Sancho Panza y el trago amargo del poder: Parte II

Sancho Panza y el trago amargo del poder: Parte II

 

 

Apesar del agudo sentido común que Sancho Panza poseía, se lleva una profunda decepción con el oficio de gobernar, empezando porque se le obliga a seguir un régimen de dieta difícil para él, ya que estaba acostumbrado a comer a sus anchas. En el capítulo XLVIII, de la segunda parte, Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su gobierno, se narra cómo luego de la sentencias de Sancho, se le llevó a un suntuoso palacio; ahí estaba una gran sala con una mesa real y limpia que mostraba las frutas y mucha diversidad de platos en diversos manjares, apenas se disponía Sancho a probarlos cuando un mozo con una vara se lo impidió.

Al parecer Sancho no encajaba con la complexión idónea de un gobernador, por lo cual había que hacer un cambio radical en su dieta, el cual incluía además el abandono a las bebidas alcohólicas, las comidas demasiado calientes o condimentadas o el exceso de harinas. Sin poder comer bien, Sancho se dispuso a descansar pero justo en ese momento recibió un mensaje que comunicaba como unos enemigos iban a asaltar la ínsula esa misma noche, por lo que Sancho se vio obligado, como nuevo gobernador, a rondar la ínsula sin tiempo de dormir o ver sus intereses del pago por su gubernatura. Al día siguiente, luego de un desayuno muy ligero, era tarea de Sancho volver a juzgar.

En el capítulo LIII, Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza, se narra la séptima noche del gobierno de Sancho quien se encontraba en su cama, no harto de pan ni de vino, como se había imaginado, sino hastiado de juzgar y dar pareceres y de hacer estatutos y pragmáticas, “cuando el sueño, a despecho y a pesar del hambre, le comenzaba a cerrar los párpados, oyó tan gran ruido de campanas y de voces, que no parecía sino que toda la ínsula se hundía”. Era en efecto una invasión a la ínsula, a la cual Sancho Panza tuvo que salir armado en las primeras filas de defensa de su ínsula. Sorprendentemente, estimado lector, Sancho salió victorioso del enfrentamiento pero alegando lo siguiente: “Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte sin presente”. Pidiendo no más que un poco de cebada para Rucio y medio queso y medio pan para él. Abrazáronle todos, y él, estimado lector, llorando abrazó a todos, dejándolos admirados por su determinación de abandonar el poder.

 

*Twitter: @RbkMej

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