Nuestra tarea inacabada

Nuestra tarea inacabada

Luego del proceso que culminó con la alternancia política en el Poder Ejecutivo federal, en México se instauró la idea de la modernidad democrática, que vino consolidándose con reformas que transformaron al Estado, de uno que estaba anclado en el paradigma legal a otro que avanzó rumbo a la idea constitucional. México se actualizó en cuanto a sus textos jurídicos y diseños institucionales, sin embargo volvimos a caer en la histórica lógica del “obedézcase pero no se cumpla”.

Ello ha quedado nuevamente evidenciado con el vacío institucional en el que nos encontramos por estos días, cuando el país sufre el peor año de su historia en materia de seguridad y cuando la ciudadanía clama en general por combatir la corrupción, nuestra clase gobernante es incapaz de llegar a acuerdos que nos permitan, ya no solo diseñar una estrategia sustancial para el efectivo combate a ambos lastres sociales, sino siquiera para nombrar titulares que encabecen dichas tareas.

Es una verdad de Perogrullo, pero no está por demás repetirla en estas fechas: la democracia necesita demócratas, y es justo de lo que carece la nuestra. No es en el sentido electorero como deberíamos interpretar lo anterior: astutos operadores electorales nos sobran en nuestro sistema político; pragmáticos líderes y fugaces protagonistas del cambio se sustituyen unos a otros sin que nos den oportunidad de extrañarlos ni de recordarlos más allá de la coyuntura. Lo que requiere nuestra democracia es una visión que, sin dejar de lado la natural y legítima lucha por el poder, entienda la inherente tarea de construir para recuperar la confianza y credibilidad de las instituciones, que hoy, golpeadas por la corrupción e ineptitud, son incapaces de hacer frente a las constantes violaciones a los derechos humanos y la muy preocupante desigualdad en México.

La tarea de la democracia está inacabada, justo porque no basta con que exista alternancia, que existan elecciones periódicas y una oposición cuya voz tenga oportunidad de expresarse en todos los niveles del gobierno. Tampoco se concluye con el diseño de instituciones modernas, si éstas no cobran vida más allá del texto. La democracia mexicana requiere de un compromiso que supere los pactos reformistas y retorne su mirada hacia la ética política, cuya ausencia se siente cada vez más en el nulo compromiso por darle sentido a la lucha por el poder, más allá de narrativas sin éxito de proyectos que caen en el lugar común.

Cabe citar a Jesús Silva-Herzog Márquez en su artículo La erosión, de este lunes 30 de octubre en Reforma: Las instituciones del país siguen erosionándose. Una persistente conspiración corroe su legitimidad, se les incapacita para cumplir su labor, se les ensucia, se les olvida. Se tuercen las normas que las cuidan, se cambian las reglas para desnaturalizarlas, se les abandona como si fueran un estorbo. Los últimos años han sido terribles para el régimen de las instituciones. La erosión, por supuesto, no tiene fecha de nacimiento. No hemos vivido nunca bajo un régimen institucional estricto, sólido pero, en tiempos recientes, debe registrarse el golpe que sufrió el instituto electoral como el inicio de una acelerada descomposición, el inicio de una reversión: el origen de nuestra desinstitucionalización.

Así mientras nuestras instituciones son erosionadas por la falta de visión y mínimo compromiso democrático de quiénes juegan en la arena política, la ciudadanía camina rumbo a la desesperación, la decepción e impotencia. La clase política no debería permitir que una tarea que se había avanzado con consistencia e inteligencia común, sea olvidada por la falta de prudencia. Su supervivencia misma está en juego, a nadie conviene un fenómeno antisistema que rompa con los logros, en aras de quimeras y promesas populares pero vacías. No se debe olvidar que la democracia es siempre, una tarea inacabada, requiere de un compromiso constante, permanente y prudente, pues como diría Barack Obama: nuestra democracia se ve en peligro, siempre que la damos por sentado; conglomerados importantes de ciudadanos han entendido esto hoy en México, pero requieren de vías para transitar hacia la participación con garantía de respeto y legalidad, con lo que se está haciendo del Estado, se está limitando y golpeando esta posibilidad.

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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