Grupo Zopilote, yo también hablo de su historia

Grupo Zopilote, yo también hablo de su historia

■ Historia y Poder

En estos días se habla con mucho afán del Grupo Zopilote que en sus años mozos hizo y deshizo en las artes escénicas mexicanas todo un estilo que lo encumbró a ser parte integrante de la gran familia teatral latinoamericana.

La revista Proceso destaca de la publicación del libro Zopilote, (1967-1997) y señala ahí la importancia que tuvo en el teatro callejero y el teatro profesional, además de organizar frentes de artistas populares que conjuntamente con la extinta CLETA, (centro libre de experimentación teatral y artística) en un país acosado por las represiones, la impudicia del despilfarro y la voracidad de la censura.

Con un estilo novedoso hizo un teatro de denuncia que poco a poco fue haciéndose necesario en las artes escénicas de calidad y sin complicaciones y fue ahí que los hermanos Fernando e Ignacio Betancourt, conjuntamente con los hermanos Mario Enrique y Alfredo Martínez Rivera, además de un gran elenco juvenil, le dieron rienda suelta al talento, a la dramaturgia militante y novedosa, al apoyo directo a huelgas, tomas de tierra, ocupación de universidades y mítines y actos de verdadero honor de una juventud mexicana que se fue haciendo a la idea de que habría que tomar espacios y no seguir deslumbrando a la alta intelectualidad acostumbrada a ser muy merecida en el elogio barato o la desmesura presupuestal sin hacer casi nada..

Mi experiencia con ellos fue de 1976 a 1980. 5 años muy productivos y llenos de giras, viajes, conciertos, visita a casi todo el país. Alumno de su muy famosa Escuela Popular de Arte, emergí desde temprana edad con la idea de saber de un mundo nuevo en la que había de encontrar muchas respuestas que poco después significaban derroteros para entender a cabalidad el transcurso de la historia mexicana y del mundo.

Fueron muchos los éxitos y también los sinsabores, pero siempre me sentí orgulloso de haberlos conocido en infinidad de eventos que me marcaron para siempre. En Guadalajara meses con comunidades de base de la teología de liberación, en Michoacán con los trabajadores artesanales y de los aserraderos, en Monterrey con los jóvenes artistas ocupando espacios, en San Luis organizando eventos nacionales y latinoamericanos, en Nayarit con los Ingenios azucareros, en Mazatlán con los pescadores  y un gran etcétera lleno de tareas y de magia fecunda en la formación del carácter y la disciplina.

No exenta de peligros, amenazas, sinsabores y carencias, pero siempre creativos. Quizá una de las experiencias más enriquecedoras fue cuando conocimos a Blas Vanegas Arroyo, mexicano residente en Cuba y quien fue junto a su hermano Arsacio, quienes entrenaron a Fidel, Raúl y el Che Guevara en la etapa de preparar el famoso desembarco del Granma desde las playas de Tuxpan ,Veracruz.

Mi novia era sobrina de ellos y siempre me contaba hasta que pude concitar esa cita y que nos dejó con los ojos bien abiertos por tan maravillada experiencia histórica.

Fueron multitudes de personajes que conocimos a través de esa práctica artística, visitamos en muchas ocasiones Zacatecas y otros estados del país siempre dispuestos a abrirnos los brazos por el estilo irreverente y aglutinador. Se ganaron premios nacionales, se hicieron notas y libros de espíritu  creador y siempre altivos y orgullosos. A mí me enseñaron tres cosas, o hacer teatro, o música o escribir. Opté finalmente por las dos últimas.

Pero siempre con gratitud y respeto.

Humildad y decoro.

Loa para ellos, donde quiera se encuentren. ■

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