Los candidatos no pueden “venderse” como productos, sino como personas: Rodríguez

Los candidatos no pueden “venderse” como productos, sino como personas: Rodríguez

■ Si no hay congruencia entre imagen y contenido, automáticamente no funcionan: especialista

■ El problema viene cuando hay diferencia entre lo propuesto en carteleras y la realidad, dijo

Las modificaciones drásticas de la imagen de los candidatos realizadas mediante la herramienta del Photoshop en un contexto de falta de credibilidad en la clase política como el actual, acrecientan este último problema. “A la hora de conocer la realidad hay una gran decepción en el electorado”, puntualizó el especialista en mercadotecnia y comunicación, Guillermo Rodríguez Villareal.

Precisó respecto al tema, aún dentro del contexto de la mercadotecnia política, los candidatos no pueden “venderse” como productos sino como personas, y siendo así, son factibles de debilidades y fortalezas, de aciertos y desaciertos, de otra manera, “está totalmente equivocada la estrategia”.

Durante una campaña política debe dividirse el trabajo a seguir, en dos partes: el contenido y la imagen, dijo el director general de AG Comunicación Integral.

El uso de herramientas tecnológicas en relación a la imagen visual de los candidatos, agregó, es esencial para crear una empatía con el electorado, pero observó, el problema grave deviene cuando existe una gran diferencia entre lo propuesto en las impresiones promovidas en carteleras, posters u otros soportes, “y la realidad de la persona”.

Concretamente el uso del Photoshop, es válido siempre y cuando los conceptos y el manejo de la imagen sean cercanos a esta realidad, de otra manera la gente no identificará al candidato en el momento en que lo vea en persona.

“Que no sea modificado al 100 por ciento”, si no, el elector pensará: “no es él, es más joven o se quiere hacer más interesante” o bien dijo, es un “chavo-ruco”, como llaman los jóvenes a quienes entrados en la edad madura pretenden exponerse joviales, incluso borrando características de la edad como canas o arrugas.

Por lo que Rodríguez Villarreal advirtió para este caso, “entre más auténticos –los candidatos-, tienen mucho más valor”.

Expuso como abusos del Photoshop la incongruencia que pueda generarse mediante esta herramienta entre la realidad y las imágenes. Esto reiteró, causaría un desconcierto en el electorado y aun decepción.

Algunos diseñadores gráficos, comentó, piensan que esta herramienta es una panacea y la usan de manera desmedida, en el caso de los artistas se utiliza “porque ellos viven de su imagen, pero sabemos que son artistas, ellos actúan, un político no…”.

Aunque añadió, en caso de lo que se ofrezca por parte de estos últimos sea una actuación, “automáticamente ya no eres la persona que esperan”, pero además, “no pueden actuar toda su vida”.

Trasladando el caso al denominado mercado meta, dijo, pasa lo mismo, “cuando usted ve el producto en la televisión o a través de una imagen en una cartelera, a la hora que lo ve físicamente y no hay congruencia con el producto…es como aquel que espera que todas las cervezas que salen de la hielera tengan gotitas, que estén sudando, pues obviamente no”.

Pero siendo personas las que se promueven, que ejecutan acciones, responden de manera distinta y que a veces, por ejemplo, pueden estar cansadas, la imagen debe atender a su circunstancia humana.

La mercadotecnia política es un apoyo, afirmó, “no lo es todo”. A la imagen debe sumarse “el comportamiento, la historia de la persona y todo…”.

Los productos son factibles de crearse para satisfacer una necesidad, pero en el contexto político los actores deben integrarse y acercarse a la sociedad a través de acciones, “que son lo que hace que la gente los valore”.

“Si la persona está hueca, si no tiene un discurso adecuado, si no llega a satisfacer las necesidades del electorado, automáticamente es rechazada, por la mejor imagen que tenga…”.

Acerca de modificaciones dramáticas que tiene que ver con cambiar rasgos faciales, color de piel, de edad, complexión, y que pudieran incluso ser catalogadas como discriminatorias de la tipología mexicana, agregó desde el punto de vista sociológico, “pasa mucho en cualquier cultura. Hay culturas que reniegan de su misma fisonomía”.

“Las culturas que reniegan de su fisonomía buscan parecerse a su aspiracional. En estos casos, crear un candidato aspiracional automáticamente es como la caja, el empaque, porque lo de adentro no es. Por eso tiene que haber congruencia entre la imagen que se tiene y lo que realmente se pretende  comunicar, si no hay congruencia automáticamente no funciona. Obviamente hace que esa persona  no vaya a tener el éxito adecuado, con exageraciones, ellos solitos se hacen hara kiri”, dijo finalmente, comparando las modificaciones drásticas a la imagen de un candidato, con el suicidio que practicaban los antiguos samurái.

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