La revuelta democrática y el imaginario del futuro (parte 3 de 3)

La revuelta democrática y el imaginario del futuro (parte 3 de 3)

En el S. XXI se juegan los “finales de partida” entre dos polos antinómicos, (una “gran bifurcación”), el imaginario del futuro se encuentra –así- escindido en dos caminos: por un lado, el futuro del mito del “progreso”, de la expansión de un dominio sobre el hombre y sobre la naturaleza, que se pretende “racional” e ilimitado, (v.g. horror económico, tecnociencia, cambio climático, etc.). Aunque se intenta ocultarlo, (con un éxito grosero, pero decreciente; no se puede tapar el sol con un dedo) se trata de un futuro de pesadilla, por la irracional autodestructividad desatada por la mundialización efectiva del capitalismo, destino al que nos conduce el imaginario -todavía- dominante; aunque su “bancarrota ideológica” avance con rapidez, de ahí sus peligrosas derivas (¿Tercera guerra mundial?).

En este registro son notorias las actuales derivas autoritarias, tanto las racistas y  xenófobas, de la “guerra contra el terrorismo”, montadas sobre la doctrina estratégica del “choque de civilizaciones”, -cínica farsa y crecientes crímenes contra la humanidad-, diseñada para satisfacer los intereses de las elites -el 1% y quienes los siguen- del planeta, con la que se intoxica mediáticamente a la opinión pública. Como aquellas de los países convertidos en campos de una “guerra contra las drogas”, con las que, parece -más bien- “calibrarse” el capitalismo mafioso, alejándonos –así- de su efectiva erradicación.

Dos estrategias -contra el terrorismo y contra el narcotráfico-, que tienen el mismo denominador común, el de proponer soluciones securitarias, basadas -práctica- y preferencialmente, en mayores recursos policiales, y nuevas estrategias militares, que implican otras formas de violencia. En el contexto actual de una voraz “acumulación por desposesión” (extractivismo) y el agravamiento de sus consecuencias sociales y ecológicas, representan la violencia sin fin… de un futuro atroz: una vida sin un mundo común (acosmismo), mientras continúa -imparable- el calentamiento global.

Mientras en el otro polo antinómico, encontramos el imaginario del futuro vinculado al proyecto de autonomía, movimiento social-histórico orientado por el acceso de todos y todas a la actividad política  –y el despliegue de la creatividad social en las otras esferas –economía, ecología, educación, etc.

Por este lado, desde el proyecto democrático, emancipador y revolucionario, se despliega un imaginario del futuro (“otro”), basado en la creación política, y en la creación democrática, para las que resulta esencial el reconocimiento del Nómos (de la ley, normas, costumbres), lo que exige incorporar las otras prácticas de la autonomía, en las que se enraíza una sociedad democrática. Para, entre todas, actuar también (y no sólo desde la política), incidiendo en la (auto)transformación del ethos de la colectividad (moral, costumbres, etc.), propiciando así nuevas “subjetivaciones colectivas”, realimentando sistemáticamente el interés y la participación de todos en los asuntos comunes.

Es evidente que sin esa “confluencia virtuosa”, sin las prácticas políticas y democráticas, sin los estados mentales y antropológicos favorables a dicha creación, el imaginario del futuro seguirá anémico, parte de un proyecto –irrealizable/utópico-, y no una expresión central del movimiento (político y social-histórico) de auto-institución de una sociedad democrática, efectivamente existente, cuya expansión es una tarea política fundamental y urgente.

  1. Profumi, partiendo del doble movimiento del hacer autónomo, apunta otros anclajes con el imaginario del futuro: por un lado, el reconocimiento de la política como participación de todos, la apertura a la multiplicidad de mundos sociales y al reconocimiento de la otredad (dirección totalmente contraria a la “guerra de religiones” fabricada por ISIS, y por Occidente). Por el otro lado, la participación creativa en diversas prácticas autónomas. Algo contrario del domino hacia los otros o hacia el tiempo; lejos de ello, significa comprender lo que sucede en el mundo y en nosotros, y que es lo que queremos. Abrir -y cuidar- el futuro; no minarlo, destrozándolo.

Los dos polos del imaginario del futuro son un campo de batalla fundamental. Puede nutrir el enraizamiento del proyecto de autonomía, mediante la renovación continua de la memoria histórica, y abriéndose a la posibilidad de auto-transformación, asumiendo nuestra capacidad de hacer posible “aquello que aún no es, pero que necesita de nosotros para ser”, o puede favorecer la heteronomía. Lo primero modifica la temporalidad social, en ambas direcciones, “valorizando la otredad continua de la creación de novedades”, lo segundo es la mortífera repetición de lo mismo.

Roberto Savio, en su artículo titulado “¡Alerta! Lo que necesitamos son estadistas y valores, en cambio lo que tenemos son políticos egoístas y cinismo”, da cuenta de esta batalla sobre el imaginario del futuro, visible en la criminal política europea hacia los [jóvenes] refugiados; brutal negación de la solidaridad de derecho, “delito de estupidez y de cinismo”, mencionando como -también- se trata de “un crimen cometido en contra de los jóvenes europeos, que no están conscientes de su mundo futuro”. Jóvenes refugiados y europeos… “la generación traicionada va adelante ante la indiferencia general”. ■

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