Campaña Negra, estrategia para mostrar la desconfianza al sistema democrático

Campaña Negra, estrategia para mostrar la desconfianza al sistema democrático

■ La iniciativa fue propuesta por integrantes de La Liga Arte Contemporáneo, señalan

■ El arte es lo más simple y aburrido de la vida y creo que se merece serlo: Morales

Campaña Negra es una estrategia propuesta por La Liga Arte Contemporáneo para hacer pública su desconfianza hacia el sistema democrático actual, “no en el sentido de que se vayan a robar la elección o no”, expuso Abraham Soriano, sino respecto a que “votes por quien votes o gane quien gane, nos parece cuando menos dudoso que esas personas nos representen como sujetos”.

La duda que ha convocado al propio Soriano, Claudia Córdova, Fernando Candber y Citali Córdova, todos artistas en diferentes ramas como la escultura, la intervención en espacios públicos y el arte relacional, está aparejada a una firme convicción: “sólo nosotros podemos representarnos a nosotros mismos como sujetos”, sentenció el también curador de arte, para la emisión de Acentos, el programa de La Jornada Zacatecas TV, dedicado en esta ocasión al tema arte y activismo.

Expuso, muchas de las cosas que pasan en la política son por delegar en otra persona “nuestra representación” y no asumir la responsabilidad como ciudadanos, y afirmó, “cualquier persona tiene incluso la obligación de representarse a sí mismo”.

El programa conducido por Carlos Navarrete, jefe de Información de este medio, se desarrolló en el Parque Enrique Estrada de la capital de Zacatecas, escenario de la segunda actividad de Campaña Negra, el taller Desobediencia: acciones en el espacio público, impartido del 4 al 6 de junio por Taniel Morales, artista invitado y docente en La Fábrica de Artes y Oficios, Faro de Oriente, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

La intención de Campaña Negra también, dijo Abraham Soriano, “es mover un poco la caja de creencias de las personas” a fin de que se plateen qué tan verdadero y aún qué tan vulnerable es el sistema político mexicano, y a partir de ello, repiensen y propongan paralelamente, nuevas formas de organización.

Precisó, La Liga Arte Contemporáneo no quiere derrocar al gobierno sino generar relaciones entre los ciudadanos, formar bloques donde éstos se representen a sí mismos y se conozcan entre sí de tal manera que expuso: “nuestra intención no es hacer afirmaciones, nuestra intención es generar preguntas sobre el sistema político actual”.

El colectivo, cuyos integrantes se conocieron en un programa del Centro de Formación, Producción e Investigación Gráfica de Zacatecas Museograbado, denominado La Conversación, trabaja actualmente el denominado “arte relacional”.

Respecto al concepto Taniel Morales precisó, son una serie de prácticas dentro de la producción artística, inscritas en los últimos 60 años y que coinciden con el punto de quiebre entre la modernidad y la postmodernidad, iniciada justo después de la postguerra.

Entonces se dieron una serie de críticas directas a diferentes conceptos de la cultura, entre ellas al arte. Se observó que en el arte moderno la cuestión central de la actividad artística se centraba en la fabricación de objetos.

El nuevo paradigma del que proviene el arte relacional, propuso más importantes no a los objetos sino a la relación entre los seres humanos para producirlos, expuso. Pero también existen bajo ese enfoque: la plástica y la escultura, sociales, y el situacionismo.

Agregó, el rompimiento con la modernidad a través de restarle valor al objeto para ubicarlo en el sujeto también se dio en los campos de la filosofía, la historia y la antropología, dijo.

“Al parecer la modernidad sí tiene al objeto como centro de su pensamiento y eso es lo que ha ocasionado una cultura centrada en el consumo y no en la producción”, comentó.

Respecto al tema arte y activismo, y concretamente sobre el arte comprometido, preguntó Carlos Navarrete: qué ha pasado con las críticas desde el paradigma que lo ve como menor y efímero, como un arte que no es arte, en tanto que se compromete con actividades políticas “que muchas veces terminarán por hacer agua y naufragar”.

Dijo Taniel Morales, vivimos en medio de un boom respecto a las manifestaciones artísticas. “Me atrevo a decir que 90 por ciento de los artistas están vivos”, en comparación con todos los que han existido en la historia.

Esa es la razón por la que no es posible leer la proliferación de artes desde un mismo paradigma. “Hay muchos artes y todos pueden convivir en el mismo mundo”. Expuso, hay un paradigma que propone al arte en términos de técnicas y medios, “como el trabajo de la forma”.

Desde allí “se observa al arte comprometido como una pérdida de tiempo porque a lo que tiene que dedicarse un artista es a trabajar una técnica y a crear formas bellas o feas pero regidas por el concepto de estética”.

Otro paradigma del arte, expuso, atiende a una sociedad ordenada jerárquicamente donde el poder establece quién es el centro y quién la periferia “a partir de la identificación de la identidad con la forma, y los que producen la forma son los artistas”.

En este tipo de arte, explicó, se inscribe la mayoría de las actividades de quienes trabajan en un esquema comercial, “en galerías, en museos, etcétera”. El tercer paradigma y en el que se insertan Abraham Soriano y él mismo, dijo, entiende al arte como “un motor de transformación”.

En este caso se encuentra mucho mayor sentido en los artistas de la periferia, es decir, “los que no son ni de Europa ni de Estados Unidos”. De ellos considera son quienes tienen “más sentido de hacer”, en tanto que viven una realidad distinta a los del centro.

Aquí ubica al arte contemporáneo, un “arte que trabaja el sentido del mundo” y que “se da sobre todo en los espacios de sometimiento”. Sea México, o cualquier otro país de Latinoamérica, África o Asia.

Para el arte contemporáneo así propuesto también, dijo, “todo mundo es artista” porque se entiende como la gran obra de arte viva a la propia civilización humana con sus 10 mil años de antigüedad. En ella “todos participamos en una serie de intercambios sociales, culturales, y por eso somos artistas”.

El concepto es contrario al que propone el arte moderno donde el artista debe tener talento, pero también al del arte comercial donde para serlo se debe tener un “galerista y tener una inversión financiera”.

Entre los ejemplos que pueden ajustarse al arte relacional, ahora Abraham Soriano expuso las propuestas de un Regente de la capital de Colombia, Bogotá, quien para mejorar la calidad de vida de sus gobernados propuso acciones que “podrían leerse como estrategias del arte contemporáneo”.

El político pintó los barrios de un solo color o de diferentes colores, de manera que afectara anímicamente a la población. Y en él mismo utilizó este tipo de medidas para lograr una incidencia, o bien, uniformó a sus guaruras de “colores rosa”.

La intención era generar un cambio, no en las personas que asisten a una galería o leen revistas de arte sino en aquellas que estaban bajo su mandato.

Taniel Morales aportó por su parte, un ejemplo cercano, la construcción de un temazcal en Faro de Oriente.

Al respecto, dijo, es escabroso tanto para los artistas como para el público lo espectacular en el arte, y en cita a los situacionistas aseveró,  es “el premio que te dan por no participar”.

Por tanto, muchas de las estrategias del arte contemporáneo pasan por hacer piezas que no son espectaculares, como el caso del temazcal citado.

“Tú llegas y en realidad hay un gran hoyo que han venido trabajando durante semanas enteras”, a primera vista, dijo, no parece una obra de arte pero en torno a  su construcción se han generado una serie de vivencias y relaciones humanas.

“Suceden muchas pláticas, la gente se conoce más, hay cambios cualitativos en la forma de vida de los que participan. Entonces no hay una línea divisoria entre quién es público y quién es artista…y tampoco qué es espectacular, qué es arte, qué es vida, sino que todo tiende como a mezclarse”.

El arte también ha sido, dijo Carlos Navarrete, propuesto como un medio revolucionario a lo largo de la historia, “un cambio radical, como algo que puede casi, casi de la noche a la mañana dar un vuelco y trepidar, convulsionar la realidad”.

Taniel Morales aseveró “que estamos asistiendo a una revolución” iniciada hace por lo menos 30 años, pero una de baja intensidad. “Es un cambio que se va dando en lo más profundo de nuestra idea de realidad”, que tiene que ver con el lenguaje, lo simbólico y la representación del mundo, “y ahí es donde trabaja más poderosamente el arte”.

No obstante, dijo, pretender que un solo evento nos va a modificar “es no querer trabajar”.

Al respecto citó al filósofo y sociólogo Slavoj Zizek respecto a que “es mucho más fácil para nuestra civilización imaginar” su colapso porque “cae un meteorito”, se extiende una pandemia o todos se convierten en zombies, “que aceptar que podemos cambiar nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los objetos”.

El futuro apocalíptico refiere la incapacidad para imaginar “por ejemplo, que podemos vivir sin dinero, y yo creo que sí lo podemos hacer, pero es trabajo, y nos tenemos que comprometer a eso”.

En Faro de Oriente expuso, existe una “moneda solidaria” con la que cada vez más gente se inscribe en un sistema económico que no depende del dinero sino que lo utiliza para generar relaciones entre sí, y no al revés, utilizar las relaciones para generar dinero.

La revolución, una que es silenciosa y avanza lentamente, dijo, “ya es imparable”, pero hay que ser pacientes. Parte del cambio propuesto es justo dejar de tener prisa.

En su taller también explicó respecto a estas modificaciones de cómo hacer las cosas, aborda el tema de la “no producción”.

Morales responde así a la frustración “por no hacer”, “la neurosis de hacer y hacer todo el tiempo” y de no desperdiciar el tiempo oponiéndola a la decisión de cada uno, en tanto dueño de su vida, de qué hacer y qué no.

También sobre el tema de la revolución y arte, agregó Abraham Soriano casi para finalizar: éste no solucionará la vida de las personas “que están inmiscuidas, ni de las personas que no lo están o que creen no estarlo”.

El arte dijo, es una herramienta, una actitud, no una medicina. No es “una pastillita que te la tomas y cambió el universo”.

Trajo a colación una frase de Taniel Morales para precisar que a fin de lograr esta revolución silenciosa, “no hay atajo” y que comprometerse con ella implica aceptar que hay mucho trabajo por hacer.

Morales agregó a la discusión por último, la categoría de “artista catártico revolucionario” a la que opuso la del “catártico revolucionario a secas”. Este último aparece cuando “nos tocan algo”, explicó.

En contextos de pérdida, la catarsis obliga a manifestarse. La mayoría de los eventos que intentan cambiar el poder dijo, provienen de un fenómeno así.

Para Taniel Morales el problema de la catarsis es que genera la ilusión de que “ya cambiaste todo el sistema que querías cambiar” y cuando se agota la energía, “se agota la lucha”.

Por esto, propuso más importante lo propuesto por Walter Benjamin respecto al artista: “hacer la catarsis en solitario, íntima y luego trabajar una revolución en un lugar donde no se estuviera comprometido catárticamente”.

La revolución entonces es cambiar la propia rutina, el día a día. “Esos son los espacios que van a transformar al mundo, no las acciones heroicas”.

“Creo que el arte tiene que inscribirse ahí, por eso es importante dejar de pensar al arte como algo que sólo sucede en los museos o que es fantástico o que es un espectáculo. No. El arte es lo más simple y lo más aburrido de la vida y creo que se merece serlo”.

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