avanza. ■

 

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