La conspiración

La conspiración

En el primer capítulo de una nueva temporada de los “X-files”, Fox Mulder está viendo una entrevista que se le hizo al presidente Obama en el programa “Jimmy Kimmel Live!” que da el tono a lo que será la serie. El conductor pregunta a Obama si, desde su posición de presidente, ha leído archivos sobre los extraterrestres, el área 51, Roswell, y toda la larga parafernalia de la paranoia conspirativa clásica de los años 70, ya que cualquiera en esa posición lo habría hecho. Obama responde, muy divertido, que precisamente por eso el conductor no será presidente, “ellos no lo permitirían”. Para Fox Mulder eso significa que el proyecto de su vida se volvió un chiste. Podemos tratar de echar una mirada a las reformas y reformadores de la UAZ a partir de esta historia.

El proyecto “UAZ sigloXXI”, que emergió como resultado inmediato del foro integral de reforma de 1999-2000, aparentaba ser viable. Hoy día no ha sido completado y hay visos de que no podrá serlo. Así que más que la exigencia de un nuevo proyecto, como muchos universitarios proponen, parece que lo que hace falta es conocer las condiciones que actuaron para que aquel proyecto claudicara. Y una vez conocidas establecer si persisten en la actualidad y el futuro cercano, volviendo cualquier planteamiento de transformación una quimera. Una de las hipótesis que nos gustaría manejar es que esas condiciones siguen actuando y se han fortalecido. Para ejemplificar nuestro punto de vista usaremos un dato que ofreció el secretario administrativo de la UAZ en la mesa de discusión financiera que tuvo con el SPAUAZ. Ahí comentó que el total de los recursos propios que ingresan a la UAZ supera los 100 millones de pesos, y que aunque existen “cajas” mediante las que se reportan esos ingresos la mayoría de los directores no está al día en cuanto a esa información financiera. Por lo que a nivel central se desconoce el detalle de todos esos movimientos financieros. Con éste dato queda claro que en las Unidades académicas existen fuertes intereses monetarios, y es verosímil que sea precisamente en las Unidades más grandes donde los intereses son más fuertes. Así que es también creíble que ante la posibilidad de una reforma que trate de afectar esos intereses existan reacciones anti-reformistas. Y, finalmente, es quizás el caso que los representantes de esos intereses apoyaran al candidato que prometa que los afectara poco o nada. Así que si esos intereses existían y actuaban en el año 2000, y jugaron su juego para que nada cambiara durante los siguientes 16 años, es claro que siguen existiendo y han incrementado su capacidad de maniobra al manejar más recursos. Y en lo hechos son los que logran colocar a un rector que no los afecte. Los muchos que partían de una visión ingenua en 1999 y que creían de buena fe que el proyecto podría ser llevado a cabo pueden contemplar, con algo de azoro, que el proyecto en el que se invirtió tanto tiempo y dinero concluyó en un desastre. Pero, sin embargo, muchos de los que en aquellos momentos estaban ahí están ya listos para volver a proponer nuevos proyectos y, a la vez, pactar con los poderes establecidos que garantizan que nada cambie. No aprendieron nada, y no quieren aprender nada. Volviendo al ejemplo con el que iniciamos la nota, podemos decir que un candidato que aspire a cambiarlo todo es el que menos posibilidades tiene de ganar porque “ellos”, los poderes fácticos establecidos en las unidades académicas, no lo permitirán. Mientras que el candidato que menos pueda y quiera cambiar las cosas es el que mayores posibilidades tiene. Y al ganar lo que hará será consolidar aún más esos “intereses” en las unidades académicas, en contra del interés general de los universitarios, que son los que van a cargar con el peso de todas las reformas. Porque debemos darnos cuenta de una cosa, el discurso que asegura que la UAZ está en el borde del desastre y que es necesario un “hombre providencial” de unidad omite mencionar que las condiciones económicas del 2016 ya son ominosas debido al anunció por parte del Gobierno Federal de recortes al presupuesto, y al anuncio hecho por la rectoría que no tiene para pagar todas las prestaciones. Aún así, lo reiteramos, la situación no es desesperada para quien gane la rectoría, porque aunque quizás pierda la capacidad de robarle a los docentes las cuotas de seguridad social sí podrá, con un sindicato debilitado debido a una dirección errática, explotar aún más intensivamente a su fuerza de trabajo, y comenzar a implantar un conjunto de medidas de censura contra todos los críticos para poder pregonar “logros” tan volátiles como el discurso en el que se enarbolen. Ahora bien, si se quiere una universidad pública todos esos ingresos propios  de la UAZ se deben transparentar, y los directores deben seguir el procedimiento establecido en la Ley Orgánica para imponerlos a sus comunidades. Ese sería un primer paso para generar condiciones que permitan una reforma de más amplio calado. O de otro modo conformarnos a que todos los proyectos para la UAZ se reduzcan a chistes. ■

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