La potencia de las remesas migrantes

La potencia de las remesas migrantes

La diferencia salarial ente México y Estados Unidos provoca que miles de connacionales se vayan a aquel país a trabajar para, enseguida, mandar dicho excedente salarial a nuestra nación. Las remesas sostienen el consumo de un 20 por ciento de la población zacatecana. Y por consumo nos referimos desde la compra de alimentos y medicinas hasta el pago de colegiatura de los chicos. Y el impacto dinamizador de ese circulante es esencial para la totalidad de la economía estatal y aun, la nacional. Con la migración perdemos uno de los factores esenciales en la construcción de la economía local: las personas jóvenes, fuertes y con actitud emprendedora. El perfil de las personas que migran al norte del continente son individuos con intrepidez, capacidad de manejar riesgos y con sueños de mejora. Justo lo que requerimos para emprender el mejoramiento de la entidad. No es gratuito que los mexicanos en USA tengan la fama de trabajadores y productivos. La pregunta es, ¿por qué en EEUU generan alta productividad y aquí no? Como se trata de los mismos sujetos, es claro que el entorno económico es el que cambia, y estimula de manera diferente a los actores del mismo. Ese entorno se construye con políticas. Claro está que en décadas no se han generado las políticas para crear una estructura económica que haga productivo el trabajo de los mexicanos en su país.

¿Hay forma de convertir las remesas en detonador de crecimiento económico cuando es evidente que se destinan al consumo y no a la inversión productiva? Pues la única manera de lograr eso es convertir el consumo mencionado en una demanda dirigida a potenciar producción local, esto es, una demanda de productos de empresas zacatecanas que recirculen ese dinero en una cadena que genere una espiral de consumo-inversión. Así, las remesas quedarían capturadas en el estado y se convertirían en potencias de crecimiento. De lo contrario, si llegan y el consumo de las mismas se dirige a empresas transnacionales, pues su potencia cae en manos de actores económicos ajenos al territorio estatal. Por tanto, la respuesta a la pregunta arriba planteada es Sí: sí hay forma de convertir a las remesas en detonador de crecimiento económico. Sólo que requerimos una estrategia decidida desde el Estado orientada al mercado local. Y no las recetas inútiles que se han seguido sexenio tras sexenio y obtienen los mismos resultados: nada para los zacatecanos.

La política de migración de los Estados Unidos se orienta a limitar el envío de remesas, ya sea por la vía de intentar gravarlas, como por la acción decidida en contra la propia práctica migratoria; es decir, el impulso de la repatriación. Cuando inició esta crisis esperábamos la reacción de los diferentes niveles de gobierno con acciones para prevenir las consecuencias de dichas políticas antimexicanas. Sin embargo, seguimos esperando: parece que los gobernantes creen que (en realidad) nada va a ocurrir. Y sin embargo el mundo se mueve: todo está ocurriendo.

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