Programa Asistencial de Consulta a Escuelas y Padres (2)

Programa Asistencial de Consulta  a Escuelas y Padres (2)

La semana anterior se trató el asunto sobre cómo atender las demandas de las instituciones de enseñanza que claman por ayuda para solventar los problemas de conducta que cada día son más frecuentes al interior de los mismos, donde destacan los diversos tipos de violencia, el chismorreo generalizado y las prácticas sexuales inadecuadas, entre muchas otras; y lo más grave, sin embargo se traslapa ante estos fenómenos, que es la pésima calidad de la enseñanza y el muy pobre aprendizaje de los estudiantes. Cada día es más común observar que los alumnos hacen que aprenden, que los maestros hacen que enseñan, que los centros escolares fingen que administran las tareas de enseñanza y que los que gobiernan estructuran reformas educativas chambonas que sirven para maldita la cosa. Curiosamente, cada vez se cuenta con un mayor número de egresados de las instituciones de enseñanza que van acumulando grados académicos a granel y por desgracia a la hora de demostrar sus conocimientos se desinflan y muestran una ignorancia supina ante cualquier campo de actividad profesional. Ante esta sucesión de horrores y malas prácticas se descuida lo que sustenta a cualquier país que busca manifestarse más allá de sus momentos históricos hacia un modelo de supervivencia y trascendencia basado en el conocimiento y la sabiduría, es decir, el fenómeno de la educación. Mientras no se entienda que la educación de los pueblos es el más vital de todos los recursos, cualquier esfuerzo de desarrollo que se haga en la búsqueda de mejores formas de existencia, estará asentado sobre arenas movedizas.

Lo que menos se pretende en esta propuesta es teorizar sobre fenómenos históricos que hoy día flagelan a buena parte del mundo; lo que no es circunstancial, pues cuenta con dos aliados poderosísimos: el modelo mundial de desarrollo basado en la acumulación desaforada de la riqueza de unos cuantos en detrimento del resto de la población y la ignorancia y falta de visión de los que se cuentan en el lado de los explotados, que son casi todos. Se vive bajo esquemas tramposos donde las ilusiones vanas ejercen un enorme poder de seducción y hacen que se abandone lo trascendental por lo inmediato. Un ejemplo de este mal se observa en lo que ocurre día a día con nuestra sociedad. La familia se ha desintegrado metafórica, literal y funcionalmente. Y lo peor del caso es que se ha perdido el rumbo y nadie sabe qué acciones concretas tomar. Gobierno, instituciones, familias e individuos viven alucinados por los supuestos que se podrían alcanzar y que ni siquiera se intentan por falta de presupuestos y peor aún, por falta de conocimientos. Al menos, en el estado de Zacatecas, sobran críticos y analistas que se desinflan en cuanto se enfrentan a los problemas que requieren algo más que protestas y puños en alto para contrarrestar los males que aquejan a la población. Lo peor del caso es que estos mismos críticos –criticones, sería mejor expresado- se revuelven como jauría rabiosa cuando algún despistado trata de aportar soluciones prácticas para sacar algún buey de la barranca, como el tan cacareado tejido social descompuesto, por citar alguno.

Desde esta perspectiva, se cree que hay que buscar soluciones prácticas para problemas complejos. Por principio, no se puede confiar en la sinceridad de un gobierno que cada vez descuida en mayor grado a su población haciendo recortes bestiales a los programas de asistencia social, principalmente al del ámbito educativo –enseñanza, investigación, arte, cultura y desarrollo científico- sin siquiera despeinarse. Entonces, es al interior de las familias y de las escuelas donde deben buscarse las soluciones basándose en el fomento de valores que tengan que ver con la convivencia civilizada y creativa, además de reencontrar las formas elementales de interacción funcional con proyectos de largo plazo a través de formas de vida cotidiana apoyados en el respeto, la tolerancia, el desempeño afectivo y otros asuntos relacionados con la vida simple que conduce hacia formas concretas de mejor calidad de vida con una mínima inversión material. Esto no es fácil, pero es menos complicado que atraer modelos que no tienen que ver con la idiosincrasia de nuestra gente. Además, la materia prima, la gente común, está allí para aportar las ideas que pueden sistematizarse en forma práctica para, en un plazo perentorio ir logrando y afianzando metas que sirvan de base para encauzar proyectos a muy lejano plazo.

En fin, desde esta perspectiva se plantea una idea que puede ser aplicada por los principales protagonistas, y principales víctimas, de un modelo económico mal enfocado: las familias completas, los maestros y las escuelas. Además, en una forma muy sencilla, las escuelas, maestros y padres de familia con niños y adolescentes con problemas de aprendizaje y de comportamiento, podrán acceder a servicios en el domicilio del mismo centro escolar. También, en casos extremos, puede buscarse consulta externa. Sobresalen dos modalidades para la aplicación de este servicio: el de orientación y asesoría a padres de familia y maestros a partir del aprendizaje y aplicación de los principios del Análisis Conductual Aplicado, principalmente. También existen modalidades en el proyecto que consisten en la orientación para la formación de grupos de apoyo a y entre padres, a maestros y grupos mixtos; talleres de orientación y aprendizaje a estudiantes y conferencias inductivas dirigidas a los maestros para mejorar el desempeño de los estudiantes en clases y para prevenir pautas de comportamiento no adaptativas dentro y fuera del recinto escolar. Pero se insiste ¿alguien se atreve? ■

 

 

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