La revuelta democrática y el imaginario del futuro (Parte 1/3)

La  revuelta democrática y el imaginario del futuro (Parte 1/3)

La situación mundial contemporánea -y el actual horizonte histórico-  configuran un complejo panorama, sin  precedentes, debido –especialmente- a la gravedad y magnitud de los riesgos que enfrentamos -desde el punto de vista de la humanidad-.

Si bien es posible encontrar referentes heterogéneos,  estos son siempre relativos a cuestiones particulares. Para mencionar ejemplos: se han registrado –en anteriores períodos-  cambios climáticos y  destrucción de la biodiversidad, aunque por causas no antropocénicas (no provocadas por el hombre).

Lo mismo a nivel político,  los regímenes totalitarios  de la década de los 30 y de los 40, son referentes obligados, para pensar  las peligrosas creaciones políticas de la vieja -y nueva- extrema derecha, que apelan al racismo y la xenofobia, impulsando un nuevo  ascenso de tipos de regímenes similares: Totalitarismos al revés, Estados de excepción permanentes, Estados policiales, etc.

Otro precedente, serían las guerras mundiales, ayudan a comprender la  proliferación de numerosas guerras regionales, convertidas en teatros de operaciones de conflictos geopolíticos, en la disputa por la hegemonía entre las potencias y por el lugar a ocupar dentro de esa jerarquía, brutal imposición de un control neocolonial al conjunto del planeta, donde además del sufrimiento humano producido,  enfrentamos el riesgo -real- de un “error” o locura, que desate la hecatombre nuclear.

Así, se podrían enunciar otra serie de factores, crisis financiera, capitalismo mafioso, carrera armamentista y militarización, problemas alimentarios, energéticos, etc.,  que, globalmente considerados,  nos permiten afirmar, que nunca antes, se había presentado históricamente de modo simultáneo -y masivamente-  un horizonte histórico  en donde el futuro de la humanidad fuera  radical -y aceleradamente-   destruido  con tan “irracional eficacia”.

Para resumirlo -de algún modo- se trata, sin duda, del fruto  cínico –criminal-, del  modo de organización de la sociedad actual, una vez consolidado el triunfo del neoliberalismo, ahora desbocado, a pesar del fracaso económico efectivamente demostrado (una verdad que se pretende ocultar con toneladas de propaganda mediática y de mentiras oficiales permanentes). Bastaría considerar el modo en que ese autismo económico -fundamentalista-, continúa ciegamente con el deterioro social y ecológico, expresados en diversos indicadores, en crecientes  casos,  -ya- irreversible.

Seguimos una hoja de ruta, que los poderes fácticos (desembarazándose del constitucionalismo ligado al Estado de derecho, o al Imperio de la ley, etc.), pretenden imponernos “a piñón fijo”. Y  que incluye la privación de nuestros derechos,  la desposesión -de vidas -y “haciendas”-  de una  parte creciente de la humanidad, al mismo tiempo, que el horror  económico continua con su implacable dominio, por ejemplo, disminuyendo  drásticamente el número de personas –unos cuantos- que  concentran un porcentaje descomunal de la riqueza -y del poder- realmente existentes. O, la otra cara de la misma moneda, convirtiendo a cada vez más amplios sectores sociales en “superfluos”, desde la perspectiva de la economía política del capitalismo extractivista y financiarizado, en personas que cada vez importan menos, convertidos, cada vez más… en simples estadísticas, costos crematísticos, daños colaterales.

Si aceptamos como telón de fondo, el panorama arriba sintetizado, tendremos -ante nosotros- los escenarios -lógicamente previsibles- de nuestro actual horizonte histórico, no se trata solo de proyectar las actuales tendencias, para los próximos 5, 10, 15, 20, 30, 50 años, ni de construir modelos, o hipótesis explicativas,

Sería un error -inmenso- considerar el panorama trazado, como  una  enésima versión- del “ahí viene el lobo”, una especie de nueva edición del discurso apocalíptico -y catastrofista-, sin bases empíricas que lo sustenten. Por el contrario, los “datos duros” son incuestionables, como lo demuestra el fracaso de la campaña negacionista del cambio climático, pero, nos provocan tal desasosiego, que  preferimos refugiarnos en la negación de esa aterradora realidad, antes que aceptar que se trata de la desembocadura obligada de nuestra hubris (desmesura) y de la ilimitada búsqueda de satisfactores para necesidades y deseos cuya única justificación es el onanismo consumista, y la locura generada por las ansias -sin freno- de riqueza,  poder, fama. En otras palabras,  subjetivamente validamos el orden social actual, cuando aceptamos, los “valores” del imaginario dominante.

¿Asumimos su transformación efectiva, sin parches, ni reformas epidérmicas?

Tomas Ibáñez lo señala así…“Se trata de que el modo de vida se convierta en praxis política, y también de ayudar a un cambio en la subjetividad de las personas: la des-subjetivación (de los actuales “valores” dominantes)  resulta esencial para escapar al control del capitalismo”.

La democracia representativa padece graves limitaciones congénitas. Necesitamos superarla, integrando, dentro de un mismo horizonte emancipatorio, el imaginario del futuro (tanto del panorama negativo arriba evocado, como, en positivo, elucidando las alternativas disponibles, o por inventar); emprendiendo su creación mediante una actividad colectiva -reflexionada y lúcida- capaz de tomar  en cuenta el conjunto de la sociedad, basando –nuestras acciones- en la efectiva expansión democrática del poder de todos, instituyéndonos como cuerpo político (efectivamente) ciudadano, abocado al bien común. Volveré al tema. ■

 

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