Casi la felicidad

Casi la felicidad
Francisco Goitia. 'Muchacha indígena con chal bordado', de 73 x 64 cm. 1917-1926. Secretaría de Cultura, INBA Museo Francisco Goitia.

La Gualdra 286 / Río de palabras

 

“Sin el alma de tu cuerpo

sin tu latido

sin tu latido”.

Luis Eduardo Aute

 

“Yo no te pido que me firmes

diez papeles grises para amar

sólo te pido que tú quieras

las palomas que suelo mirar”.

Pablo Milanés

 

Para Almendrita.

 

¿Qué nos faltó? Ir al cine. Sí, ir a una sala de cine, sin consultar la cartelera. A ver qué sale. En la dulcería comprar una buena cantidad de palomitas de maíz y dos refrescos de cola. Entrar y sumergirse en la oscuridad. Sentarse y pasarse el brazo para abrazarse, para que los cuerpos empiecen a quererse. A la salida ir a cenar enchiladas o pozole. Sí, enchiladas placeras, con sus papas y zanahorias, Queso desmoronado. El pozole verde o rojo. Da igual. Acompañado con tostadas, pero de las de a de veras, hechas con tortillas fritas. O flautas, rellenas con carne de borrego, bañadas con crema y salsa verde. Y un tarro de tepache bien helado. ¡Dios mío! Y hablar, no hacer convenios, y poner un sinfín de convenios, si no es una transacción comercial. Ni la firma de un contrato colectivo. Y algo muy importante, siempre mirarte a los ojos. Y aceptar lo que venga, qué chingados… Y cantarnos casi al oído, desafinados, canciones que hemos ido pepenando en el camino. Y preguntarnos. Que si esto… que si aquello… La vida está hecha de preguntas y respuestas. De pequeñas cosas. Sin adornos ni florituras. Sin mentiras. Importante esto último. Aunque duela, ni modo. Nos faltó sentarnos en el sofá o recostarnos en la cama y ponernos a ver un programa en la televisión, cualquiera, con la cabeza recostada en el pecho del otro y además oír los latidos rítmicos del corazón, el ruido que hacen las tripas. Y dormir juntos. Sí, simplemente dormir, hacer la meme. Sentir la respiración del otro al lado. Sus calores. Su aroma. Su cercanía. Para que se entremezclen los sueños, para tener alguien que nos defienda en las pesadillas. Esencial ir al cine o al circo o a una corrida de toros, a un concierto, a una tocada. Pero ir juntos, tomados de la mano, abrazados de la cintura, pasarse el brazo por los hombros. No ir cada quien por su lado. Y reírse de la nada. Se vale. E ir al parque al que ibas de niño a jugar, a pasar el mediodía o la tarde, para que puedas escuchar mi risa y mis gritos de niño. Y puedas ver mis manos pegosteadas de dulce, de nieve… Y besarse. Despacito. Sin prisas. Para saber a qué sabe la saliva del otro. Sin rollos. Sin declaración de principios. Nombrarse. Y comer en cualquier esquina nieve de garrafa: de limón (mmmmmm), de mango (¡uffff!), de piña (órale), de leche quemada (¡alabado!) Y mucho respeto. Sobre todo eso. Casi puedo asegurar que es la felicidad. De veras. Casi… aspirar a lo absoluto es soberbia… No faltó todo eso… Sí… Para que no nos asustara el miedo…

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